Portugal

1 / 159
iStock-1001468828. Viana do Castelo: Historia y salitre

Foto: iStock

1 / 159

Viana do Castelo: Historia y salitre

Debe ser cosa del capricho turístico, pero Viana do Castelo a pesar de estar a menos de una hora de Oporto, es el tesoro más desconocido de Portugal. La cantidad de conventos, iglesias, palacios y plazas es como para tirarse todo el día caminando. Las vistas están en el Santuario de Santa Luzia, sobre la colina. Se llega usando un divertido elevador de más de cien años que anda como el primer día. Además de su centro histórico, Viana do Castelo tiene el encanto de las ciudades junto al mar que son cruzadas por un río. Precisamente, sobre el río Limia hay una joya de visita imprescindible: el puente metálico de Eiffel.

Tomar

Foto: iStock

2 / 159

Tomar: en busca del Santo Grial

Desde el centro histórico de Tomar se divisa en lo alto de la colina el fabuloso castillo. Su silueta ya es una promesa de ensoñaciones y leyendas de templarios. Antes, vale la pena pasar por el Café Paraíso para cargar energía con unas quijadas de almendra en su interior muy a lo Bauhaus. La ciudadela es Patrimonio de la Humanidad y no se va a mover del lugar; lleva allí desde 1160. No hay lugar a dudas, porque así lo detalla una inscripción hallada en la torre del homenaje. Fue el famoso templario Gualdim Pais quien ordenó construirlo para frenar a los árabes. Con el tiempo, esta deliciosa ciudad se convirtió en el principal enclave de la orden del temple en Portugal. 

Coimbra

Foto: iStock

3 / 159

Coimbra: la melancolía de un fado

La vista de Coimbra desde la ribera del Mondego es de postal: sus casas ascienden el cerro apiñadas y en lo más alto, destaca la silueta de la antigua universidad. Hasta tal punto es importante la institución académica en la ciudad que el paso del tiempo lo marcan las campanas de su torre. Hay un fado que suena hermoso en Amalia Rodrigues que recuerda que ésta, además de una de las más bellas, es la ciudad más romántica de Portugal: “Coímbra, donde una vez, entre lágrimas, tuvo lugar la historia de aquella bella Inés”. El mejor lugar para saber de esta trágica historia de amor es la Quinta das Lágrima, donde Don Pedro e Inés tenían sus encuentros a escondidas. Hoy es un hotel de lujo ubicado en la ribera izquierda del Mondego, allí donde comienza toda visita a Coimbra. 

Guimarães

Foto: iStock

4 / 159

Guimarães: el certificado de nacimiento de Portugal

Tal vez siguiendo la ruta de los vinos verdes -ese vino único en el mundo de la región del Minho- se llegue a Guimarães, el lugar donde todas las crónicas señalan que Portugal nació, allá por un lejano siglo XII. Un letrero en una de las torres de la muralla se encarga de recordárselo al turista más despistado: ‘Aquí nasceu Portugal’. Como no podía ser de otro modo, la ciudad natal de Afonso Henriques, el primer rey de Portugal, concentra una deslumbrante cantidad de palacios y conventos, que llevaron a la UNESCO a reconocerla como lugar Patrimonio de la Humanidad. Además del casco antiguo, el castillo fortaleza del siglo XI, la iglesia de Nuestra Señora de la Consolación y Santos Pasos, y el vino,  la repostería -imposible decirle que no a una de las tortas de Guimarães- es otro de los encantos del lugar.

Costa Nova-Aveiro

Foto: iStock

5 / 159

Costa Nova y sus 'palheiros'

Fina arena, dunas salvajes que se mecen entre la calmada ría y el indómito Atlántico, y ni rastro de ladrillo. Solo una paleta de optimistas y alegres colores. Quizás, fuera de territorio portugués, el nombre de Costa Nova no sea de los más conocidos, pero Instagram ha encumbrado esta playa de la zona norte de Portugal hacia lo más alto en cuanto a fotografías de coloridas y marítimas fachadas se refiere. La pequeña urbanización de playa se diferencia de los pueblos colindantes debido a sus palheiros, las famosas casas a rayas donde el blanco se combina con el azul, el rojo, el amarillo o el verde, haciendo de sus fachadas un arcoíris marinero de innegable atractivo.  Los palheiros surgieron como almacenes para los pescadores locales que faenaban en la zona cuando Costa Nova aún no había sido edificada. Con la llegada del turismo, estos fueron reformados y pasaron a convertirse en residencias turísticas y en un imán para aquellos que buscan la foto más colorida y veraniega del día. 

