Portugal

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El Atlántico, a cuatro pedaladas

Foto: iStock

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El Atlántico, a cuatro pedaladas

Bajo los dormitorios descansan más de 2.000 botellas de vino y miles de litros en barricas de roble. Cabe decir que el tour a través de las bodegas no está incluido en la reserva aunque su visita es casi de obligado cumplimiento. Sin embargo, si se opta por otra actividad, es recomendable tomar una de las bicicletas que posee el hotel y salir a descubrir la ciudad. La orografía llena de subidas y bajadas, callejones estrechos y cuestas interminables no invita especialmente a recorrerla sobre dos ruedas, por eso una de las rutas más aconsejables es también una de las más alternativas, la que parte desde el paseo hasta la desembocadura del Duero, justo donde el río se encuentra con el océano Atlántico.

Si se escoge la orilla de Oporto, desde el barrio de la Ribeira, se llega hasta el fantástico faro de Felgueiras. Desde allí, a pocos minutos hacia el norte, también se encuentra el pueblo pescador de Matosinhos, el fuerte de San Francisco Javier o la Praia de Leça da Palmeira, lugar donde se encuentra la fotogénica Piscina das Marés, obra del arquitecto oriundo Álvaro Siza.    

En cambio, si se prefiere tomar el paseo de Vila Nova de Gaia, la ribera termina unos metros antes aunque en este caso lo hace en una Reserva Natural. Se trata del Estuario del Duero, un paraje donde observar decenas de aves en su hábitat. De vuelta, el olor a sardinhas grelhadas recorre las calles de Afurada, un pequeño pueblo de pescadores con parrillas en cada esquina donde parar a comer y seguir el viaje en bicicleta hacia el hotel.

Esencia portuguesa con toque español

Foto: Javier Sánchez

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Esencia portuguesa con toque español

A pesar de las guerras napoleónicas y los conflictos de la época, George Sandeman viajó mucho por España y Portugal, y producto de aquellas aventuras por tierras ibéricas es el vino que sigue produciéndose hoy en día. Considerados como dos de las denominaciones de origen más importantes de Europa, el vino de Oporto y de Jerez representan las joyas de la corona respectivamente, aunque la bodega también produce Madeira y Brandy.

Esa unión es visible en el logo. En la azotea, una figura misteriosa y lúgubre observa a los turistas que pasean tranquilos por la ribera. Es el Don, un caballero oscuro ataviado con la capa tradicional de los estudiantes de Oporto y un sombrero de ala jerezano. La obra fue diseñada como una campaña de publicidad por el artista George Massiot-Brown en 1928, debido a la gran aceptación que tuvo, unos años más tarde se consolidó como la imagen de la empresa siendo hoy uno de los personajes más icónicos que habitan en la ciudad.

Y es que como decía Jarabe de Palo en aquella canción:

En lo puro no hay futuro,

La pureza está en la mezcla.

La mejor posta de Oporto

Foto: The House of Sandeman

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La mejor posta de Oporto

Al igual que muchas otras ciudades del mundo, la mejor vista de Oporto se consigue alejándose de ella. Es en la periferia más cercana, en la vecina Vila Nova de Gaia, donde se le muestra al viajero la postal más reconocible de la ciudad portuense, y no existe mejor mirador que a través de alguna de las ventanas de The House of Sandeman.

Cualquiera de las habitaciones que miran al Duero son en esencia un palco exclusivo desde el que admirar la belleza decadente de Oporto. Sin necesidad siquiera de levantarse de la cama, es posible contemplar como los tejados tiñen la ciudad de diferentes tonos anaranjados a medida que transcurre el día. Amontonados, dibujan estratos en el horizonte a medida que se gana en altura. En la parte inferior, el barrio de la Ribeira se abre frente al río, acogedor y alegre. El paseo es un vaivén de turistas que remontan la ciudad a ritmo pausado. Desde allí hasta la cima, miles de azulejos de todos los colores y diseños posibles cubren las fachadas de los edificios. También se dejan ver algunos miradores desde los cuales tomar buenas panorámicas como el Mirador da Vitoria; y monumentos como el Palacio de la Bolsa, la Catedral de Oporto o los jardines del Palacio de Cristal. Ya en la cúspide, la Torre de los Clérigos sobresale por encima del resto, traza una línea prácticamente recta hasta el hotel y desde allí, otea el horizonte con la misma solemnidad que un faro.  

