Por qué este verano hay que volver a Alicante

Es momento de visitar la capital de la Costa Blanca y dejarse seducir por sus paisajes playeros, su patrimonio cultural y su herencia gastronómica.

Asomada al mar Mediterráneo y custodiada por los fieles montes Benacatil y Tossal, Alicante se abre al mundo como la ciudad del arroz, de las hogueras de San Juan y de la luz. No en vano, sus playas de arena fina y paseos con palmeras, sus barrios históricos y puertos náuticos y el sabor del arroz conforman la seña de identidad de una ciudad tan playera como urbana, tan deportiva como gastronómica y tan festiva como cultural. Convertida hoy en una ciudad cosmopolita y abierta, las calles de Alicante se arremolinan entre dos castillos que son el punto de partida ideal para recorrerla y conocer su historia.

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Turismo de Alicante. Una ciudad entre castillos

Foto: Turismo de Alicante

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Una ciudad entre dos castillos

Coronando el monte Benacantil a 166 metros de altitud, al castillo de Santa Bárbara le sobran motivos para enamorar: es uno de los mayores bastiones medievales de España y testigo indiscutible de la historia de la capital alicantina. Y no es para menos, puesto que gran parte de los hechos históricos acontecidos en la ciudad han estado directamente relacionados con el castillo y su posición defensiva.

Tras un período funcionando como cárcel durante la Guerra Civil Española, en la actualidad se ha convertido en todo un atractivo histórico de Alicante. Está organizado en cuatro recintos ubicados a diferentes alturas y de tres épocas distintas: el Macho del castillo (recinto A), donde se encuentran los restos más antiguos de la fortaleza; la ampliación del siglo XVI (recintos B y C), cuando se levantan las principales dependencias del castillo como es el caso del Cuartel de la Tropa o el Cuerpo de Guardia; y las últimas ampliaciones (recinto D) como consecuencia de la guerra que fechan de los siglos XVIII y XIX.

El otro baluarte de Alicante, el castillo de San Fernando, vive asomado al interior, en la zona del monte Tossal y el cerro de San Francisco. Recibe su nombre del rey Fernando VII y se construyó para completar la línea defensiva de la ciudad durante la Guerra de la Independencia. Su ubicación ofrece una de las mejores vistas de la ciudad, donde se concentran todo tipo de atractivos: arte urbano, zonas verdes, plazas y parques, monumentos, museos, edificios históricos, mercados, comercios con encanto e incluso refugios antiaéreos. 

Alicante

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Un paseo por el Casco Antiguo

Aferrado a los pies del Castillo de Santa Bárbara, el barrio de Santa Cruz invita a descubrir sus casas blancas engalanadas de azulejos y flores, callejuelas y escaleras empedradas y edificios históricos, entre los que se encuentra la iglesia de Santa Bárbara, la más antigua de la ciudad. Edificada en el siglo XIV sobre los restos de la mezquita mayor islámica de Alicante, atrapa todas las miradas gracias a su portada barroca con una imagen de la Virgen, realizada por el escultor Juan Bautista Borja. En el interior, destaca una enorme pila bautismal del siglo XVI y un órgano barroco valenciano del año 1653.

A escasos metros, la Concatedral renacentista de San Nicolás se alza con las tan reconocibles cúpulas azules que motean el interior y el litoral alicantino. Debajo de la cúpula principal, la Capilla de la Comunión es considerada una de las más bellas muestras del barroco español. Cerca, el Ayuntamiento ocupa un palacio barroco del siglo XVIII donde se encuentra la Cota Cero en el primer peldaño de la escalera principal, el punto de referencia que mide la altitud sobre el nivel del mar en cualquier lugar de España.

Alicante. Museos

Foto: Turismo de Alicante

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De museo en museo

Podría decirse que el barrio de Santa Bárbara es el Triángulo de Arte de Alicante, con el MACA y el MUBAG como principales protagonistas. El primero, el Museo de Arte Contemporáneo, presume de estar emplazado en el edificio civil más antiguo que se conserva en la ciudad, de 1685, pero sobre todo de exhibir una importante colección de arte del siglo XX, formada principalmente por obras donadas por el escultor Eusebio Sempere, aunque cuenta también con piezas de Chillida, Picasso, Dalí y Miró. Por su parte, el Museo de Bellas Artes Gravina expone una interesante colección de pintores alicantinos de entre los siglos XVI y las primeras décadas del XX en las paredes de un edificio del siglo XVIII.

Cerca también se puede visitar el Museo de las Hogueras, que explora la evolución de las fiestas más importantes de la ciudad, las Hogueras de San Juan, y el Museo de Belenes que recoge la gran tradición belenista de Alicante. Sin olvidar el Museo de la Ciudad de Alicante (MUSA) ubicado en el Castillo de Santa Bárbara y el Museo Arqueológico Provincial (MARQ) en las antiguas instalaciones del Hospital Provincial San Juan de Dios de Alicante.