 playa de Benagil

Foto: iStock

6 / 159

Playa de Benagil: la catedral playera del Algarve

Si la costa Algarvía se conoce por sus cuevas y acantilados es en parte por playa de Benagil. El arenal, que se encuentra muy cerca de Lagoa, ha ganado popularidad precisamente por su cueva, conocida como La Catedral. Con la erosión y el paso del tiempo se ha formado dentro de la misma una pequeña playa, un prodigio natural que bien valdría como escenario de una película de aventuras si no fuera porque en temporada alta nadie se la quiere perder. No tiene acceso directo desde tierra, por lo que hay que hacerlo por mar.

Playa de Carvoeiro

Foto: iStock

7 / 159

Playa de Carvoeiro: lo urbano también es bello

Hace tiempo, los barcos salían de aquí a la pesca del atún, pero ahora las coloridas embarcaciones de madera son el decorado perfecto a la playa urbana de Carvoeiro. La panorámica con las casas asomándose al acantilado es perfecta como para animar el feed de Instagram de cualquiera. El ambiente y la tranquilidad de las aguas la convierten en una de las playas más familiares del Algarve. En lo alto de los acantilados hay  unos pequeños senderos y miradores que regalan las mejores vistas de esta parte de costa.

Tres Irmaos

Foto: iStock

8 / 159

Playa Tres Irmaos: el complemento perfecto

En esta costa parece que sin acantilados y rocas no hay playa. Esta cala es un ejemplo más (y no cualquiera). Su nombre ya apunta maneras: los tres hermanos son tres formaciones rocosas que se levantan a pocos metros de la orilla. Los riscos dan al conjunto una belleza escénica que entretendrá todas las horas de baño que se dediquen a esta playa vecina a la popular playa de Alvor. Según la leyenda, las rocas son en realidad tres hermanos pescadores  que se quedaron petrificados en una noche de tormenta. Hoy son famosos.

Praia Monte Clerigo

Foto: iStock

9 / 159

Playa Monte Clérigo: naturaleza 100% accesible

Ya la entrada a la aldea es una promesa del paraíso playero al que se llega. Salvo cuando sopla el viento, capaz de tapar la carretera con la arena fina de la playa, pero como no hay mal que por bien no venga, a los surfistas les encanta siempre. A ellos se añade alguna que otra caravana y mucha gente que viene a hacer apología del ocio entre dunas y mar. Además, está integrada en la red de playas accesibles, por lo que ofrece toda clase de equipamientos. Hay que alargar la estancia mínimo hasta el atardecer, verlo por ejemplo desde la terracita del O Zé será un momento mágico.

 
 Praia da Falesia

Foto: iStock

10 / 159

Playa de Falesia: el acantilado multicolor

Una estrecha lengua de mar abierta al atlántico, entre un mar turquesa y un largo acantilado con matices que van desde el gris al rojo, así es esta playa a sólo diez kilómetros de Albufeira. La gama cromática queda rota en temporada alta, cuando las toallas y los paraguas traen el resto de colores. Y es que la arena fina y la suave entrada al mar hacen de esta otra de las opciones familiares para pasar un día playero en el Algarve. Para los bañistas más gastro, sobre estos acantilados están algunos de los hoteles y restaurantes más interesantes de la zona, como el Pine Cliffs Resort y su restaurante Maré o el Alquimia, en punta y punta de la playa, pero dos imprescindibles de la gastronomía portugesa contemporánea.

 
playa de Albandeira

Foto: iStock

11 / 159

playa de Albandeira: fotogenia lejos de las masas

Esta playa es un bello bocado pegado al típico acantilado ‘made in Algarve’. En realidad, son dos calas pequeñas comunicadas por una grieta en las rocas. En cualquier otro lugar, el arco en el que acaba el acantilado que abraza el arenal sería motivo para que los bañistas se plantaran en fila india, pero no ocurre así, porque, en parte, la poca superficie de arena, la estrecha carretera y la falta de servicios alejan el turismo de masa. Para ver el arco hay que llegar con marea baja, que es cuando el túnel que comunica las dos playas se hace transitable.