Modernidad reminiscente

Foto: Javier Sánchez

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Modernidad reminiscente

Las habitaciones privadas se encuentran en el piso superior, y al igual que las demás, las referencias a la bodega y la ciudad son innegables. Decoradas en blanco, negro y amarillo (colores insignia de la casa) cada dormitorio alberga varias piezas de museo vintage: la selección de vinilos que aguarda junto a un tocadiscos bajo el alfeizar de la ventana, los azulejos que visten el suelo del baño o los pósteres publicitarios de Sandeman -estilo francés- que decoran el cabezal.  

Sueños macerados

Foto: The House of Sandeman

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Sueños macerados

Como ciudad universitaria que es, el hotel no quiso olvidarse de los viajeros más jóvenes, por eso parte de The House of Sandeman ejerce como hostal. Restaurado con gusto por lo sencillo y lo moderno, a esta ala del edificio no le faltan detalles. La pérgola del hall donde comienza a enredarse una pequeña parra o la figura del caballero de Sandeman al fondo del pasillo dan buena cuenta de ello, aunque lo más llamativo son los dormitorios comunes. Con espacio para siete personas, las camas tienen forma de barrica, de hecho, la sensación de estar durmiendo en una de ellas es tan real que por la ventana se filtra el olor de la uva prensada y macerada en ellas, pues todas las habitaciones compartidas dan a parar a la retaguardia de Gaia. Allí se concentra el verdadero corazón del vino de Oporto: las bodegas y almacenes de todas las casas vitivinícolas.

Una historia de pioneros

Foto: Sandeman

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Una historia de pioneros

Antes de decidir emprender esta nueva aventura empresarial, Sandeman ya había escrito varias páginas de su particular historia a base de decisiones arriesgadas que, después de todo, resultaron adelantadas a su propia época. De este modo, a base de sagacidad y visión de futuro se convirtieron en una referencia para las demás bodegas de la ribera.

La primera de ellas se remonta a principios del siglo XIX. Para aquel entonces, los vinos se comercializaban en barriles y no en botellas como ahora. Eran muy pocos los que conocían quien eran los productores y lo que se escondía detrás de esas copas de vino que se llevaban a la garganta hasta que en 1805, George Sandeman comenzó a sellar a fuego las tapas de las barricas bajo las siglas 'GSC', convirtiéndose en la primera bodega en firmar sus barriles. Pronto, el apellido Sandeman estaba en boca de todos, tanto que comenzaron a comercializarse de manera paralela copias de sus vinos. Para proteger la calidad y el prestigio de la casa, en 1877 se registró la marca 'GSC George Sandeman & Co.', lo que les ha llevado a ser considerada una de las marcas registradas más antiguas del mundo. Más tarde, se convertirían también en una de las primeras bodegas en exportar el vino etiquetado y embotellado. La creación del hotel en 2018 fue el último movimiento de una larga lista, aunque de bien seguro no será el último.

El priemr hotel-bodega de Oporto

Foto: Javier Sánchez

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El primer hotel-bodega de Oporto

Más de doscientos años han pasado desde que George Sandeman se hiciera con la propiedad de este hermoso edificio porticado en 1811. Desde entonces, la forma de entender, producir, transportar y vender el vino ha cambiado mucho, pero lo que nadie podría haber adivinado jamás es que además de seguir siendo uno de los estandartes mundiales del vino de Oporto tras más de dos siglos de historia, es que con el tiempo se convertirían también en una referencia turística a este lado de la ribera, elevando la experiencia del vino al máximo nivel: el de vivirlo las veinticuatro horas del día.

