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Diez rutas para descubrir la Galicia más inédita

Muchos kilómetros y diez recorridos para conocer el patrimonio oculto y los secretos que guarda esta tierra.

Galicia cuenta con un top ten turístico espectacular, pero más allá de esa alineación estelar, hay todo un patrimonio oculto que descubrir. Perderse en la Ribeira Sacra, en O Ribeiro o en el interior de Lugo puede deparar más de un tesoro. Más que un viaje en el espacio, estas diez rutas para descubrir la Galicia más inédita son también un viaje en el tiempo, atrás en los siglos, a los orígenes mismos de la esencia gallega.

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Foto: Turismo de Galicia

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De Tui a Mondariz-Balneario entre el gótico y el mar. Ruta total: 125 km

Las estrechas callejuelas medievales de Tui son el punto de partida de esta ruta que acompaña al río Miño hasta la costa gallega más meridional. Destaca aquí la ​​catedral-fortaleza de Santa María, con su bella puerta occidental, la composición iconográfica más importante del arte gótico gallego. Su claustro es otra joya de este estilo arquitectónico y uno de los pocos que se conservan enteros en Galicia. El casco antiguo de Tui, declarado Conjunto Histórico Artístico, suma monumentos y gastronomía, con parada obligatoria en sus tabernas y mesones antes de seguir viaje hacia Tomiño para visitar la Fortaleza de Goián o de San Lourenzo. El viaje en el tiempo prosigue muy cerca de A Guarda, en el castro de Santa Trega, donde además hay unas vistas espectaculares del estuario del Miño.

Con el estuario en la retina, el viajero parte camino a Baiona, haciendo un alto previo en el convento de Oia de silueta poderosa. Otra construcción defensiva aguarda ya en Baiona, en la fortaleza de Monterreal, aunque hoy cumple con una misión más hedonista como Parador Nacional de Turismo. Pero hablando de hedonismo, las terrazas del puerto constituyen toda una tentación difícil de rechazar, más si llega hasta el viajero el aroma de un buen arroz con bogavante. Siguiendo la ruta, el castro de Troña catapulta el viaje de nuevo a la prehistoria. El broche de oro tiene estilo Belle Époque, en Mondariz-Balneario, una de las principales villas termales de España.

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Foto: Turismo de Galicia

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De Mondariz a Cerdedo con mucho arte prehistórico y mucha etnografía. Ruta total: 140 km.

El viaje abre ventanas en el tiempo, tal como queda demostrado en el Castillo de Sabroso, actual sede del Museo do Traxe Galego y museo etnográfico. Pasear por sus salas es conocer cómo se vivió siglos atrás en Galicia. También los molinos de Riomaior, en Vilaboa, nos hablan de otras formas de vivir tradicionales. 

Si se pretende ir aún más atrás en este viaje temporal, tocará dirigirse al ayuntamiento de Ponte Caldelas. En el Área Arqueológica de Tourón se encuentra uno de los complejos de artes rupestres al aire libre más singulares de Galicia, con unos petroglifos y grabados sobre roca fascinantes. Para profundizar más en su significado e historia conviene acercarse al Centro Arqueológico. 

Una vez de camino a Cangas, se puede seguir hasta la cumbre del Monte Facho de Donón, donde hay otro yacimiento de arte rupestre en un antiguo castro galaico, con restos del siglo X a. C. Mientras que en el municipio de Marín, están los petroglifos del Laberinto de Mogor, cuyo nombre parece sacado de un atlas de la Tierra Media. Continuando el viaje hacia interior, se retrocede 4.000 años en el tiempo para llegar al Parque Arqueolóxico da Arte Rupestre de Campo Lameiro. Se trata de un conjunto al aire libre donde hay cerca de un centenar de petroglifos en su contexto ambiental, lo que le lleva a ser considerado como uno de los parques arqueológicos más grandes de Europa y el mayor del noroeste peninsular.

 
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Foto: Turismo de Galicia

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De Coristanco a Muxía: Una Costa da Morte muy viva. Ruta total: 140 km.

Que esta ruta por la fascinante Costa da Morte comience en el vergel de Bergantiños, en Coristanco, es una lección de que detrás de los topónimos hay muchas más verdades: este pequeño vergel formado por cascadas, diques, pozos nos habla de vida. Una vida que se adaptó a este territorio desde antiguo, como demuestra el castro de Borneiro, conocido como “A Cibdá”, que estuvo habitado entre los siglos VI a. C. y el I d. C. Sin salir de Cabaña de Bergantiños, otra muestra de ocupación territorial ancestral es el dolmen de Dombate, la "catedral del megalítico gallego", con alrededor de 6.000 años de antigüedad. Otro hito prehistórico que el viajero hará bien de no perderse es el dolmen de Pedra Cuberta, el único en Galicia que presenta restos pictóricos.

