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Ocho razones que demuestran que viajar a Suiza es más necesario que nunca

Al país de Heidi le sobran las razones para ser el plan más atractivo para reconectar con la naturaleza, la cultura y la gastronomía.

Bajo la atenta mirada de los Alpes y de la cordillera del Jura, en Suiza la naturaleza lo inunda todo y se convierte en el hilo conductor de cualquier viaje. Ya sea en un road trip o en un recorrido en el tren panorámico, el visitante se topará con ciudades y pueblos sacados de un cuento, con la grandiosidad de sus bosques, ríos y lagos, y con lugares en los que la historia convive entre el presente y el pasado. Hay muchos motivos para viajar a Suiza y, aunque estos son solo unos pocos, en esta revista descargable encontrarás un sinfín de razones para visitarlo.

 

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Cañón de Ruinaulta © Suiza Turismo

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1. Un país a pleno pulmón

Los lagos y ríos dan forma al paisaje suizo en todo su conjunto haciendo que la vida cotidiana florezca en torno a ellos. Estos espacios, entre los que nacen algunos de los ríos más largos del continente europeo como el Rin y el Ródano, se han convertido en lugares de ocio a lo largo de todo el año.

Lauterbrunnen

Mürrenbachfall, en el valle de Lauterbrunnen © Suiza Turismo

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En invierno se posicionan como destino de caminatas y trekking lugares como el glaciar Aletsch que, con casi 23 kilómetros de largo, más de 80 kilómetros cuadrados y un peso de 11.000 millones de toneladas, es considerado un coloso de hielo sin igual en toda la región alpina. Mientras que, con el buen tiempo, las orillas de los lagos se transforman en espacios de ocio al aire libre y en el aliciente perfecto para disfrutar de un placentero, tranquilo y refrescante baño.

Sin embargo estos entornos naturales son para disfrutar todo el año, como la cascada Mürrenbachfall, la mayor cascada de Suiza, que precipita sus aguas a una altura de 417 metros sobre el valle de Lauterbrunnen, frente al que pasa el teleférico con las vistas más impresionantes del país, el que va de Stechelberg a Mürren.

Aletsch

Excursionistas con raquetas de nieve en Aletsch © Suiza Turismo

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2. El lugar donde conquistar las cumbres

Más allá de sus conocidos quesos y de la calidad de sus chocolates, no hay algo que se asocie más con Suiza que su singular orología. Sus montañas y glaciares conforman buena parte del retrato del ocio del país. No importa si es invierno o verano, si lo que se busca es esquiar, escalar, pasear o hacer rutas de trekking o en bicicleta recorriendo la naturaleza, las montañas siempre tendrán algo que ofrecer a sus visitantes.

Kilómetros y kilómetros de pistas conforman una amplia oferta para todo tipo de amantes del manto blanco. Davos es perfecta para los esquiadores de fondo; Saas-Fee para los aficionados al snowboard y el freestyle; en Jungfrau encontrarán su espacio quienes busquen redescubrir la naturaleza de cerca, al contar con un recinto acristalado con vistas al Jungfraujoch y al glaciar del Aletsch, Patrimonio de la Unesco. Y el Cervino, con sus 4.478 metros de altitud, engloba toda la oferta: suaves pendientes para los principiantes, nieve en polvo para los aventureros y experiencias en grupos para esquí de travesía.

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Morteratsch © Suiza Turismo

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Pero no todo es nieve en Suiza: el turismo activo en plena naturaleza es otro de sus grandes atractivos. Pasear por sus prados alpinos, recorrer sus frondosos bosques o culminar una cumbre montañosa, se posicionan como una de las actividades más fascinantes del país. Y es que Suiza cuenta con una red de senderos balizados de más de 65.000 kilómetros, con la que se puede llegar a pie a prácticamente cada uno de sus rincones.

Hay rutas para lograr llegar a la cima de algunas montañas, como la del Monte Generoso y el Valle di Muggio, el sendero por los Picos del Jura o la Vía Alpina, con maravillosas vistas panorámicas. Recorridos que bordean lagos y ríos, como el de Unterseen, la ruta de los puentes en Brugg -donde se unen los ríos Aar, Reuss y Limmat-, o la del lago Lemán, donde se encuentra el castillo de Chillon, uno de los más visitados por pintores y artistas. Y rutas para la observación de animales en el Parque Nacional Suizo, el más antiguo de Europa Central, donde ver en libertad osos, cabras montesas, ciervos o quebrantahuesos, entre otros de los miles de especies de fauna y flora que pueblan en el entorno alpino.