SEGUNDA. Un viaje interactivo a la Edad Media

Foto: Rota do Românico

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Un viaje interactivo a la Edad Media

El Centro de Interpretación del Románico es el escenario ideal para iniciar la Ruta del Románico. Seis salas temáticas ofrecen al visitante una muestra de aquello que verá durante la ruta: Simbolismo y color, Territorio y Formación de Portugal, Sociedad medieval, El románico, Los constructores, y Monumentos a través de las edades. El arte y la simbología que marcaron Portugal y el resto de Europa durante los siglos de la Edad Media se pueden comprender a través de las múltiples experiencias sensoriales que brindan sus contenidos museográficos.

fb tercera. Una inmersión que transporta al románico

Foto: Rota do Românico

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Una inmersión que transporta al románico

En la sala de los constructores podremos observar la reconstrucción del astillero de una iglesia medieval, complementado por la sala del románico, donde una gran mesa interactiva hará las veces de historiadora con un viaje multimedia a través de las fechas clave del románico, rodeada de elementos escultóricos recogidos en algunos monumentos de la ruta. En la sala dedicada a estos últimos se pueden observar imágenes antiguas, ademas de diversas herramientas y materiales de obra. Al entrar a la sala de territorio y formación de Portugal, el visitante podrá conocer la historia de los doce municipios de la ruta a través de una cronología y una maqueta interactiva del territorio.

iStock-621237940. Disfrutar del arte más allá de los monumentos

Foto: iStock

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Disfrutar del arte más allá de los monumentos

Adentrarse en el estilo arquitectónico de la Edad Media no es solo visitar monumentos. Algunas de las experiencias que pueden nutrir el viaje por esta región incluyen visitas guiadas, rutas en bicicleta por Amarante, cruceros por el Duero o incluso clases de iniciación al arte ecuestre. Un paseo por la centenaria línea ferroviaria del Duero o una sesión termal en Resende pueden acabar en un paseo por las minas de Paredes o el muelle de Cinfães. Parques, puentes, museos e islas son sólo parte de una gran oferta de ocio y cultura que espera a todo aquel que quiera adentrarse en el románico del país vecino.

Mosteiro de Pombeiro Felgueiras.original. Una ruta de doce pueblos por el románico tardío

Foto: Rota do Românico

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Una ruta de doce pueblos por el románico tardío

Aunque la arquitectura románica se desarrolló en la Europa medieval entre finales del siglo X y el XI, otras zonas, como la Península Ibérica, alargó su cronología hasta el siglo XV. Lo más recomendable para recorrer la Ruta del Románico del norte de Portugal es comenzar por el Valle de Sousa y sus pueblos: iglesias, monasterios, torres y puentes esperan al visitante en Felgueiras, Paços de Ferreira, Paredes y Peñafiel. De aquí se puede dar el salto al Valle del Duero, donde otros catorce monumentos se reparten entre Castelo de Paiva, Cinfães, Resende, Baião y Marco de Canaveses. Para finalizar, la parte más larga de la ruta conduce por el Valle de Tâmega y recorre algunos puntos del segundo tramo, además de adentrarse en los pueblos de Amarante y Celorico de Basto.

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Foto: Spaceworkers / Sergio Pirrone

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Un edificio contemporáneo para conocer el románico

Abierto al público en 2018, el centro se encuentra en Lousada, a media hora de Oporto, llama la atención por su aspecto, obra de los arquitectos de Spaceworkers. Mientras el exterior es un reflejo de la arquitectura contemporánea, su interior guarda los mejores secretos del románico de la región portuguesa. Sus 650 metros cuadrados toman la simbología del arte románico, como las torres que conforman cada una de las seis salas y la recepción, o la imitación de la orientación que siguen las iglesias

Piscina Ohai NazarÇ formada por 5 contenedores marinos reciclados

Foto: Ohai Nazaré

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Un resort que apuesta por el reciclaje

El outdoor, que abrió sus puertas el pasado verano con el sello de calidad Clean & Safe, ha querido celebrar su primer aniversario con una joya que aúna ocio y respeto por el medio ambiente. Esta nueva piscina se suma a la gran oferta acuática del recinto, donde se encuentra también un pequeño parque acuático, una piscina calefactada y un spa, además de otras zonas comunes donde comer, hacer deporte y apuntarse a una gran oferta de actividades. Las ocho hectáreas que ocupa Ohai Nazaré son famosas por tener la mayor oferta de glamping del país, ademas de bungalows construidos con estructuras no permanentes de materiales reciclados.

