Huesca al natural

Balneario de Panticosa: donde los Pirineos más puros se ponen al servicio del bienestar

Ubicado en un espectacular circo de origen glaciar, este complejo termal es un imprescindible para aquel que busca salud y reconexión.

En pocos lugares se tiene la sensación de llegar a un paisaje tan único como cuando el coche deja atrás un encadenado de seis curvas de herradura, salva la estrechez de la garganta del río Caldarés y, de repente, se abre ante los ojos el anfiteatro montañoso de Panticosa. Los Pirineos, extraordinariamente gigantescos en estas coordenadas, dan la bienvenida con cumbres poderosas que miran al viajero con la superioridad que les da su tamaño y el desnivel con el que aquí se elevan. No en vano, Baños de Panticosa se emplaza a 1.636 metros sobre el nivel del mar, mientras que picos como el Garmo Negro (3.051 metros) y el Argualas (3.046) superan los 3.000 metros de altitud. La quietud de las aguas del Ibón de Baños no solo sirve de espejo natural para estas montañas, también para preludiar el sorprendente complejo termal y de hoteles que se halla tras una decorativa arboleda. Detrás espera el Balneario de Panticosa, un completísimo complejo que logra que las aguas de los Pirineos sean fuente de salud, tranquilidad y desconexión. 

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Foto: Balneario de Panticosa

El secreto está en el agua

Para comprender por qué hay aquí un complejo termal de estas dimensiones y complejidad hay que adentrarse bajo tierra y remontarse en el tiempo. El hallazgo de unas monedas de la época del emperador Tiberio (14-37 d.C.) en estas coordenadas denota que los romanos ya se beneficiaban de las aguas termales que brotan de un manantial al que se bautizó, precisamente, con el nombre de este regidor. Dicho naciente es único en Europa ya que de aquí brota una de las corrientes más hipertermales del viejo continente. Sus 53ºC se complementan con otras propiedades que hacen que sean unas aguas alcalinas, fluoradas, sulfurdas, bicarbonatadas sódicas y oligometálicas. Una fórmula singular y extraordinaria que convierten al Balneario de Panticosa en un complejo ideal para tratar dolencias óseas, de piel, reumáticas, asmáticas e, incluso, para curar cuadros de estrés. Este manantial se complementa con otras tres fuentes de aguas oligometálicas con propiedades diuréticas y depurativas, además de ofrecer soluciones para diferentes problemas de piel. En definitiva, un microcosmos termal camuflado tras un paisaje arrebatador. 

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Interior del Balneario Termo Medicinal El Quiñón. Foto: Balneario de Panticosa

Más allá de las cualidades de esta auténtica mina de salud, la clave de este destino pirenaico es el cómo las utiliza para lograr un bienestar integral que se complementa con el contacto sin filtros con la naturaleza. El complejo cuenta con tres centros termales muy diferenciados que logran multiplicar las cualidades del agua y adaptarlas al rendimiento deportivo, la salud, el ocio y la belleza; logrando que haya un espacio delimitado para cada viajero y/o huésped. 

Por un lado está el Centro Termomedicinal Balneario del Quiñón, un área dedicada a los tratamientos deportivos y de salud que destaca por la supervisión médica que aquí se realiza de cada paciente. No en vano, todo tratamiento, ya sea de aguas, de barros termales o de masajes circulatorios, es prescrito por un facultativo que tiene en cuenta no solo las dolencias, sino también las necesidades y peculiaridades de cada uno. Después de la primera cita con cualquiera de sus médicos especializados, llega el momento de sumergirse en sus piscinas, donde el agua proviene directamente del manantial Tiberio.

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Tratamiento con peloides. Foto: Balneario de Panticosa

La única manipulación o transformación que recibe es la de ser templada para alcanzar los 37º-38º, lo que permite la inmersión sea de una extrema pureza. Otro de los puntos fuertes de este espacio son los peloides, unos barros termales que se aplican directamente en articulaciones y músculos doloridos

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Termas de Tiberio. Foto: Balneario de Panticosa

El emblema -por dimensiones y popularidad- del complejo son las Termas de Tiberio, un centro lúdico termal que, como tal, logra combinar las aguas medicinales con el ocio sin por ello convertirse en un parque temático. Y lo hace con mucha elegancia, ya que el edificio proyectado por Belén Moneo integra el entorno con armonía. Para ello se sirve de amplios ventanales que permiten descansar con vistas a la montaña o, incluso, a la fértil ladera que arropa a estas termas. Y también del alabastro, un elemento translúcido que ayuda a que todo el interior sea brillante e, incluso, algo sorprendente para un balneario. 