Dejando la cultura megalítica a un lado, hay que pasar por Zas para visitar las Torres do Allo, uno de los pazos más antiguos de Galicia, sede actual del Centro de Interpretación dos Recursos Turísticos e Patrimoniais do Território de Costa da Morte. Aguarda finalmente Muxía, con un conjunto patrimonial espectacular donde está el hórreo de Ozón; la iglesia de Santiago de Cereixo, en cuyo pórtico se puede ver la primera representación románica de la traslatio del cuerpo del Apóstol Santiago en una barca de piedra. 

 

Ya en Muxía, aguarda un final mágico en uno de los santuarios marianos más emblemáticos de toda la  Costa da Morte y de Galicia, el santuario da Nosa Señora da Barca. El remate a toda la jornada es una inmersión gastronómica: nada mejor que una buena “caldeirada” de raya, congrio o abadejo, o unos percebes del Roncudo o navajas a la plancha para volver con todos los sabores de la Costa da Morte.

 
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Foto: Turismo de Galicia

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De Porto do Son a Muros por una costa fascinante. Ruta total: 70 km.

Esta ruta tiene como protagonista el patrimonio oculto de las tierras que bordean la ría de Muros e Noia y comienza en un lugar que suma historia y paisaje, en el castro de Baroña, en Porto do Son. Siglos atrás, los celtas escogieron este lugar como asentamiento por su belleza y ubicación estratégica. Hoy quienes acuden a la playa pueden bañarse con las vistas del castro. 

Siguiendo la ruta, Noia merece un alto prolongado. La “Pequeña Compostela” está llena de monumentos como el impresionante documento de piedra que es la colección de lápidas de Santa María a Nova. Fue Tomé Martínez, en su libro «El secreto de Compostela» quien dijo que da la sensación de “que nos encontramos ante un cementerio que no tiene muertos a los que orar”. Noia vale la pena también por su centro histórico, declarado Bien de Interés Cultural, con encantadoras plazas y soportales de atmósfera medieval. Esperan más joyas eclesiásticas en Lousame, con el monasterio de San Xusto de Toxosoutos; y en  Rois, con la iglesia barroca de San Vicente de Augas Santas que acoge retablos de 1738.

La villa marinera de Muros es una buena base para conocer una costa dominada por la silueta del Monte Louro. Un buen plan para terminar la jornada viajera es el paseo de unos cuatro kilómetros hasta el Faro de Louro. Está situado en punta Queixal, justo al pie de los 241 metros del monte Louro. Inaugurado en 1862, su linterna sigue iluminando la embocadura de la ría de Muros e Noia.

 
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Foto: Turismo de Galicia

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De Ribeira a Campo Lameiro por los tesoros de Arousa. Ruta total: 126 km.

Caminando por un sendero silencioso entre vegetación frondosa, así es la primera aproximación a los tesoros neolíticos de Arousa. Al final de ese sendero espera el dolmen de Axeitos. Hay que dejar las dunas de Corrubedo atrás para dar un pequeño salto en el tiempo que nos lleve a la península de Neixón, uno de los paisajes más hermosos de Arousa. En la punta rocosa de esta península, crecieron entre los siglos VIII y VII a. C. los castros de Neixón. Al lado de los castros, el Centro Arqueolóxico do Barbanza nos pone en antecedentes acerca del patrimonio arqueológico de la comarca. 

Aguardan más joyas ocultas en la aldea de Araño. Su hórreo es uno de los más grandes de Galicia y forma parte del conjunto arquitectónico compuesto por la iglesia de Santa Baia y la capilla dedicada a la Nosa Señora dos Milagres. Y para no dejar aún los hórreos, hay que ir a la aldea de Imo. Allí, entre las casitas pequeñas separadas por estrechas calles, hay un conjunto de once hórreos. La vikinga Catoira guarda algunas sorpresas y paisajes de postal como el que forman los molinos de viento de Abalo, únicos en Europa por su doble sistema de aspas.

Esta ruta prosigue hasta Cambados, donde se celebra la fiesta vinícola más antigua de Galicia. En la capital de la Denominación de Origen Rías Baixas no podía faltar un museo donde realizar una inmersión en la cultura vitivinícola de la región. Lo mejor será acompañar los vinos con alguna delicia gastronómica, como una buena empanada, unas zamburiñas a la plancha o unos deliciosos pimientos de Padrón. En plena ría de Arousa aguarda otro museo imprescindible para conocer la vertiente emprendedora gallega: el Museo do Muíño de Mareas da Seca revela una tecnología sorprendente de aprovechamiento de las mareas para la molienda.

