Irán

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Foto: AGE fotostock

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Kandovan, Irán

Los singulares habitáculos de la región de Osku, al noroeste de Irán, fueron excavados en conos naturales fruto de una gran colada de lava. Las empinadas calles de la población en las que se amontonan las casas de sus habitantes todavía están llenas de vida. De nuevo, el aspecto del lugar es responsabilidad del monte volcánico Sahand, en cuyas faldas está situado Kandovan. A pesar de que las condiciones climáticas son extremas –el frío y el viento son habituales– el enclave es un destino turístico (aún) no masificado. 

Foto: AgeFotostock

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Irán

A pesar de los prejuicios existentes, Irán es un destino seguro para el viajero. La cultura persa, y la situación de relativo aislamiento internacional que sufre, es la causa de que el turista siempre sea bien recibido. Cuando aterricemos en Teherán sólo recibiremos buenas palabras, una amabilidad desmesurada y unas ganas desmedidas de mostrarnos su cultura. Es bastante frecuente que acabes compartiendo algún té con gente desconocida en sus casas. Aprovecharán para contarnos su historia, quitarnos el miedo y regalarnos algún poema. ¡Ay, la poesía! No tienen mejor arma que las letras. Shiraz, donde están enterrados los poetas más ilustres del país, pasear por Persépolis, visitar los templos de fuego dedicados a los antiguos zoroastristas o recorrer las mezquitas harán que acabemos enamorados del país.

Foto: Laura Fernández

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Persépolis, Irán

La capital del Imperio persa de los aqueménidas fue levantada por Darío I el Grande en 512 a.C. para diferenciarse del resto de dinastías del imperio, que hasta entonces tenían su capital en Pasargada. En un primer momento, Persépolis fue simplemente un palacio real, aunque a él se sumaron más tarde otros monumentos levantados por sus sucesores: su hijo Jerjes I y Artajerjes I. Algunos de los más emblemáticos fueron el Hadish, el Tripylon o la Puerta de todas las Naciones, cuyos restos son los mejor conservados del lugar. A pesar de que Persépolis estaba ubicaba en una zona poco protegida y no contaba con demasiadas defensas, la ciudad estuvo en permanente construcción durante más de dos siglos. De hecho, en el momento de su ocupación todavía había edificios inacabados.

La destrucción de Persépolis se produjo justo después de la caída de su imperio, tras haber sido derrotados por el ejército de Alejandro Magno durante el reinado de Darío III. Como venganza a los destrozos realizados por los persas en Atenas, Alejandro saqueó Persépolis y en mayo de año 330 a.C. incendió la ciudad. Muchos de los monumentos quedaron reducidos a cenizas, otros fueron reformados años más tarde. Actualmente, este complejo situado próximo a la ciudad de Shiraz, es una de las visitas imprescindibles en Irán.

Roodiparse

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Naqsh-e Rostam

Es el cementerio de los emperadores de la dinastia aqueménida persa. En esta pared rocosa fueron enterrados Dario I, Jerjes I, Artajerjes I y Darío II. 

Fabienkhan

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Grabados de la tumba de Dario I

Es la única tumba de las cuatro que está identificada. Sus bajorrelieves representan algunas de las antiguas batallas persas. 

Fabienkhan

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El cubo de Zoroastro

La Persia aqueménida era zoroástrica, y su dios era Ahura Mazda. Tanto en sus tumbas como en Persépolis existen grabados donde se hace alusión a esta antigua religión que fue prohibida tras la invasión árabe, cuando se impuso el Islam

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Las cruces persas

La principal característica de Naqsh-e Rostam es que las entradas tienen forma de cruz.