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Hammam y piedra caliente en las Termas de Tiberio. Foto: Balneario de Panticosa

Más allá de esta primera impresión, las Termas de Tiberio son un microcosmos dedicado al bienestar lúdico. Aquí no falta nada, ni hammam, ni sauna, ni diversas piscinas donde los chorros se alternan con otros alicientes como el aire libre en su alberca exterior o la estimulante forma de su piscina secreta. Y siempre con la certeza de que el agua, presente en todos los espacios, es beneficiosa para la salud. Este centro se completa con un gimnasio y con numerosas cabinas para masajes y otros tratamientos. 

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Piscina exterior en las Termas de Tiberio Foto: Balneario de Panticosa

La tercera área termal de este completo balneario se encuentra oculta en los pies del Gran Hotel. Un secretismo deliverado, ya que el Espacio Termal Gran Hotel está concebido para elevar la experiencia al siguiente nivel. ¿Cómo? Mediante la exclusividad de un complejo con un aforo muy estricto (no más de ocho personas) y con un menú de tratamientos tanto de belleza como de salud que lo transforma en una especie de 'balneario boutique'. Perfecto para quien busca una experiencia privada y personalizada tanto en sus piscinas como en sus cabinas de tratamiento. 

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Cabina de masajes en el Espacio Termal del Gran Hotel. Foto: Balneario de panticosa

Dormir, comer, disfrutar

Precisamente sobre este centro termal se levanta el Gran Hotel, un edificio de finales del siglo XIX, completamente remodelado por Rafael Moneo hace dos décadas, donde se alterna la madera con la piedra para lograr una elegancia sofisticada a la altura de su portentosa fachada haussmaniana. Por sus amplias ventanas entra la luz pirenaica que, sin apenas oposición, inunda cada rincón de las espaciosas estancias, todas ellas decoradas con una sencillez sofisticada y muy acogedora. El hotel cuenta con un restaurante, El Lago, en el que la cocina saludable y deliciosa se marida con unas panorámicas del ibón exterior y las montañas que lo limitan. 

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Habitación Junior Suite en el Gran Hotel. Foto: Balneario de Panticosa

El balneario de Panticosa cuenta con otro alojamiento, el Hotel Continental, que comparte con el Gran Hotel la elegancia y armonía de sus formas. Catalogado con cuatro estrellas, este establecimiento se divide en dos alas comunicadas por una pasarela cubierta y cuenta con un hall icónico que pivota alrededor de una acogedora chimenea. Además de habitaciones, el edificio acoge el restaurante buffet, con cocina casera y de proximidad, y la Brasserie, donde el fuego es el rey. Además, el complejo cuenta con otros dos espacios gastronómicos: un restaurante italiano (La Fontana) y El Qbo, un bar que en verano permite brindar y procrastinar con vistas a los Pirineos. 

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Foto: Balneario de Panticosa

Entre fuentes y cascadas

La estancia aquí no estaría completa sin un baño de naturaleza. En estas coordenadas el aire es puro y los paisajes, exuberantes. Por eso, pasear por el entorno del Balneario de Panticosa es un placer irresistible, y más tras unos tratamientos en los que el entorno ha estado tan presente. El agua apacible del pequeño lago y su ribera es una meta fácil, pero el magnetismo de las cascadas que se precipitan por las paredes de este circo glaciar es tan alto que resulta imposible no poner rumbo a la más accesible, la cascada del Argualas. A este poderoso torrente ubicado al norte del ibón que se llega tras un paseo de no más de 20 minutos. 

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Cascada de Argualas. Foto: Balneario de Panticosa

Junto a este espectáculo natural se halla un templete de aires románticos, deteriorado por el paso del tiempo, que abriga una fuente. Cuando Panticosa fue transformado en un Balneario se construyeron varios de estos módulos que servían como punto y seguido de unos paseos que consistían en ir tomando el agua de los diversos surtidores. Hoy son, sobre todo, una reliquia muy atractiva que justifica un desvío e, incluso, que da inicio a otro de los senderos imprescindibles de este entorno. Es el que sube, dando la espalda al balneario, hasta el Salto del Fraile y el Salto del Pino, dos cataratas consecutivas donde el río Caldarés se exhibe poderoso e, incluso orgulloso. Normal, es el príncipe de un paisaje donde el agua es capaz de sanar... en todos los sentidos. 

 

 

Esta actividad está cofinanciada por la Diputación Provincial de Huesca

 

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Foto: DR