Venezuela

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Foto: AgeFotostock

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Tepuy Roraima (Venezuela)

Cuesta lo suyo llegar hasta este remoto lugar. Y es que más que kilómetros, parece que tengas que retroceder épocas, en concreto hasta el Precámbrico (más o menos, dos mil millones de años atrás). Se trata del punto más alto de las montañas tubulares que se encuentran en la gran sabana que comparten Venezuela, Guyana y Brasil. La mejor base para visitarlo es Santa Elena de Uairén (Venezuela). El trekking para llegar a su cima dura seis días y desquicia a muchos de los excursionistas que se atreven con la aventura. Entre las dificultades: lugares con nombre como el “Paso de las lágrimas”, frío y calor extremos, y lo peor, los puri puri, unos mosquitos terribles que se meten hasta por debajo de tus calcetines. ¿El premio? Llegar a uno de los lugares más antiguos del planeta. No por nada, este paisaje inspiró la novela “El Mundo Perdido” de Arthur Conan Doyle. ¡Ah! Y también la mítica película de Pixar, Up.

Foto: Gtres

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Los Roques, Venezuela

Un pequeño tesoro en forma de islas. Si piensas en un paraíso perfecto del mar Caribe, es esto: Los Roques, aguas turquesas y tranquilas, playas de arena blanca y fina, corales, sol. Se trata de un archipiélago de Venezuela, en el Mar Caribe, a 168 Km al norte de La Guaira. Su singularidad y belleza se debe en parte por la formación geológica pues poseen una estructura de atolón, más propia del Pacífico que del Mar Caribe.

Foto: José Alejandro Adamuz

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Roraima, la Gran Sabana

El monte Roraima es una de las formaciones geológicas más antiguas de la tierra. Forma parte de la cadena de mesetas tepuis (montañas tabulares) de la sierra de Pacaraima. Hasta su cumbre llegó Carl, el protagonista de la película Up, en su casa voladora. La cumbre es una meseta rodeada de paredes completamente verticales de las que suelen caer abundantes cascadas, lo cual dificulta algo su ascenso. Se da la particularidad que hay un punto denominado la triple frontera, compartida por Venezuela, Guyana y Brasil. Llegar arriba es encontrarse con un paisaje de otro tiempo; no obstante, Arthur Conan Doyle se inspiró en las descripciones de este lugar que hicieron las expediciones de la época para ambientar su novela El mundo perdido.