Promocionado por Turismo de Navarra

Navarra: el reyno del verde

Desde bosques frondosos hasta selvas profundas, pasando por extensos valles y enormes cumbres, el reyno de Navarra se alza como uno de los estandartes del slow travel con el verde como telón de fondo.

Suele ocurrir que determinados paisajes tienen la capacidad de remitir en la mente del que los observa a un cierto tipo de imaginario colectivo. Por poner algunos ejemplos, los pintorescos pueblos de Alsacia recuerdan a los cuentos infantiles de Hans Christian Andersen, los bosques primarios de Hawái a las tierras fértiles por donde millones de años atrás pisaban los dinosaurios; las llanuras yermas de Fuerteventura a la pedregosa superficie lunar.

 

En Navarra, en cambio, un vistazo a sus profundos bosques enclavados entre bellos valles y grandes montañas basta para imaginar un pasado épico en que reyes, caballeros, brujas, trovadores, pastores, mercaderes, sacerdotes y demás estirpe medieval transitaban la espesa floresta que cubre gran parte del reyno. Y es que a excepción de algún escenario baldío de belleza extrema, como es el caso del desierto de las Bardenas Reales, el resto del territorio navarro está dominado por el verde más absoluto.

 

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Montañas de esmeraldas y jades

Foto: Turismo de Navarra

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Montañas de esmeraldas y jades

Antes que el otoño se cierna sobre la comunidad foral y el verde mute en una paleta de naranjas, amarillos y marrones, el reyno luce un pelaje lozano. Desde la Selva de Irati, el mayor hayedo de Europa, hasta los espesos bosques del Baztan, la Ultzama o Aralar, la denominada Alta Navarra representa un paraíso para los amantes de la naturaleza, el turismo activo y los lugares no masificados.

Las altas cumbres dan paso a la zona media, donde el verdor se deja notar en los viñedos. Estos peinan los cerros dibujando a su paso formas sinuosas y pintan las lomas de un color uniforme hasta que a finales de verano, la uva madura comienza a motear el paisaje de puntadas moradas que pronto se transformarán en sabrosos tintos o refrescantes blancos y rosados.

El turquesa está en los ríos...

Foto: Turismo de Navarra

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El turquesa está en los ríos...

No solo en lo vegetal se encuentra la diversidad de matices cromáticos, también en sus aguas. Por Navarra fluyen varios ríos, algunos destacan por su naturaleza cosmopolita, como el Arga que cruza la capital, mientras que otros se prodigan por su extensión como el Aragón, por su caudal como el Ebro o por poseer una conexión especial con esta tierra como el Bidasoa, pero ninguno despunta tanto por su belleza como el Urederra. De hecho, su nombre en euskera significa 'agua bella'.

El río nace en la sierra de Urbasa, a una hora aproximadamente de Pamplona, y baja unos 20 kilómetros hasta encontrarse con el río Ega, afluente del Ebro. Durante el recorrido, el cauce lleva consigo un vibrante color turquesa que ilumina el interior del bosque, y a medida que avanza, se precipita débilmente hasta configurar un paisaje repleto de saltos de agua y pozas naturales. Si se quiere presenciar el espectáculo natural, es obligatorio reservar el acceso, ya que se trata de un lugar protegido. 

 

... y en los mares

Foto: Turismo de Navarra

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... y en los mares

Cerca del Urederra se encuentra la localidad de Lerate, allí se encuentra el pantano de Alloz, una laguna marcada también por un intenso color turquesa que hace olvidar que Navarra no tiene salida al mar. Y al igual que lo hacen sus vecinos en el Cantábrico, en este pequeño mar interior -que casi parece caribeño- se practican todo tipo de deportes acuáticos: vela, windsurf, paddle surf, piragüismo, hidropedales, vuelos en parapente, pesca.

Verde capitalino

Foto: Turismo de Navarra

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Verde capitalino

Como no podía ser de otra manera, la propia capital lleva el verde por bandera. Poco a poco la naturaleza ha ido ganando terreno hasta el punto que en la actualidad representa el 15% de su superficie. En total, más de 60.000 árboles y 300 hectáreas de zonas verdes repartidas en distintos puntos aunque en su mayoría se concentran en cuatro coordenadas: los Jardines de la Belle Epoque que congregan los parques de la Media Luna y la Taconera; la Ciudadela que rodea al Castillo situado en el centro de la ciudad; los jardines de Yamaguchi; y por último, el Parque Fluvial que se concentra alrededor de la ribera del Arga. Una buena forma de disfrutar de este edén urbano es en bicicleta gracias a los carriles habilitados lo que le añade un punto de sostenibilidad más al plan.

Del campo a la mesa

Foto: Turismo de Navarra

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Del campo a la mesa

Pamplona se prodiga en el arte del buen comer, aunque el título es transmisible a cualquier punto de la geografía navarra. Ya se trate de sus famosos pintxos o de platos más elaborados, el recetario del reyno goza de una gran variedad de verdes, y es que siguiendo la filosofía del campo a la mesa, la gastronomía local es el reflejo de la variedad del paisaje.

El turquesa está en los ríos...

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