Pria do Castelo en Algarve

Foto: iStock

12 / 159

Playa de Castelo: la perfección playera

Hay que pensar en los acantilados del Algarve como en una cortina que crea intimidad playera; por ejemplo, en esta playa en la que gracias a ellos, no se ven los desarrollos urbanísticos de alrededor. Son las paredes rocosas las que concentran las miradas. Sobre todo, la formación del extremo de la playa, con la forma de almena de un gran castillo marino y que, claro, da nombre al arenal. La erosión ha abierto pequeñas calas en el promontorio que funcionan al modo de playas privadas para los bañistas más madrugadores.

Praia de donà Ana

Foto: iStock

13 / 159

Playa de Doña Ana: la escena playera más famosa de Algarve

Hay tres playas principales en las afueras de Lagos. Y la más grande de ellas es Meia Praia, pero como siempre, las cosas interesantes ocurren en los lugares más pequeños. Como en la playa de Doña Ana, considerada unánimemente como la más bella del Algarve. Por sí misma, la entrada ya es escénica, a través de una larga escalinata de madera que da a la playa. La orilla salpicada por diversas formaciones rocosas esculpidas con formas curiosas por la erosión del mar le acaba de dar temperatura al paisaje.

Praia da Marinha 2

Foto: iStock

14 / 159

Playa de Marinha: con una M de ‘muy bonita’

Alargada y limitada por un acantilado que se levanta vertical a pocos metros de la orilla, la playa tiene aspecto de paisaje en el que no importaría esperar a la llegada del fin de mundo. Eso sí, hay que aprovechar la marea baja, porque si no casi que no queda espacio para estirar la toalla. Se puede caminar hacia la derecha por los acantilados, o bien aventurarse por la orilla, hasta alcanzar el arco natural con forma de ‘m’. De hecho, las rocas de la orilla parece un museo de esculturas naturales.

Praia Camilo

Foto: iStock

15 / 159

Playa Camilo: Escalera hacia el cielo playero

Hacen falta doscientos escalones para llegar a la cala perfecta: un anfiteatro natural, rocoso y de colores ocres, con una arena suave y dorada que contrasta con la gama de turquesas del mar. Lo mejor es que cuando la playa se queda pequeña en temporada de verano, se puede pasar a la playa de al lado, separada por una formación rocosa que con la marea baja deja un paso a través de la orilla. Desde la explanada que sirve de parking, se ve todo el litoral entre Lagos y Albufeira.

Praia da Arrifana

Foto: iStock

16 / 159

Playa de Arrifana: días de surf y percebes

En esta parte del Algarve, el litoral cambia de aspecto y dominan las bahías abiertas al Atlántico, los acantilados son más oscuros y menos altos, como en esta playa, que cumple con las mejores condiciones para los aficionados al surf. La playa de Arrifana sorprende por su arena de color beige que se mezcla con cantos rodados a los pies del acantilado. Junto a uno de los extremos, está el puerto pesquero de Arrifana, y es que, atención, porque aquí se come muy buen pescado, y marisco. Son famosos los percebes de la zona. 

 
POOL 81G. São Lourenço do Barrocal: cuando el presente se integra en el pasado

Foto: São Lourenço do Barrocal

17 / 159

São Lourenço do Barrocal: cuando el presente se integra en el pasado

En la región del Alentejo, muy cerca del histórico pueblo de Monsaraz, se encuentra el São Lourenço do Barrocal, más que un hotel, toda una historia (y mucho diseño). El conjunto de edificios fue habitado en algún momento por familias que trabajaban los campos hasta que quedó abandonado. José Antonio Uva, descendiente de una de esas familias decidió recuperar el espacio. Vivió un tiempo en el único edificio techado que quedabahasta que halló el genius loci del lugar. Del proceso arquitectónico no se pudo encargar nadie mejor que Eduardo Souto de Moura,  Premio Pritzker 2011. En la zona sur, la finca se abre hacia la naturaleza y a un huerto. Ahí está la piscina sobre un afloramiento de granito (o barrocal). Su construcción cuida al máximo los detalles de diseño para marcar el vínculo con la historia de la finca.

 
dalicenca-pt-home-slide-3-2

Foto: Dá Licença

18 / 159

Dá Licença: la calma del Alentejo

Vitor Borges y Franck Laigneau cumplieron el sueño de muchos: dejaron sus trabajos y se dedicaron a diseñar y construir un lugar perfecto en el mundo; en concreto, en Outeiro das Freiras. Además de un cuidado interiorismo, el Hotel Dá Licença ofrece una panorámica de 360º hacia el bosque Serra d’Ossa y los olivos centenarios que rodean la antigua finca donde antaño se producía aceite. La piscina principal de la finca es un sorprendente plato circular de quince metros de diámetro que parece levitar en el espacio rural del más puro Alentejo. Ahora el sueño está a mano de todos sus huéspedes.