Piscina Ohai NazarÇ en Portugal, de 6 metros de altura y 180 m2. Compromiso con el medio ambiente

Foto: Ohai Nazaré

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Compromiso con el medio ambiente

Para el diseño y fabricación de la piscina se han seguido protocolos de calidad y sostenibilidad que comprendían el uso de pintura ecológica, iluminación led de bajo consumo, tarimas provenientes de reciclaje de plásticos de los océanos y vidrios de baja emisión. Todas estas medidas, pensadas para reducir el impacto de la construcción en la naturaleza, demuestra el compromiso por el medio ambiente del resort portugués.

La piscina de Ohai NazarÇ cuenta con distintas paredes acristaladas para disfrutar del entorno. Conexión marina en sus materiales

Foto: Ohai Nazaré

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Conexión marina en sus materiales

La particularidad de la piscina inaugurada el pasado 15 de junio no es sólo que se alza como la más grande y alta de toda Europa, sino que, además, está hecha con contenedores marinos, lo que la convierte en 100% ecológica. Con seis metros de altura y 180 metros cuadrados de superficie, está formada por cinco de estos enormes receptáculos, que forman piscinas de diferentes alturas. Cada uno mide 5 x 12 y 2,4 x 12 metros, y tiene aperturas acristaladas en los laterales para que el bañista pueda disfrutar del entorno sumergido en sus aguas.

Lisboa

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Lisboa

La capital portuguesa ha visto como su nombre cambiaba desde el primer asentamiento en el lugar. Cuando se fundó, en 1200 a.C, los fenicios la denominaron Allis Ubbo, que significa puerto seguro. Con el tiempo el nombre fue variando: cartagineses y griegos la llamaron Olisipo. Hay quien dice que esta palabra proviene del griego Ulises, ya que el mito dice que la ciudad fue fundada por él al volver de Troya. Tras los helenos, los romanos la bautizaron como Felicitas Julia Olisipo, y después los visigodos la llamaron Olisibona. Al entrar los musulmanes cambió su nombre a Al Usbuna, pronunciado como 'lisabona', que derivó más tarde en la palabra Lisboa. 

iStock-1001468828. Viana do Castelo: Historia y salitre

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Viana do Castelo: Historia y salitre

Debe ser cosa del capricho turístico, pero Viana do Castelo a pesar de estar a menos de una hora de Oporto, es el tesoro más desconocido de Portugal. La cantidad de conventos, iglesias, palacios y plazas es como para tirarse todo el día caminando. Las vistas están en el Santuario de Santa Luzia, sobre la colina. Se llega usando un divertido elevador de más de cien años que anda como el primer día. Además de su centro histórico, Viana do Castelo tiene el encanto de las ciudades junto al mar que son cruzadas por un río. Precisamente, sobre el río Limia hay una joya de visita imprescindible: el puente metálico de Eiffel.

Tomar

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Tomar: en busca del Santo Grial

Desde el centro histórico de Tomar se divisa en lo alto de la colina el fabuloso castillo. Su silueta ya es una promesa de ensoñaciones y leyendas de templarios. Antes, vale la pena pasar por el Café Paraíso para cargar energía con unas quijadas de almendra en su interior muy a lo Bauhaus. La ciudadela es Patrimonio de la Humanidad y no se va a mover del lugar; lleva allí desde 1160. No hay lugar a dudas, porque así lo detalla una inscripción hallada en la torre del homenaje. Fue el famoso templario Gualdim Pais quien ordenó construirlo para frenar a los árabes. Con el tiempo, esta deliciosa ciudad se convirtió en el principal enclave de la orden del temple en Portugal. 

Coimbra

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Coimbra: la melancolía de un fado

La vista de Coimbra desde la ribera del Mondego es de postal: sus casas ascienden el cerro apiñadas y en lo más alto, destaca la silueta de la antigua universidad. Hasta tal punto es importante la institución académica en la ciudad que el paso del tiempo lo marcan las campanas de su torre. Hay un fado que suena hermoso en Amalia Rodrigues que recuerda que ésta, además de una de las más bellas, es la ciudad más romántica de Portugal: “Coímbra, donde una vez, entre lágrimas, tuvo lugar la historia de aquella bella Inés”. El mejor lugar para saber de esta trágica historia de amor es la Quinta das Lágrima, donde Don Pedro e Inés tenían sus encuentros a escondidas. Hoy es un hotel de lujo ubicado en la ribera izquierda del Mondego, allí donde comienza toda visita a Coimbra. 