Alicante

Foto: Turismo de Alicante

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El epicentro de Alicante

El Casco Antiguo se abre al mar a través de la Explanada de España que, en paralelo al puerto, se extiende desde la Puerta del Mar hasta el Parque de Canalejas como una de las vías más populares de la ciudad de Alicante. Construido durante la primera mitad del siglo XX, el paseo marítimo conforma una de las postales por excelencia de la ciudad gracias a las palmeras que lo bordean y a su suelo, decorado con 6.600.000 teselas de mármol tricolor que forman un mosaico con un característico diseño que imita las olas del mar.

Aparte de ofrecer un amplio espacio para pasear, se convierte en un epicentro cultural que en septiembre se transforma con la Feria de Artesanía, donde encontrar productos típicos como turrones y artesanías, así como la puerta de entrada al Puerto Deportivo y a la playa del Postiguet. 

Playas para todos

Foto: Turismo de Alicante

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Playas para todos

En la playa de Postiguet, situada en pleno casco urbano de la ciudad a los pies del monte Benacantil y frente al Castillo de Santa Bárbara, es fácil tumbarse en la arena o darse un chapuzón en cualquier época del año gracias a la temperatura media anual de Alicante, superior a los 18ºC y con más de 3.000 horas de sol al año. Más alejada del centro y accesible en autobús o tranvía, se encuentra el arenal más conocido de Alicante: la playa de San Juan, con 3 kilómetros de arena fina y unas aguas que invitan a disfrutar de actividades náuticas y de áreas deportivas, así como de sus locales de ocio y restauración.

Al noreste de la ciudad, entre la Serra Grossa y el yacimiento arqueológico del Tossal de Manises, la Albufereta es el contrapunto perfecto al resto de arenales alicantinos, más pequeña y resguardada que el resto. A esta le siguen la Alambrada y Cabo de las Huertas, un grupo de calas situadas en una zona acantilada de aguas cristalinas ideales para disfrutar del mar con tranquilidad, alejados del bullicio de la ciudad y con vistas de Alicante. Hacia el sur, la zona residencial Saladares-Urbanova posee una amplia extensión de arena donde desconectar y practicar deportes. 

Las playas de Alicante año tras año reciben el reconocimiento de la Unión Europea con Banderas Azules y muestran que a la capital de la Costa Blanca, que alberga localidades de renombre turístico internacional como Benidorm, Calpe, Jávea o Altea, no le faltan los días de arena y olas.

Alicante. Actividades acuáticas...

Foto: Turismo de Alicante

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Actividades acuáticas y otros deportes

Su litoral y entornos abiertos hacen de Alicante un destino ideal para el desarrollo de los deportes y la competición náutica durante todo el año, siendo puerto de Salida de la prestigiosa Regata Internacional The Ocean Race y contando con fondos marinos protegidos como la Reserva Marina de la Isla de Tabarca. Y no es para menos, ya que se pueden disfrutar de más de 32 kilómetros de costa. Además, el Club Náutico Costa Blanca, ubicado en la playa de la Albufereta, y la Marina Deportiva de Alicante permiten alquilar materiales para practicar vela, buceo, submarinismo, surf, windsurf, pesca deportiva o esquí acuático.

La ciudad cuenta con cuatro clubes náuticos y con seis playas preparadas para recibir a deportistas todo el año, destacando la Playa de San Juan por sus grandes dimensiones y extensiones de arena donde se encuentran zonas acondicionadas para practicar voley, baloncesto y minifútbol. Sin abandonar la zona costera, los amantes de la natación también encuentran su lugar gracias al canal de nado en aguas abiertas Serra Grossa, accesible a través de la Albufereta y catalogado como el más extenso de España con 2.000 metros balizados. Otra opción es visitar alguna de las cuatro piscinas de la ciudad, que conforman parte de sus recintos deportivos donde practicar atletismo, tenis y padel u otros deportes. Alicante cuenta, además, con dos campos de golf de 18 hoyos dentro de su término municipal y otros tres en un área muy cercana.

Alicante también es verde

Foto: Turismo de Alicante

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Alicante también es verde

Un extenso entramado de carriles bici señalizados conectan la ciudad de norte a sur, permitiendo conocer tanto los enclaves históricos como los espacios naturales de Alicante. Entre estos, se encuentran parques y jardines que, junto a la Explanada de España, conforman la red de espacios verdes de la ciudad. El Parque el Palmeral es uno de los más especiales de la ciudad, formado por un bosque de palmeras, estanques, lagos y ríos artificiales, que además dispone de instalaciones deportivas, pista de bicicross y un templete con actuaciones.