douro41-hotel-amp-spa-galleryd41 new

Foto: Douro41

19 / 159

Douro41 Hotel & Spa: o como meter el Duero en una piscina

A media hora en coche de Oporto, siguiendo la sinuosa Ruta Nacional 222, se llega al Douro41, el retiro minimalista que se ha integrado a la perfección en el paisaje de viñedos ondulados del valle del río Duero, declarado Patrimonio de la Humanidad. El diseño de João Pedro Serôdio es una adaptación arquitectónica de las terrazas donde se cuidan las viñas que han dado fama a la región. Se trata de 52 habitaciones y 10 suites con una estética cuidada al máximo por la diseñadora de interiores Cristina Jorge de Carvalho. Cada rincón ofrece un diálogo con el entorno, pero ninguno como la terraza con su piscina infinita que parece romper las barreras hasta el punto de que si no fuera por la diferencia de colores, resultaría difícil saber dónde empieza el río y dónde acaba la piscina. 

Foto: iStock / Miguel Claro

20 / 159

Del Alentejo al cielo

El Observatorio Dark Sky Alqueva se localiza en el municipio de Cumeada del Alentejo (Portugal), muy cerca del embalse de Alqueva, el más grande de Europa occidental. Las excelentes condiciones atmosféricas y el aislamiento de la zona en la que se emplaza hacen posible que los visitantes disfruten a cielo raso del firmamento. Telescopios y prismáticos están disponibles como parte de las salidas que se organizan, y que pueden incluir cursos de orientación para distinguir astros y constelaciones y talleres prácticos de astrofotografía para principiantes. También hay paseos, nocturnos, por espacios singulares como los misteriosos monumentos megalíticos del crómlech de Xerez, en el entorno del Convento de Orada, o los menhires que forman parte del patrimonio prehistórico de la región.

Foto: iStock

21 / 159

El castillo portugués de Guimarães

El castillo original del siglo X fue fundado por la condesa Mumadona Dias para proteger a la población de las invasiones normandas y las incursiones de los musulmanes. Tras haber sufrido numerosas reconstrucciones, su aspecto actual se debe a la última gran intervención que tuvo lugar en 1940. El castillo tiene una torre homenaje de planta cuadrangular en el interior de sus murallas que está flanqueada por cuatro torres.

Foto: iStock

22 / 159

Madeira sin Ronaldo

Ya aterrizar en su capital es todo un espectáculo. Madeira parece un edén flotante en medio del Atlántico. Su clima bondadoso, la vegetación, la cantidad de senderos -conocidos como levadas-, sus aldeas de pescadores y los miradores repartidos a lo largo y ancho la han encumbrado a mejor isla del mundo como destino turístico por siete años consecutivos.

Foto: iStock

23 / 159

Óbidos

El que es, probablemente, el pueblo con más encanto de Portugal ha dejado de ser una mera foto bonita a ser un lugar muy animado. De hecho, aunque su principal reclamo sean las murallas y las callejuelas medievales, hoy en día ofrece otros argumentos culturales como el Vía Crucis que organiza en Semana Santa. Eso sí, para los que no quieran saber nada de esta celebración siempre les quedará pasear por sus baluartes, disfrutar de sus terrazas y redescubrir la magia de su castillo. 

Foto: Getty images | Westend61

24 / 159

Playa de Benagil (Portugal)

Esta es la playa a la que todos sueñan con ir. No tanto por el arenal en sí, sino por una de las cuevas formadas en los espectaculares acantilados que lo rodean. Sin ellos, sería una playa normal. Estos acantilados de Benagil, en la costa del Algarve, guardan un tesoro en forma de una gruta circular a la que solo se llega a nado, remando en kayak o con alguna de las excursiones organizadas. Se trata del Algar de Benagil, una breve playa cubierta por una cúpula natural que sería el escenario ideal para un remake de Los Goonies

25 / 159

Lisboa, tan cerca y tan lejos

Lisboa es una de esas capitales que siempre dejamos para más tarde. Está tan cerca que parece que nos da pereza conocerla. Eso sí, cuando lo hacemos, nos enamoramos al instante. El fado del barrio de Alfama, la Torre de Belem, sus siete colinas, sus tranvías o sus cuestas adoquinadas son algunos de los atractivos que convierten a la ciudad de la desembocadura del Tajo en única. Y si se tiene tiempo, es imprescindible una vista a Sintra, lugar de veraneo de reyes, repleta de palacios y de construcción de color pastel que nunca dejan de asombrar.

