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Lisboa en verde y sostenible

No solo arte, gastronomía y modernidad, Lisboa es también una invitación a disfrutar de la naturaleza.

A Lisboa se la puede amar por sus plazas, por sus miradores, sus monumentos, por sus paseos relajados, por el ir y venir de los tranvías, por la figura eterna de Pessoa, por su deliciosa gastronomía, por sus cafés a modo de refugio. Son buenos argumentos, por supuesto. Pero a Lisboa también se la puede amar por su rostro amable y verde, por sus ideales condiciones para practicar deportes o para entrar en contacto con la naturaleza. Todo un mundo natural, deslumbrante y encantador, de diversas especies vegetales y animales y lugares privilegiados para su observación, aguarda al viajero: Lisboa, como un city break perfecto, suma de ciudad moderna y naturaleza. Eso es lo que espera a quienes hagan la maleta para visitar la capital de Portugal.

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iStock-1028904564. Con vistas a la costa

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Con vistas a la costa

Hay algo que pocas ciudades tienen tan presente como Lisboa: una estrecha relación con el río y la impresionante omnipresencia del mar. De hecho, hay que meter en la maleta el traje de baño y la toalla si se hace una escapada larga a Lisboa porque desde la ciudad caen cerca una buena colección de playas en Caparica. En total, unos  30 kilómetros de arenal, considerados como la ‘mayor playa de Europa’. En cuanto llega el buen tiempo, todos los lisboetas se van para allí. La playa más popular es Sao Joao de Caparica. Es la primera y desde ella se llega a ver de lejos Lisboa. Mientras que quienes prefieran disfrutar de las vistas de la costa de Lisboa, en las marismas de Lisboa y Cascais podrán alquilar todo tipo de embarcaciones. También salen una gran cantidad de excursiones que recorren la bahía de Cascais entre pintorescos barcos de pesca, playas y antiguos fuertes.

iStock-1006268798. A por la mejor ola

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A por las mejores olas

En Lisboa se puede pasar la mañana en un museo y salir de tarde para coger olas perfectas a pocos kilómetros del centro. Ericeira cae a sólo 50 kilómetros de la ciudad. De tradicional aldea pesquera, se ha convertido en destino surfero desde que sus costas fueron declaradas en 2011 Reserva Mundial del Surf, por cuenta de la organización norteamericana Save the Waves Coalition. Cuenta con siete emblemáticas olas con distintos grados de dificultad. Además, no hace falta ser un experto en la materia, las numerosas escuelas permiten a los principiantes aprender lo básico de este deporte para disfrutar tanto como los grandes surfistas que han hecho de Ericeira su base, como es el caso de Tiago Pires. Hay que destacar especialmente la Playa de Ribera d´Ilhas, donde se celebran pruebas del Campeonato Mundial de Surf. 

 
iStock-1058428312. Un gran pulmón verde

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El 'Central Park' luso

En un viaje sostenible y natural como este, hay que aprovechar la oportunidad para conocer el “pulmón de Lisboa”. Al oeste de la ciudad y con cerca de mil hectáreas de arboledas, el parque Forestal de Monsanto es una inmensa área forestal que contribuye diariamente a la renovación del oxígeno del área urbana. La presencia de este bosque salvaje, salpicado de eucaliptos, robles y pinos y recorrido por una extensa red de carriles bici, contribuye a retener la polución atmosférica y apoyar su ciclo del agua, permitiendo que la ciudad tenga un clima más atemperado. 

 
©Turismo de Turismo  Maurício Abreu – Observação de Aves – Lisboa Reserva Natural do Estuário (1). Obsevación de aves en Lisboa

Foto: Turismo de Lisboa

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Observación de aves

Uno de los planes más deseados en los últimos tiempos por una gran cantidad de viajeros es la observación de aves. Y es que la Reserva Natural del Estuario del Tajo está muy cerca de la ciudad y se trata de la más importante zona húmeda de Portugal. La región se ha convertido en una de las diez más buscadas por los birdwatchers en Europa que tienen a su alcance a golpe de prismáticos a miles de especies, como becadas, patos o cigüeñas. Es todo mérito del Espaço de Visitação e Observação de Aves (EVOA): Aquí el visitante puede apreciar más de 100 especies de aves en su estado salvaje, en más de 70 ha de humedales. El Centro de Interpretación, con espacio de exposición y cafetería, ofrece diversas actividades y programas de visitas guiadas interpretativas y de observación.

iStock-1360015044. Entre jardines y parques urbanos

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Entre jardines y parques urbanos

Y para seguir disfrutando de la naturaleza con un dress code urbanita nada mejor que los abundantes parques y jardines que salpican el entramado urbano de Lisboa. Hay  jardines, parques, jardines botánicos, grandes, románticos, barrocos, pequeños, modernos… Los espacios verdes de la ciudad son todo un oasis en los que recalar entre paseo y paseo. Está el Parque Eduardo VII, junto a la estratégica rotonda Marqués de Pombal, con su enorme alameda central cubierta de césped, sus estatuas, merendero y zonas de recreo infantil. El parque Gulbenkian es toda una sorpresa para los aficionados a los jardines más sibaritas. Y sin duda, el Jardim Botânico d´Ajuda debe estar señalado en todo mapa turístico que se precie, al igual que el emblemático Príncipe Real, punto de reunión de de lisboetas.

iStock-982394988. Apuesta por la bicicleta

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Apuesta por la bicicleta

Vale que Lisboa sea una ciudad de colinas y pendientes, pero eso no significa que no pueda ser descubierta a golpe de pedal. De hecho, el número y la extensión de ciclovías y áreas reservadas para los ciclistas está aumentando cada vez más. En muy poco tiempo, la ciudad ha pasado de contar con escasos kilómetros de carriles bici a cerca de 180 kilómetros  que permiten hacer recorridos tan interesantes y divertidos como el que va de Cais do Sodré a Algés, pasado Belém, con vistas de lujo al río, o el que conecta Belém con el Parque das Nações o el corredor vegetal que conecta Restauradores con el Parque Forestal de Monsanto.

 

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