Guimarães

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Guimarães: el certificado de nacimiento de Portugal

Tal vez siguiendo la ruta de los vinos verdes -ese vino único en el mundo de la región del Minho- se llegue a Guimarães, el lugar donde todas las crónicas señalan que Portugal nació, allá por un lejano siglo XII. Un letrero en una de las torres de la muralla se encarga de recordárselo al turista más despistado: ‘Aquí nasceu Portugal’. Como no podía ser de otro modo, la ciudad natal de Afonso Henriques, el primer rey de Portugal, concentra una deslumbrante cantidad de palacios y conventos, que llevaron a la UNESCO a reconocerla como lugar Patrimonio de la Humanidad. Además del casco antiguo, el castillo fortaleza del siglo XI, la iglesia de Nuestra Señora de la Consolación y Santos Pasos, y el vino,  la repostería -imposible decirle que no a una de las tortas de Guimarães- es otro de los encantos del lugar.

Costa Nova-Aveiro

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Costa Nova y sus 'palheiros'

Fina arena, dunas salvajes que se mecen entre la calmada ría y el indómito Atlántico, y ni rastro de ladrillo. Solo una paleta de optimistas y alegres colores. Quizás, fuera de territorio portugués, el nombre de Costa Nova no sea de los más conocidos, pero Instagram ha encumbrado esta playa de la zona norte de Portugal hacia lo más alto en cuanto a fotografías de coloridas y marítimas fachadas se refiere. La pequeña urbanización de playa se diferencia de los pueblos colindantes debido a sus palheiros, las famosas casas a rayas donde el blanco se combina con el azul, el rojo, el amarillo o el verde, haciendo de sus fachadas un arcoíris marinero de innegable atractivo.  Los palheiros surgieron como almacenes para los pescadores locales que faenaban en la zona cuando Costa Nova aún no había sido edificada. Con la llegada del turismo, estos fueron reformados y pasaron a convertirse en residencias turísticas y en un imán para aquellos que buscan la foto más colorida y veraniega del día. 

Praia Monte Clerigo

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Playa Monte Clérigo: naturaleza 100% accesible

Ya la entrada a la aldea es una promesa del paraíso playero al que se llega. Salvo cuando sopla el viento, capaz de tapar la carretera con la arena fina de la playa, pero como no hay mal que por bien no venga, a los surfistas les encanta siempre. A ellos se añade alguna que otra caravana y mucha gente que viene a hacer apología del ocio entre dunas y mar. Además, está integrada en la red de playas accesibles, por lo que ofrece toda clase de equipamientos. Hay que alargar la estancia mínimo hasta el atardecer, verlo por ejemplo desde la terracita del O Zé será un momento mágico.

 
 Praia da Falesia

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Playa de Falesia: el acantilado multicolor

Una estrecha lengua de mar abierta al atlántico, entre un mar turquesa y un largo acantilado con matices que van desde el gris al rojo, así es esta playa a sólo diez kilómetros de Albufeira. La gama cromática queda rota en temporada alta, cuando las toallas y los paraguas traen el resto de colores. Y es que la arena fina y la suave entrada al mar hacen de esta otra de las opciones familiares para pasar un día playero en el Algarve. Para los bañistas más gastro, sobre estos acantilados están algunos de los hoteles y restaurantes más interesantes de la zona, como el Pine Cliffs Resort y su restaurante Maré o el Alquimia, en punta y punta de la playa, pero dos imprescindibles de la gastronomía portugesa contemporánea.

 
playa de Albandeira

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playa de Albandeira: fotogenia lejos de las masas

Esta playa es un bello bocado pegado al típico acantilado ‘made in Algarve’. En realidad, son dos calas pequeñas comunicadas por una grieta en las rocas. En cualquier otro lugar, el arco en el que acaba el acantilado que abraza el arenal sería motivo para que los bañistas se plantaran en fila india, pero no ocurre así, porque, en parte, la poca superficie de arena, la estrecha carretera y la falta de servicios alejan el turismo de masa. Para ver el arco hay que llegar con marea baja, que es cuando el túnel que comunica las dos playas se hace transitable.