26 / 159

Ponta da Piedade

En la costa de la ciudad de Lagos, Ponta de Piedade es uno de los lugares más turísticos de la región portuguesa del Algarve gracia a la inmensa belleza de sus pináculos rocosos. 

Foto: Región Turismo de Algarve

27 / 159

Cataplana

La cataplana es un guiso de pescado o marisco preparado en un recipiente de cobre de origen árabe al vapor que puede llevar o no guarnición

Foto: Región Turismo de Algarve

28 / 159

Pescado a la brasa

Los pescados a la brasa es uno de los platos que no pueden faltar si se quiere probar la inmensidad de la gastronomía de la región del Algarve. 

Foto: Región Turismo de Algarve

29 / 159

Embutidos

No tanto de las zonas costeras, los embutidos forman parte de la gastronomía del interior del Algarve, de sus sierras. 

Getty Images

30 / 159

Playa de Benagil

En la playa de Benegil la erosión ha modelado un paraje excepcional.

Fototeca 9x12

31 / 159

Faro

A poca distancia de su amurallado casco antiguo, la capital del Algarve disfruta de playas recogidas al pie de acantilados con formas fantasiosas.

AWL Images

32 / 159

Tavira

La Torre del Reloj se alza en la colina del castillo, desde la que se contempla este pueblo de raíces árabes y el valle del río Gilao.

Fototeca 9x12

33 / 159

Ferragudo

Situado en el estuario del río Arade, el pueblo mantiene la esencia de las antiguas aldeas marineras.

AWL Images

34 / 159

Cabo de Sao Vicente

Las sugestivas vistas que ofrece este cabo situado en el extremo sudoeste de la Península han inspirado relatos épicos y leyendas.

Foto: Visit Alentejo

35 / 159

Termas Romanas de Évora

En el vestíbulo de la Câmara Municipal de Évora, las Termas Romanas de Évora fueron descubiertas en 1987 gracias a las obras del propio ayuntamiento de la ciudad. Actualmente, se conserva una sala caliente para baños de vapor y una piscina circular de 9 metros de diámetro, por lo que se cree que fueron el mayor espacio público de la Évora romana.

Foto: AgeFotostock

36 / 159

Cabo da Roca, Sintra (Portugal)

El Cabo da Roca es un bellísimo acantilado que emerge 140 metros sobre el Atlántico; es el extremo más occidental de Europa. Se encuentra situado a unos 18 km de Sintra (unos 40 km de Lisboa), dentro del Parque Natural de Sintra-Cascais, rodeado de pequeñas villas marineras escondidas entre los bosques de Sintra.

Foto: AgeFotostock

37 / 159

Faro Santa Marta, Cascais (Portugal)

Este pintoresco faro de 28 metros de altura pintado a franjas azules y blancas constituye una de las postales más bellas de Cascais. Adyacente al mismo, hay un museo que recoge la historia de los faros de la costa de Estoril, que se encuentran entre los primeros en construirse en Portugal.

Foto: AgeFotostock

38 / 159

Cabo Sines, Alentejo (Portugal)

A pie, en bicicleta, a caballo, bordeando marismas y salvando caprichosas formaciones de roca, se disfruta de esta costa atlántica a la que el fuerte viento atrae a surfistas y amantes de las playas solitarias. Aunque toda esta costa del sur de Portugal está sembrada de pequeñas calas de arena fina arropadas por las rocas, las de playa Grande y playa de la Isla de Pessegueiro son las más espectaculares por sus aguas transparentes y los grandes acantilados que las rodean.

Foto: AgeFotostock

39 / 159

Santuario de Nossa Senhora da Nazaré

Es en el conjunto monumental formado por la pequeña Ermita de la Memoria y la Iglesia de Nossa Senhora da Nazaré que encontramos el origen de la villa, que se remonta a 1182. En el interior de la iglesia llama la atención los bellos azulejos del siglo XVIII que cubren la nave. Las pinturas de la sacristía describen la leyenda de cómo D. Fuas Roupinho salvó la vida por milagro de la Virgen.

Foto: AgeFotostock

40 / 159

Nazaré, marinera y surfera

Nazaré es la capital del surf extremo. Esta típica villa marinera de la Región Centro de Portugal se hizo famosa en noviembre de 2011, cuando las imágenes del hawaiano Garret McNamara surfeando una ola gigante aparecieron en los medios de todo el mundo.

