Uzbekistán

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Samarkanda

La segunda ciudad de Uzbekistán es símbolo de la Ruta de la Seda. Con 2700 años de antigüedad, fue declarada Patrimonio de la Humanidad en el año 2001 y si hay un lugar imprescindible de esta ciudad es la Plaza de Registán, antiguo centro de la ciudad durante el siglo XIV, cuando Samarkanda se convirtió en la capital del imperio de Timur. Esta plaza está flanqueada por tres madrasas -Ulugh Beg Madrash, Sher-Dor Madrasah y Tilya-Kori Madrasah- y es el lugar en el que primero pensamos de la ciudad gracias a sus azulejos azules y sus tallados en oro. Y es que esta ciudad llegó a ser una de las más importantes no solo de la Ruta de la Seda sino de Asia Central.

La mezquita Bibi Khanum, la necrópolis Shah-i-Zinda, el mausoleo Gur -e Amir, las ruinas de Afrasiab o el observatorio Ulug Beg, son otros de los imprescindibles de esta preciosa ciudad uzbeka.

 

Foto: Mauricio Abreu / AWL Images

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Madrasa de Tilya Kori

De 1660, es la más moderna de las tres que enmarcan la plaza del Registán. El mihrab está decorado con relieves dorados sobre fondo azul. Parada obligada de las caravanas de la Ruta de la Seda y capital de uno de los mayores imperios de la historia, Samarcanda conserva auténticas obras maestras de la arquitectura islámica.

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Monumento a las caravanas que cruzaban Asia central

Equidistante entre China y el Mediterráneo, la ciudad era un refugio para los caravaneros antes de encarar los inmensos desiertos o las inexpugnables montañas. Trajinaban mercancías, pero circulaban también religiones, inventos, tradiciones…

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Fundada en el siglo VII a.C., la ciudad alcanzó su apogeo en los siglos XIV y XV.

Observando las tres imponentes madrasas (escuelas) es imposible no sentirlo: la plaza del Registán tiene un magnetismo especial. Y aunque la fama de Samarcanda se asocia a Tamerlán, que estableció aquí la capital de su imperio, esta plaza debe su majestuosidad a su nieto, el astrónomo Ulug Beg.

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Destellos azules

El arte decorativo más característico de Uzbekistán posiblemente sea la cerámica vidriada. Tuvo su apogeo con la dinastía timúrida cuando azulejos, baldosas de mayólica y terracotas labradas recubrían cúpulas, fachadas e interiores. El característico color azul procedía del lapislázuli, la piedra turquesa o el cobalto. Pero el esmaltado no era tan solo una cuestión estética sino que aportaba gran durabilidad en un entorno desértico.

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El arte de la cerámica vidriada

Y si bien en el islam abundan las decoraciones geométricas, florales o caligráficas, en Uzbekistán no es extraño encontrar seres vivos desafiando la ortodoxia religiosa, como en la madrasa de Sher Dor. Entre los ejemplos más espectaculares de cerámica vitrificada en Samarcanda, cabe destacar la mezquita Bibi Khanum, la necrópolis de Shah-i-Zinda y la cúpula del mausoleo de Tamerlán.

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Estatua de Tamerlán

Como Alejandro Magno y Gengis Khan, Tamerlán (Timur-i-Lenk, Timur el cojo, 1336-1405) forjó un imperio colosal que se extendía de la India al Mediterráneo y, por el norte, hasta las puertas de Moscú. En 1370 estableció su capital en Samarcanda. Murió en Otrar (Kazajistán) a los 69 años, camino de conquistar China.

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la necrópolis de Shah-i-zinda

Una filigrana de azulejos recubre los mausoleos de Shah-i-Zinda. En la primera mitad del siglo XI sus colinas alojaron lujosas mansiones y luego se sucedieron los enterramientos, cada vez más ornamentados. Nichos en los que destaca el azul de las baldosas de mayólica, los mosaicos de azulejos con láminas de oro, la terracota labrada y esmaltada, las maderas talladas, los cristales de color y los estucos. Desde los pisos superiores se ve la ciudad.

Foto: Günter Gräfenhain / Fototeca 9x12

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Mausoleo de Gur Emir o del Gran Tamerlán, de 1403.

Aquí se encuentra enterrado Tamerlán, a pesar de que el mausoleo lo había ordenado erigir en 1403 para su nieto Mohammed Sultán. Lo cierto es que es una obra de exquisito estilo y proporciones, con una bella cúpula turquesa acostillada. Y si el exterior asombra, el interior sobrecoge con su elaborada decoración áurea.

Foto: Gtres

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Mar de Aral, frontera de Kazajistán y Uzbekistán

El Mar de Aral, en Asia Central, es todo un símbolo de cómo la Tierra cambia de forma drástica. Hoy, cuando su superficie se ha reducido en algo más de un 60%, las antiguas embarcaciones se oxidan como fósiles clavados en la arena. Es, tal vez, el mayor desastre del medio ambiente de la historia reciente. El resultado después de los trasvases de los ríos que lo alimentan es la reducción hasta dos pequeños volúmenes de agua: el mar de Aral Sur y el mar de Aral Norte (éste último con esperanzas de ser recuperado en parte). 