 
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Foto: Turismo de Galicia

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De Agolada a Silleda entre secretos de piedra. Ruta total: 140 km.

Tal vez no sean tan famosas como las pallozas, los hórreos, los molinos o incluso los pazos, pero los pendellos también forman parte de la arquitectura tradicional gallega. Un buen ejemplo de ello son los pendellos de Agolada, utilizados como puestos de venta en el mercado. Para mantener viva la tradición, desde hace unos años en el mes de agosto se celebran tres días de fiesta en los que se realizan diversas actividades en este recinto histórico. Tampoco pasa desapercibida Santa María de Ventosa, una pequeña iglesia románica del siglo XIII que esconde en su interior un sorprendente conjunto escultórico y frescos medievales. 

Agolada también es el inicio de una ruta por algunas de las construcciones eclesiásticas más importantes de las comarcas pontevedresas Deza y Tabeirós. La iglesia de San Pedro de Vilanova de Dozón y su espectacular enclave natural son una parada imprescindible. También disfruta de un bello entorno natural el convento benedictino de Carboeiro, en pleno corazón de Silleda. Y para seguir con el espectáculo natural, lo mejor es acabar la ruta en la cascada del Toxa, entre abundantes fresnos y abedules.

 
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Foto: Turismo de Galicia

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De Lugo a Foz en busca de patrimonio cultural. Ruta total: 189 km.

Bajo la protectora mirada de su muralla romana declarada Patrimonio de la Humanidad en el año 2000, Lugo esconde intramuros el magnífico pasado de la antigua Lucus Augusti. Este es el maravilloso punto de partida para esta ruta hacia los tesoros más ocultos de la provincia. La aventura comienza muy cerca, con el monasterio de Ferreira de Pallares y  la iglesia de Santalla de Bóveda. Si se sigue viaje hacia el norte, la que aparece es la iglesia románica de Bacurín, de la segunda mitad del siglo XII. Y toca seguir hasta Outeiro de Rei para darse un homenaje a base de anguilas fritas antes de tener una cita con la austera belleza del Císter en el  monasterio de Santa María de Meira.

Para un nuevo encuentro con la historia hay que ir más al norte, hasta el municipio de Castro de Rei, donde se asentaron en poblados castreños, como el de Viladonga. Y de los orígenes de la arquitectura civil a los industriales con los molinos de Castroverde. La visita al enclave es una buena opción para disfrutar del paisaje de media montaña en toda su belleza.

Para rematar el viaje, hay que ir hasta una de las antiguas capitales de provincia lucense, Mondoñedo. Un paseo por su bello centro histórico se convertirá en la excusa perfecta para hacerse con la famosa tarta de Mondoñedo, con base de hojaldre, bizcocho, almendra, frutas escarchadas y cabello de ángel. No se abandona el sentido del sabor en esta ruta, pues la ruta lleva hasta el fértil valle de Lourenzá, famoso por sus habas y donde el viajero encontrará el monasterio de San Salvador. Finalmente, Foz aparece como el perfecto broche que cerrará este viaje.

 
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Foto: Turismo de Galicia

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De O Carballiño a Ribadavia por las joyas del Románico. Ruta total: 76 km.

Esta es tierra de vides y de pequeñas joyas arquitectónicas del románico como la iglesia románica de San Xiao de Astureses. Fundada por los templarios en el siglo XII, fue incorporada dos siglos más tarde a la Orden de San Juan de Malta. Siguiendo las huellas románicas, se llega hasta la iglesia de San Martiño de Cameixa, una edificación que a pesar de sus sucesivas reformas aún conserva su esencia medieval reflejada en la piedra tallada. 

La ruta prosigue hasta la iglesia de San Mamede de Moldes, construida en el siglo XII sobre un antiguo castro e integrada en el cementerio. Este santuario destaca tanto por su sencillez como por su entorno. Poco a poco aparecen los coloridos bancales de Leiro, donde se encuentra el convento cisterciense de San Clodio, construido en el siglo XII. Más muestras del románico rural aguardan en la parroquia de San Miguel de Lebosende, donde su iglesia aún conserva la portada occidental del románico tardío; también es parada obligatoria la iglesia de San Tomé de Serantes, una prototípica estructura de este período que luce un monumental rosetón.

En esta ruta va tocando mirar hacia la ribera del Avia, en concreto a Ribadavia, donde da la bienvenida la iglesia de San Xes de Francelos en el valle del mismo nombre. Fechada en el siglo IX, es una construcción única dentro de la arquitectura prerrománica. En Melón toca conocer el monasterio cisterciense de Santa María de Melón, una de las joyas menos conocidas de estas tierras. Entre iglesia e iglesia, hay que dejar tiempo para hacer una incursión en la gastronomía más típica, con una carne richada, unas anguilas o una buena ración de polbo á feira.