Foto: AgeFotostock

41 / 159

Nazaré y el secreto de las olas gigantes

Desde el Fuerte de San Miguel se observa la fuerza que el Atlántico alcanza en esta zona del litoral. El fenómeno de las olas gigantes se debe al Cañón de Nazaré, un valle submarino de una profundidad de unos 5.000 metros y una extensión de 230 km. Su  forma de embudo, estrechándose en la Playa do Norte, es la que provoca las enormes olas que han alcanzado alturas de 30 metros ideales para el surf más extremo.

Foto: AgeFotostock

42 / 159

Las playas de Nazaré

Desde el mirador de Suberco, en el barrio de Sítio, se tiene unas vistas espectaculares de Nazaré y de la ciudad baja. Esta parte de la ciudad da a una espléndida playa de arena con forma de media luna. Como el día y la noche, esta otra playa de Nazaré se diferencia de playa do Norte porque es totalmente calma y apta para una jornada relajada de baño. Ambas, merecerían estar entre las mejores playas de Europa.

Foto: AgeFotostock

43 / 159

Nazaré, surf y tradiciones

A pesar de todo, Nazaré sigue conservando sus tradiciones, como el secado de pescado. Aún se puede ver a las mujeres en su trabajo tradicional de secado del pescado. De hecho, el Museo del Pescado Seco de Nazaré es un museo vivo que busca preservar esta tradición ancestral.

Foto: AgeFotostock

44 / 159

Porto Moniz (Portugal)

Las aguas bravas rodean Maderia; pero en Moniz encontramos el puerto más seguro de la isla. Estas formaciones volcánicas posibilitaron un lugar de baño espléndido, uno de los más bellos de Portugal. Porto Moniz es una de las ciudades más antigua de la isla de Madeira. Se encuentra al noroeste y a  sus encantos propios, hay que sumar sus piscinas naturales, con todo tipo de infraestructuras y servicios, y el Bosque de Laurisilva, Patrimonio Natural de la Humanidad por la UNESCO.

Foto: AgeFotostock

45 / 159

Playa dos Galapinhos Setúbal (Portugal)

No hace falta alejarse demasiado de Lisboa para ir a dar con una de las mejores playas de Europa. Rodeada de la espléndida vegetación del Parque Natural de la Sierra Arrábida, la de Galapinhos es una playa de aguas cristalinas que parece una postal. Es un arenal tranquilo y pequeño que por su fondo marino se ha convertido también en uno de los destinos favoritos para los amantes del submarinismo. 

Foto: Getty images | Westend61

46 / 159

Playa de Benagil (Portugal)

Sin duda, se trata de uno de los rincones más bellos del sur de Portugal. Estos acantilados de Benagil, en la costa del Algarve, esconden un tesoro en forma de gruta circular con una breve playa a la que solo se llega a nado o a remo. Esta playa se ubica junto a Benagil, la aldea de pescadores que le da nombre.

Foto: Gtres

47 / 159

Portugal

La hospitalidad portuguesa está fuera de toda duda. Tal vez sea porque los portugueses han emigrado y han viajado por diferentes culturas desde antiguo que el país siempre sabe dar la bienvenida. Considerados afables, abiertos y sinceros, los portugueses hacen que los turistas siempre quieran volver. Si a esto añadimos su oferta natural con joyas como la costa del Algarve y ciudades vibrantes y culturales como Porto y Lisboa, tenemos como resultado unos de los países favoritos de los viajeros internacionales.

Michael Abid / AGE Fotostock

48 / 159

Rabelos en los muelles de Oporto

Estas barcas tradicionales se utilizaban para transportar las barricas de vino hasta Vilanova de Gaia.

 

Olimpio Fantuz / fototeca 9x12

49 / 159

Región vinícola del Alto Douro

Laderas tapizadas de viñas y pequeñas aldeas pueblan el tramo alto del Duero portugués. 

 

AWL Images

50 / 159

Tierra de vinos

La región del Alto Douro Vinhateiro, declarada Patrimonio de la Humanidad, fue la primera Denominación de Origen del mundo, de 1756. La visita a la Casa do Douro y el Museo do Douro, en Peso da Régua, permite conocer la historia y la tradición vinícola de la zona. En época de vendimia, en Celeirós celebran la «gran lagarada», una gran fiesta dedicada al vino.