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Madrasa Tilya Kori

De las tres madrasas de la plaza del Registán en Samarcanda, esta es la más moderna (1660). La cúpula y el mihrab están decorados con relieves dorados sobre fondo azul, lo que da nombre a esta madrasa: Cubierta de Oro.

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Alminar Kalta

Dentro de la vieja ciudad amurallada de Jiva se alza el minarete que el kan Mohamed Ami quiso levantar a mediados del siglo XIX. Debía medir 70 metros y ser el más elevado del mundo musulmán. La muerte del soberano detuvo la obra en 29 metros.

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Sitorai Mokhi-Khosa

La residencia estival del último emir de Bujara se construyó hace un siglo sobre los restos de otras dos anteriores. El Palacio de la Luna y las Es-tre-llas es hoy un museo y los pavos reales campan por algunas de sus estancias.

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Madrasa Chor Minor

Khalif Niyazkul, un mercader de Bujara, financió en 1807 esta madrasa con celdas para acoger a 59 estudiantes. El nombre de este insólito edificio significa "cuatro minaretes", aunque nunca cumplieron esa función.

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Azulejos

La cerámica vitrificada que dio esplendor a la arquitectura de Asia Central e Irán se desarrolló en Samarcanda en época de Tamerlán.

Foto: Ben Tucker / Age fotostock

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Samarcanda

El mausoleo de Tamerlán (siglo XV) se considera un referente del Taj Mahal (Agra, India), erigido dos siglos después. 

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Tesoros de Jiva

La Ciudad Interior o Itchan Kala alberga obras maestras de la arquitectura islámica, como el mausoleo de la fotografía, dedicado a Pakhlavan Mahmoud, poeta y guerrero del siglo XIII.

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Museo de Amir Timur, Tashkent

Inaugurado en el año 1996, este museo está dedicado a Amir Timur, el nombre persa de Tamerlán.

Foto: Angshuman Chatterjee

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Alfombras únicas

Un tejado de cañas en el centro de Tashkent ofrece la sombra necesaria para escoger sin prisas una alfombra uzbeka, una de las especialidades del país.

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La necrópolis de Samarcanda

Una filigrana de azulejos recubre los mausoleos de Shah-i-Zinda, un recinto declarado Patrimonio de la Humanidad.

Foto: Günter Gräfenhain / Fototeca 9x12

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Madrasa de Mir Arab

Forma parte de un gran conjunto religioso en medio de Bujara. Desde 1993, esta madrasa construida en el siglo XVI, fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. 

Foto: Fototeca 9x12

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Centro de artesanía Islom Musinov

En Samarcanda, Bujara y Jiva aún se percibe el ambiente de ciudades oasis que las hizo famosas hace siglos. 

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Tradiciones vivas

Una mujer ataviada con el vestido tradicional baila una danza al estilo uzbeko en la madrasa Nadir Devon, en Bukhara.

Foto: Getty images

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Un crisol cultural en medio de Asia

El viaje por Uzbekistán sorprende con escenas y rincones únicos, como los que muestra esta imagen en una casa de té en Margilan. 

Foto: Marc Dozier / Getty Images

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Baño y masaje

El hamam Bozori Kord, en la ciudad de Bujara, funciona desde el siglo XIV. Hoy en día ofrece masajes tradicionales con esencias.

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Plaza de Registán

A inicios del siglo XV, Ulug Beg impulsó la construcción de este conjunto de tres madrasas en el centro de Samarcanda

Foto: Michel Gotin / Gtres

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Estilo de vida estepario

Una familia de pastores nómadas junto a su yurta, las viviendas tradicionales que, desde la Edad Media, han usado los pastores nómadas de las estepa asiática central. 

Foto: Rustam Vagapov

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Samarcanda

De las tres madrasas que se alzan en la plaza de Registán, la de Sher-Dor posee los mosaicos más elaborados, con figuras animales y geométricas.

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Samarcanda

La Unesco declaró Patrimonio de la Humanidad las ciudades de Jiva, Bujara y Samarcanda por su valor histórico y monumental.

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2.000 años

El término Ruta de la Seda se empezó a utilizar en el siglo XIX, aunque la vía ya existía en el siglo II a.C.

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Tashkent

La capital uzbeka ha preservado del urbanismo soviético las mezquitas y madrazas de la plaza de Khazrat-i-imam.

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Artesanía del desierto

Entrar en un bazar es como zambullirse en un mundo de alfombras, tejidos de seda y objetos de plata y cobre grabados.

GÜNTER GRÄFENHAIN / FOTOTECA 9 X 12

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Jiva

El minarete de Kalta es uno de los tesoros de la Ciudad Interior o Itchan Kala, rodeada de muros de ladrillo que datan del siglo X.

CORBIS

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Aromas de la ruta

Las especias y el té forman parte de la Ruta de la Seda desde sus inicios.

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Bujara

También es conocida como la Ciudad de los Mercaderes. Bajo estas líneas, la madraza Mir-i-arab desde el minarete de Kalyan.

IVAN VDOVIN / CORBIS

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Samarcanda

Las madrazas de la plaza del Registán fueron fundadas entre los siglos XV y XVII.