Pria do Castelo en Algarve

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Playa de Castelo: la perfección playera

Hay que pensar en los acantilados del Algarve como en una cortina que crea intimidad playera; por ejemplo, en esta playa en la que gracias a ellos, no se ven los desarrollos urbanísticos de alrededor. Son las paredes rocosas las que concentran las miradas. Sobre todo, la formación del extremo de la playa, con la forma de almena de un gran castillo marino y que, claro, da nombre al arenal. La erosión ha abierto pequeñas calas en el promontorio que funcionan al modo de playas privadas para los bañistas más madrugadores.

Praia da Marinha 2

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Playa de Marinha: con una M de ‘muy bonita’

Alargada y limitada por un acantilado que se levanta vertical a pocos metros de la orilla, la playa tiene aspecto de paisaje en el que no importaría esperar a la llegada del fin de mundo. Eso sí, hay que aprovechar la marea baja, porque si no casi que no queda espacio para estirar la toalla. Se puede caminar hacia la derecha por los acantilados, o bien aventurarse por la orilla, hasta alcanzar el arco natural con forma de ‘m’. De hecho, las rocas de la orilla parece un museo de esculturas naturales.

Praia Camilo

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Playa Camilo: Escalera hacia el cielo playero

Hacen falta doscientos escalones para llegar a la cala perfecta: un anfiteatro natural, rocoso y de colores ocres, con una arena suave y dorada que contrasta con la gama de turquesas del mar. Lo mejor es que cuando la playa se queda pequeña en temporada de verano, se puede pasar a la playa de al lado, separada por una formación rocosa que con la marea baja deja un paso a través de la orilla. Desde la explanada que sirve de parking, se ve todo el litoral entre Lagos y Albufeira.

Praia da Arrifana

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Playa de Arrifana: días de surf y percebes

En esta parte del Algarve, el litoral cambia de aspecto y dominan las bahías abiertas al Atlántico, los acantilados son más oscuros y menos altos, como en esta playa, que cumple con las mejores condiciones para los aficionados al surf. La playa de Arrifana sorprende por su arena de color beige que se mezcla con cantos rodados a los pies del acantilado. Junto a uno de los extremos, está el puerto pesquero de Arrifana, y es que, atención, porque aquí se come muy buen pescado, y marisco. Son famosos los percebes de la zona. 

 
POOL 81G. São Lourenço do Barrocal: cuando el presente se integra en el pasado

Foto: São Lourenço do Barrocal

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São Lourenço do Barrocal: cuando el presente se integra en el pasado

En la región del Alentejo, muy cerca del histórico pueblo de Monsaraz, se encuentra el São Lourenço do Barrocal, más que un hotel, toda una historia (y mucho diseño). El conjunto de edificios fue habitado en algún momento por familias que trabajaban los campos hasta que quedó abandonado. José Antonio Uva, descendiente de una de esas familias decidió recuperar el espacio. Vivió un tiempo en el único edificio techado que quedabahasta que halló el genius loci del lugar. Del proceso arquitectónico no se pudo encargar nadie mejor que Eduardo Souto de Moura,  Premio Pritzker 2011. En la zona sur, la finca se abre hacia la naturaleza y a un huerto. Ahí está la piscina sobre un afloramiento de granito (o barrocal). Su construcción cuida al máximo los detalles de diseño para marcar el vínculo con la historia de la finca.

 
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Foto: Dá Licença

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Dá Licença: la calma del Alentejo

Vitor Borges y Franck Laigneau cumplieron el sueño de muchos: dejaron sus trabajos y se dedicaron a diseñar y construir un lugar perfecto en el mundo; en concreto, en Outeiro das Freiras. Además de un cuidado interiorismo, el Hotel Dá Licença ofrece una panorámica de 360º hacia el bosque Serra d’Ossa y los olivos centenarios que rodean la antigua finca donde antaño se producía aceite. La piscina principal de la finca es un sorprendente plato circular de quince metros de diámetro que parece levitar en el espacio rural del más puro Alentejo. Ahora el sueño está a mano de todos sus huéspedes.