 
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Foto: Turismo de Galicia

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De A Merca a Xunqueira de Ambía entre pueblos con carácter. Ruta total: 112 km.

La mayor concentración de hórreos de toda España -hasta 35- aguardan en el conjunto de hórreos de la Merca. Así es el impactante inicio de esta ruta para conocer el patrimonio más desconocido de las tierras orensanas. Desde aquí, se prosigue hasta el pueblo de Vilanova dos Infantes para recorrer sus calles de espíritu medieval. Otro pueblo de gran belleza es Celanova, con su capilla mozárabe de San Miguel, ejemplo único en la Península Ibérica. A pocos kilómetros, el Castro de Castromao en una elevación que domina el río Arnoia que regala un poderoso horizonte. 

Se prosigue hacia el sur, siguiendo tanto los kilómetros como las huellas del pasado para encontrar algunas sorpresas ocultas como el templo visigótico de Santa Comba (en Bande) o la  la iglesia de San Salvador de Manín, conocida popularmente como la iglesia de Aceredo (en Lobios). Pero si de los que se trata es de ir más atrás en el tiempo, en Muíños están los dólmenes de Maus de Salas, uno de los yacimientos megalíticos más importantes de Galicia.

Tras relajarse en las calientes aguas termales de Baños de Bande, toca pasear por las románticas ruinas del claustro del convento do Bo Xesús de Trandeiras. En Allariz aguarda otro espacio para disfrutar como flâneurs rurales, con uno de los conjuntos históricos mejor conservados de Galicia y el convento de Santa Clara. Los gruesos muros del castillo de Maceda son el escenario ideal para despedirse de esta ruta.

 
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Foto: Turismo de Galicia

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De O Saviñao a Parada de Sil entre vides y conventos. Ruta total: 17 km.

En la cuenca del río Sil, frontera natural entre las provincias de Lugo y Ourense, espera un paisaje salvaje donde el tiempo se ralentiza entre bosques que parecen de cuento, pequeñas aldeas y unos viñedos tan verticales que producen vértigo de tan solo mirarlos. Y aunque ha sido precisamente su viticultura heroica la que ha puesto en el mapa a la Ribeira Sacra, esta ruta lleva a conocer algunos de los secretos de sus conventos mientras se disfruta de hermosos paisajes. 

Los que implantaron los primeros viñedos en esta región fueron las órdenes cristianas que se asentaron allá por el siglo XI. La primera parada es el Monasterio de Santo Estevo de Ribas de Miño. Construida a finales del s. XII, es uno de los ejemplares más impresionantes del románico rural gallego. Pero, sin salir de O Saviñao, está también la iglesia de San Paio de Diomondi, de origen mítico y legendario, pasó a ser benedictino en el siglo X. Siguiendo el curso del Miño, se alcanza la iglesia de San Martiño da Cova, a la que se accede tras atravesar un sendero de vegetación espesa  que parece un túnel del tiempo. Desde el próximo mirador da Cova, se tienen una fantásticas vistas de la garganta del Miño, el llamado Cabo do Mundo.

Como ocurre con O Saviñao, Pantón acumula un patrimonio histórico junto a un impresionante paisaje natural. La primera parada será el convento cisterciense de Santa María de Ferreira, aún habitado por una pequeña comunidad de monjas. Otras paradas en el camino son el antiguo convento de San Miguel de Eiré, del siglo X; la iglesia de Santo Estevo de Atán, con sus características celosías prerrománicas; y San Vicente do Pombeiro, de los s. XII y XIII. Son aperitivos para ir abriendo boca con lo que aguarda en Carballedo: la iglesia de Santo Estevo de Chouzán, declarada Monumento Histórico Artístico en 1950. Este templo fue trasladado piedra a piedra en 1962 para evitar que quedase sumergido por las aguas del embalse de Belesar.

El monasterio de Santo Estevo de Ribas de Sil es una parada imprescindible por su buen estado de conservación. Su construcción actual data del siglo XII y, aunque su origen se remonta al siglo X, en la actualidad se ha convertido en uno de los Paradores Nacionales y se trata de una base ideal para seguir explorando la zona, para alargar ruta hasta Esgos, donde aguardan en el convento de San Pedro de Rocas las primeras huellas del cristianismo en Galicia; o el mejor ejemplo monástico de arte renacentista gallego en el convento de Santa María de Montederramo. Ante tanta obra humana hay que dejar espacio a las obras monumentales de la naturaleza. En este caso, las que brindan la Parada de Sil, con los cañones más agrestes y escarpados de toda la Ribeira Sacra.

 

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