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Kapellbrücke © Suiza Turismo

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3. Arte en todas partes

La historia de las ciudades y los pueblos en Suiza se encuentra prácticamente intacta. La suerte de no haber sufrido guerras ni catástrofes naturales ha permitido que las zonas antiguas y los cascos históricos permanezcan impolutos ante el paso del tiempo, hasta el punto de que invitan a hacer excursiones arquitectónicas por los distintos estilos del último milenio. Esto lo ha fomentado la mentalidad suiza, enfocada a construir para la eternidad: para crear un patrimonio histórico consolidado en el que el pasado y el presente van de la mano.

De esta forma las construcciones históricas, como el puente Kapellbrücke -construido sobre el río Reuss y considerado el puente de madera más antiguo de Europa bajo cuyo techo se exponen 110 pinturas del siglo XVI- o el castillo de Chillon -el que fuera durante casi cuatro siglos la residencia de los condes de Saboya a orillas del lago de Ginebra-, conviven con la arquitectura contemporánea ofreciendo un interesante paseo por sus edificaciones a lo largo de la historia.

Cultura atrae a cultura

Fondation Beyeler © Suiza Turismo

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La pasión por el arte y la cultura se une a la importancia por la arquitectura hasta el punto de crear en Lausana Plateforme10, un barrio dedicado en exclusiva al arte, en el que se aúna el proyecto visionario del Museo de Arte Cantonal, el Musée de l’Elysée de fotografía y el Museo de Diseño y de Artes Aplicadas Contemporáneas.

Sobre la arquitectura más reciente, cabe destacar la Fondation Beyeler, en Basel, creada por el matrimonio de coleccionistas Hildy y Ernst Beyeler y considerado uno de los museos más bellos del país cuyo interior acoge exposiciones de primera clase de arte moderno y contemporáneo. Y en el ámbito de la investigación destaca Technorama, el Swiss Science Center ubicado en Zúrich, en el que se permite a todos los visitantes conocer de primera mano los fenómenos de la ciencia y los secretos del sol, el viento y el agua al aire libre.

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Quesería alpina en Gruyères © Suiza Turismo

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4. Unos sabores que se visitan

Uno de los iconos de la gastronomía de Suiza son sus quesos. Le Gruyère, Emmentaler, Tête de Moine, Appenzeller o Sbrinz, son algunos de los quesos más afamados cuyo nombre ya habla por sí mismos. Sin embargo, además de degustarlos, un punto muy interesante es conocer de cerca cómo es su proceso de elaboración artesanal en cada una de las pequeñas queserías alpinas. Lo mismo sucede con el chocolate, donde las fábricas de reconocidas marcas mundiales tienen sus sedes. Maison Cailler, Stettler & Castrischer son algunas de ellas, pero sin duda el centro de visitantes más novedoso es el de Lindt Home of Chocolate en Kilchberg, cerca de Zúrich.

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Lavaux © Suiza Turismo

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El enoturismo es otro de los grandes atractivos del país que más se está poniendo de moda. En el Lavaux, Patrimonio de la Unesco desde 2007, los viñedos crecen bajo el reflejo del sol en el lago Lemán, que además de luz transmite el calor que absorben sus 400 kilómetros de muros de piedra que conforman las terrazas de viñedos. Ese el motivo por el que las vides crecen allí especialmente bien, convirtiendo esta zona la mayor área vinícola continuada de Suiza.

Tampoco hay que olvidar uno de sus licores digestivos que más controversia ha generado a lo largo del tiempo: la absenta. Este aguardiente originario del Val de Travers, elaborado a base de hierbas aromáticas, estuvo prohibido en la Constitución suiza hasta 2005, cuando volvió a la legalidad. Desde entonces, puede beberse en todo el país, especialmente en la ciudad barroca de Solothurn, en Grüne Fee -hada verde-, un bar dedicado en exclusiva a esta bebida y también en la Maison de l'Absinthe en Môtiers Ne (Jura). 

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Carnaval del Basel © Suiza Turismo

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5. Eventos para marcar en el calendario

A lo largo de todo el año, Suiza congrega eventos de diferente índole adaptándose a todos los públicos. Uno de los espectáculos que más gente atrae a comienzo de año es el Carnaval de Basilea, Patrimonio de la Unesco desde 2017. Su duración es exactamente de 72 horas, durante las cuales, los participantes ataviados con disfraces coloridos hacen enloquecer la ciudad del Rin.