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Foto: Douro41

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Douro41 Hotel & Spa: o como meter el Duero en una piscina

A media hora en coche de Oporto, siguiendo la sinuosa Ruta Nacional 222, se llega al Douro41, el retiro minimalista que se ha integrado a la perfección en el paisaje de viñedos ondulados del valle del río Duero, declarado Patrimonio de la Humanidad. El diseño de João Pedro Serôdio es una adaptación arquitectónica de las terrazas donde se cuidan las viñas que han dado fama a la región. Se trata de 52 habitaciones y 10 suites con una estética cuidada al máximo por la diseñadora de interiores Cristina Jorge de Carvalho. Cada rincón ofrece un diálogo con el entorno, pero ninguno como la terraza con su piscina infinita que parece romper las barreras hasta el punto de que si no fuera por la diferencia de colores, resultaría difícil saber dónde empieza el río y dónde acaba la piscina. 

Foto: iStock / Miguel Claro

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Del Alentejo al cielo

El Observatorio Dark Sky Alqueva se localiza en el municipio de Cumeada del Alentejo (Portugal), muy cerca del embalse de Alqueva, el más grande de Europa occidental. Las excelentes condiciones atmosféricas y el aislamiento de la zona en la que se emplaza hacen posible que los visitantes disfruten a cielo raso del firmamento. Telescopios y prismáticos están disponibles como parte de las salidas que se organizan, y que pueden incluir cursos de orientación para distinguir astros y constelaciones y talleres prácticos de astrofotografía para principiantes. También hay paseos, nocturnos, por espacios singulares como los misteriosos monumentos megalíticos del crómlech de Xerez, en el entorno del Convento de Orada, o los menhires que forman parte del patrimonio prehistórico de la región.

Foto: iStock

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El castillo portugués de Guimarães

El castillo original del siglo X fue fundado por la condesa Mumadona Dias para proteger a la población de las invasiones normandas y las incursiones de los musulmanes. Tras haber sufrido numerosas reconstrucciones, su aspecto actual se debe a la última gran intervención que tuvo lugar en 1940. El castillo tiene una torre homenaje de planta cuadrangular en el interior de sus murallas que está flanqueada por cuatro torres.

Foto: iStock

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Madeira sin Ronaldo

Ya aterrizar en su capital es todo un espectáculo. Madeira parece un edén flotante en medio del Atlántico. Su clima bondadoso, la vegetación, la cantidad de senderos -conocidos como levadas-, sus aldeas de pescadores y los miradores repartidos a lo largo y ancho la han encumbrado a mejor isla del mundo como destino turístico por siete años consecutivos.

Foto: iStock

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Óbidos

El que es, probablemente, el pueblo con más encanto de Portugal ha dejado de ser una mera foto bonita a ser un lugar muy animado. De hecho, aunque su principal reclamo sean las murallas y las callejuelas medievales, hoy en día ofrece otros argumentos culturales como el Vía Crucis que organiza en Semana Santa. Eso sí, para los que no quieran saber nada de esta celebración siempre les quedará pasear por sus baluartes, disfrutar de sus terrazas y redescubrir la magia de su castillo. 

Foto: Getty images | Westend61

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Playa de Benagil (Portugal)

Esta es la playa a la que todos sueñan con ir. No tanto por el arenal en sí, sino por una de las cuevas formadas en los espectaculares acantilados que lo rodean. Sin ellos, sería una playa normal. Estos acantilados de Benagil, en la costa del Algarve, guardan un tesoro en forma de una gruta circular a la que solo se llega a nado, remando en kayak o con alguna de las excursiones organizadas. Se trata del Algar de Benagil, una breve playa cubierta por una cúpula natural que sería el escenario ideal para un remake de Los Goonies

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Lisboa, tan cerca y tan lejos

Lisboa es una de esas capitales que siempre dejamos para más tarde. Está tan cerca que parece que nos da pereza conocerla. Eso sí, cuando lo hacemos, nos enamoramos al instante. El fado del barrio de Alfama, la Torre de Belem, sus siete colinas, sus tranvías o sus cuestas adoquinadas son algunos de los atractivos que convierten a la ciudad de la desembocadura del Tajo en única. Y si se tiene tiempo, es imprescindible una vista a Sintra, lugar de veraneo de reyes, repleta de palacios y de construcción de color pastel que nunca dejan de asombrar.