En la ladera del Monte Benacantil a los pies del Castillo de Santa Bárbara y frente a la playa del Postiguet, el Parque de la Ereta se vuelca a la ciudad con sus impresionantes vistas, mientras que el Parque Gabriel Miró abraza la literatura alicantina con una plaza que homenajea al escritor a escasos metros de la Explanada. Otro de los espacios más tradicionales de Alicante es el Parque Canalejas, donde habitan ficus centenarois de hasta 20 metros de altura. 

Rumbo a Tabarca

Foto: Turismo de Alicante

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Rumbo a Tabarca

La joya de la corona de todo viaje a Alicante es una visita en barco a la isla de Tabarca. Una vez allí, varios recorridos permiten conocer la el pueblo fortificado, donde visitar su iglesia de San Pedro y San Pablo y dejarse caer por alguno de sus restaurantes, la Torre de San José, el faro o el Museo de Nueva Tabarca y las numerosas calas y playas que motean su litoral.

Con una longitud de 1800 metros, sus costas albergaron en el pasado una base de piratas berberiscos, y en el siglo XVIII el Rey Carlos III ordenó levantar en ella un pueblo en el que alojó a varias familias genovesas que habían sido rescatadas del puerto tunecino de Tabarka. Para profundizar en esta historia, el Museo Nueva Tabarca exhibe una exposición permanente que analiza los valores patrimoniales de la isla, desde los geográfico-geológicos, hasta los medioambientales, pasando por su patrimonio histórico y etnográfico. Además, mediante una proyección audiovisual se adentra en la historia entre el hombre y el medio marino, además de recoger la riqueza patrimonial de la isla y sus costumbres.

Aparte de sus playas y calas de agua cristalina, el visitante puede disfrutar de una gastronomía única con su conocido Caldero, un plato tradicional de la isla que debe su nombre al recipiente de hierro donde solían cocinarlo los pescadores. El también denominado “cocido de mar” se cocina con pescados típicos de la zona como son el salmonete, la gallina o la lechola y se sirve en dos partes: por un lado el arroz, y por otro el pescado acompañado de patata hervida y alioli. 

Alicante. La ciudad del arroz

Foto: Turismo de Alicante

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La ciudad del arroz

Si por algo es conocida la ciudad de Alicante es por sus arroces. A banda, del senyoret, negro o con conejo y caracoles. Seco, meloso o caldoso. Como sea, pero con su ingrediente estrella como protagonista: el arroz. Junto a este, la base de la preparación se elabora con ingredientes característicos de la dieta mediterránea: el aceite de oliva virgen extra, el azafrán de hebra, el tomate, la ñora y los ajos, así como un fondo de pescado al que se añaden verduras frescas y sofritas en la paellera con productos del mar: pescados (atún, emperador...) crustáceos (langostinos, gambas...) y moluscos (mejillones, sepia, calamares...). De hecho, la historia de Alicante, su situación geográfica, su clima y la fertilidad de sus tierras han ido dotando a su gastronomía de una enorme riqueza y variedad.

Quienes busquen restaurantes con la receta tradicional y calidad en los productos lo tienen fácil gracias al sello Alicante Ciudad del Arroz, una apuesta de la ciudad por potenciar su plato estrella e impulsar los negocios locales.

Alicante. Un mundo de sabor y color

Foto: Turismo de Alicante

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Un mundo de sabor y color

Los arroces son solo la puerta de entrada al panorama culinario alicantino, que cuenta con montaditos, los panecillos rellenos típicos de esta zona que combinan carnes y salazones con verduras y que se han popularizado en el resto del país, y aperitivos como los salazones, la mojama, huevas, ventresca de atún, tonyina de sorra y arenques. Sin olvidar las cocas saladas con atún (coca amb tonyina) o sardina, y el esmorzaret alacantí a base de sardina salada, huevo frito y ñora. Las gambas rojas o los langostinos, quisquillas y cigalas, los calamares o los salmonetes completan las delicias del mar.

Para elaborar el postre, Alicante mira hacia su interior con los rollitos de anís, la coca boba (bizcocho esponjoso dulce), dátiles y frutos secos, así como los helados y el turrón de Jijona o el chocolate de la vecina población de Villajoyosa. El vino es otro de los elementos que no falta en la mesa alicantina, destacando los vinos tintos de doble capa y color intenso, los rosados y blancos jóvenes de uva monastrell, vermeta o garnatxa y el Fondillón, vino añejo alicantino de fama mundial.

Todo esto se puede degustar en la variedad de establecimientos situados en el muelle de Levante del Puerto, pasando por los bares de tapas de la zona de la famosa Rambla de Méndez Núñez y los restaurantes de comida casera del Casco Antiguo. Junto a estos, una variada oferta de comercios locales se despliega por las calles alicantinas.

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