Una tradición viva

Subida del ganado a las montañas © Suiza Turismo

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Con la llegada del verano, comienza otro de los eventos más característicos de la zona: cuando miles de vaqueros se van a vivir con su ganado a las granjas alpinas para alimentar a sus animales del pasto crecido durante la primavera. Tanto en la subida como la bajada, al finalizar el verano, diversas localidades de Suiza Central se tiñe de color en una celebración tradicional en la que los vaqueros se visten con trajes folklóricos y los animales se adornan con coronas de flores para celebrar este periodo.

6. Tener la sostenibilidad por bandera

Etang de la Gruyere © Suiza Turismo

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6. La sostenibilidad por bandera

En un país en el que la mayor parte de su riqueza procede de la naturaleza -en el más amplio sentido de la palabra-, Suiza tenía que posicionarse como uno de los líderes en sostenibilidad. Y así lo ha hecho. En el Environmental Performance Index (EPI), el Índice de Desempeño Medioambiental que valora la contaminación del aire, la calidad del agua, la biodiversidad y la utilización de recursos naturales, Suiza ocupó la primera posición en 2012. Además, en el estudio de Mercer sobre la calidad de vida, Zúrich, Ginebra y Berna, se encuentran en las primeras diez posiciones.

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© Suiza Turismo

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Para lograr encabezar estas listas, desde hace 125 años la Ley Federal sobre el Bosque vela por que la superficie de los bosques del país se mantenga como mínimo igual en extensión puesto que en Suiza un tercio del país es bosque. Además, se apuesta por las energías renovables y el transporte público como los trenes, para los que cuentan con 3000 kilómetros, logrando que cada 12 minutos pase un tren de los 9000 que circulan a diario y que conectan gran parte de los puntos del país.

Un viaje panorámico

© Suiza Turismo

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7. Sobre raíles y en formato panorámico

Una de las formas más cómodas de recorrer Suiza (y de disfrutar de su paisaje) es en sus trenes panorámicos. El Grand Train Tour of Switzerland permite a los visitantes recorrer los tramos ferroviarios más famosos y bellos del país haciendo del viaje una experiencia única.

Sus vías recorren 1.280 kilómetros con la ventaja de que no hay una duración o una dirección predeterminada, con el Swiss Travel Pass el viajero puede subir y bajar donde quiera. Ya sea en las cataratas del Rin o en el lago de Lucerna, en Zermatt o St.Moritz, en el cantón del Ticino o en Lavaux.

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Bernina Express © Suiza Turismo

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Uno de esos recorridos, posiblemente el más impactante de todos, es el Bernina Express, que va de St.Moritz a Lugano. Y es que, detrás de St.Moritz empieza el increíble mundo glaciar del macizo del Bernina con todo cubierto de blanco hasta llegar a la estación Ospizio Bernina, el punto más alto del recorrido, que con sus 2.253 metros de altura es considerado el puerto de ferrocarril más alto de Europa.

Un Road Trip a la suiza

Zug © Suiza Turismo

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8. Un Road Trip a la suiza

La Gran Ruta Suiza propone al visitante un recorrido en carretera para descubrir a lo largo de 1.643 kilómetros los grandes atractivos turísticos del país, dando por completo la vuelta a Suiza y conectando los puntos turísticos más destacados a través de las más bellas carreteras y las rutas más espectaculares.

Este road trip, que se divide en etapas, permite descubrir sus 22 lagos, 5 puertos alpinos, 12 lugares nombrados Patrimonio de la Unesco y numerosos lugares de interés como el Castillo de Hallwyl, el Monasterio benedictino de St.Johann, la Capilla de Tell, Friburgo, la ciudad medieval de Gruyères, Murten o Ascona.

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Romont, Región de Friburgo © Suiza Turismo

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Los más bellos tramos van de Neuchâtel a Berna, recorriendo los cinco lagos y varios ríos bajo la atenta mirada de imponentes montañas como Eiger, Mönch y Jungfrau; de Lugano a Zermatt, en una ruta con desnivel que cruza los puertos de San Gotardo y Furka; y de Appenzell a St.Moritz, un recorrido convertido en un viaje por el tiempo al pasar por el Museo de Usos y Costumbres de Appenzell, con más de 400 años, hasta llegar a Coira -la ciudad más antigua de Suiza-.

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