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Ponta da Piedade

En la costa de la ciudad de Lagos, Ponta de Piedade es uno de los lugares más turísticos de la región portuguesa del Algarve gracia a la inmensa belleza de sus pináculos rocosos. 

Foto: Región Turismo de Algarve

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Cataplana

La cataplana es un guiso de pescado o marisco preparado en un recipiente de cobre de origen árabe al vapor que puede llevar o no guarnición

Foto: Región Turismo de Algarve

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Pescado a la brasa

Los pescados a la brasa es uno de los platos que no pueden faltar si se quiere probar la inmensidad de la gastronomía de la región del Algarve. 

Foto: Región Turismo de Algarve

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Embutidos

No tanto de las zonas costeras, los embutidos forman parte de la gastronomía del interior del Algarve, de sus sierras. 

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Playa de Benagil

En la playa de Benegil la erosión ha modelado un paraje excepcional.

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Faro

A poca distancia de su amurallado casco antiguo, la capital del Algarve disfruta de playas recogidas al pie de acantilados con formas fantasiosas.

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Tavira

La Torre del Reloj se alza en la colina del castillo, desde la que se contempla este pueblo de raíces árabes y el valle del río Gilao.

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Ferragudo

Situado en el estuario del río Arade, el pueblo mantiene la esencia de las antiguas aldeas marineras.

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Cabo de Sao Vicente

Las sugestivas vistas que ofrece este cabo situado en el extremo sudoeste de la Península han inspirado relatos épicos y leyendas.

Foto: Visit Alentejo

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Termas Romanas de Évora

En el vestíbulo de la Câmara Municipal de Évora, las Termas Romanas de Évora fueron descubiertas en 1987 gracias a las obras del propio ayuntamiento de la ciudad. Actualmente, se conserva una sala caliente para baños de vapor y una piscina circular de 9 metros de diámetro, por lo que se cree que fueron el mayor espacio público de la Évora romana.

Foto: AgeFotostock

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Cabo Sines, Alentejo (Portugal)

A pie, en bicicleta, a caballo, bordeando marismas y salvando caprichosas formaciones de roca, se disfruta de esta costa atlántica a la que el fuerte viento atrae a surfistas y amantes de las playas solitarias. Aunque toda esta costa del sur de Portugal está sembrada de pequeñas calas de arena fina arropadas por las rocas, las de playa Grande y playa de la Isla de Pessegueiro son las más espectaculares por sus aguas transparentes y los grandes acantilados que las rodean.

Foto: AgeFotostock

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Cabalgando sin tabla de surf

Según cuenta la leyenda, en 1182, el noble D. Fuas Roupinho, que se encontraba en la zona de cacería, se salvó de caer por los acantilados ocultos por la niebla gracias a la acción de la Virgen, que detuvo su caballo de golpe. En agradecimiento, el noble hizo construir la pequeña Ermita de la Memoria, dando origen a Nazaré. La capilla y la iglesia fueron un centro de peregrinaje mariano muy importante hasta que en 1917 se levantó la Capilla de las Apariciones, en Fátima, a poco más de 50 km. Así, es en el conjunto monumental formado por la pequeña Ermita de la Memoria y la Iglesia de Nossa Senhora da Nazaré donde se encuentra el origen de la villa. En el interior de la iglesia llama la atención los bellos azulejos del siglo XVIII que cubren la nave. Las pinturas de la sacristía describen la leyenda de cómo D. Fuas Roupinho salvó la vida por intervención mariana.

 

Foto: AgeFotostock

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Los jureles al sol

La estética surfera manda, pero las antiguas tradiciones como el secado de pescado siguen vivas. Los jureles, sardinas y pulpos al sol son una de las imágenes más pintorescas de Nazaré: una tradición que se ha convertido en museo vivo. A lo largo del paseo, se puede ver a las mujeres, con el tradicional vestido de siete faldas, cuidando del proceso de secado del pescado como si el tiempo se hubiera detenido en otra época. Para más detalles, hay que pasarse por el Museo do Peixe Seco.