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La Siberia Extremeña está de aniversario

Planes para celebrar su primer cumpleaños como Reserva de la Biosfera.

La Siberia extremeña tiene que ver poco con la estepa rusa que supera los 50 grados bajo cero en invierno con facilidad. Tampoco es tan extensa, es más verde, tiene cielos azules y un clima suave la mayor parte del año. No se sabe muy bien cómo acabó recibiendo el apelativo de la otra. Algunos dicen que vino por la dificultad de acceso, pero eso, en todo caso, sería en tiempos remotos. Hoy está a poco más de dos horas en coche desde Madrid.

 

Otros cuentan que fue un embajador español, conocedor de las estepas rusas, que encontró cierto parecido entre una y otra y acabó por popularizar el nombre. Sea como sea, este año, La Siberia extremeña celebra su primer aniversario como Reserva de la Biosfera. En total, cerca de 156.000 hectáreas y 11 municipios que dan para mucho: colinas de bosques tupidos, dehesas, olivares, llanuras de pastos y agua, mucha. Un paisaje singular donde disfrutar del senderismo, de las aves, de un rico patrimonio histórico, del piragüismo y otras actividades de agua o de la observación de estrellas… Son sólo algunas de las muchas propuestas para disfrutar del ansiado reencuentro con la naturaleza y del aire libre, alojándose en alguno de los muchos alojamientos rurales que hay en el territorio. 

 
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Foto: Reserva biosfera la siberia

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Mucha naturaleza...

Kilómetros y kilómetros de naturaleza en estado puro, eso es lo que se encuentra el viajero que recorre la Reserva de la Biosfera de La Siberia. Tal vez el paisaje que primero viene a la mente es el de la dehesa; pero en realidad hay tal colección de sierras, campiñas, olivares y valles que más que una comarca parece todo un continente. Hay que llevar prismáticos y una buena guía de naturaleza para aprender a reconocer y dar nombre a las encinas, alcornoques, quejigos, enebros, acebos, a alguna de las 170 especies de aves, o a los 40 de mamíferos, 13 de anfibios, 12 de reptiles y 19 de peces que habitan este poderoso entorno que el mismísimo Félix Rodríguez de la Fuente recorrió en muchos momentos. Diríase que por aquí circulan casi más venados que coches.

Destacan algunos lugares con nombre propio, como la Reserva Regional del Cíjara, un inmenso espacio natural que ocupa 25.000 hectáreas, en su mayor parte de montes frondosos. También, con un nombre que no desencajaría para nada en la Tierra Media de Tolkien, los Valles de Consolación.

 
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Foto: Reserva biosfera la siberia

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Y mucha historia

Al oeste de Castilblanco, justo donde las estribaciones de los Montes de Toledo caen sobre Extremadura, aparece Valdecaballeros, el pueblo que dijo no a una central nuclear y sí a la historia y a la naturaleza. En un entorno de gran belleza y junto a uno de los largos brazos del pantano García de Sola, se encuentra una construcción megalítica que es testimonio de cómo La Siberia lleva poblada desde hace millones de años. Se trata del dolmen de Valdecaballeros, un monumento funerario megalítico clave en la historia de la comarca. En el paraje, la naturaleza vibra y huele a manzanilla y hierba. 

No es ni mucho menos el único vestigio histórico de La Siberia. Hay mucho más: ciudades romanas, castillos del siglo XV como el de Puebla de Alcocer o el Castillo-Fortaleza de Herrera del Duque; puentes medievales, como el de la Mesta, en Villarta de los Montes, completamente visible cuando baja el nivel del pantano; pinturas rupestres como las de Risco, Peloche o Fuenlabrada de los Montes.

 
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Foto: Reserva biosfera la siberia

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Sí, sí, en un lugar de la Mancha

No, no hay ningún error… Puebla de Alcocer está en La Siberia extremeña, pero tiene una especial mención en el libro más importante de la literatura Castellana, vestigio del importante legado histórico de esta localidad.  Este importante hecho es debido a Alonso Diego López de Zúñiga Sotomayor y Guzmán, entre otros muchos títulos, era vizconde de esta localidad y, a la postre, uno de los mecenas más importantes del Renacimiento Español. Hasta tal punto, que Miguel de Cervantes Saavedra le dedicó su obra más universal: “Dirigido al Duque de Béjar: Marqués de Gibraleón, Conde de Benalcaçar, Vizconde de la Puebla de Alcozer, Señor de las villas de Capilla, Curiel y Burguillos”.

Pero hay muchos más atractivos y curiosidades. Por las empinadas calles de Puebla de Alcocer, transitó un personaje muy popular de fines del S. XIX: El "Gigante extremeño", todo un Pau Gasol de la época que midió 2,35 metros y vivió gran parte de su vida como estrella circense. En el pueblo le han dedicado incluso un museo con vida y milagros.

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Foto: Reserva biosfera la siberia

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Paisajes épicos

Precisamente, en Puebla de Alcocer se erige uno de los dos castillos que aparecen recortados en el horizonte de La Siberia extremeña. Es el castillo perfecto, corona la cima de un pico rocoso y sobresale la Torre del Homenaje sobre las antigua muralla. Las vistas del embalse de la Serena y del de Orellana son espectaculares. El otro castillo en cuestión es el de Herrera del Duque (ss. XV-XVI). Ambos son testimonio de la importancia que acumuló la poderosa Orden de Alcántara durante la Reconquista en estas tierras. 

Al primero se llega cómodamente por carretera,  mientras que al de Herrera del Duque, se puede llegar, además de en vehículo propio, tras un paseo de apenas media hora, apto para todos los públicos, que recompensa con las panorámicas de la zona y los Valles de Consolación que rodean Herrera.

 
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Foto: Reserva biosfera la siberia

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Kilómetros en las botas

No hay mejor forma de entrar en contacto con La Siberia que recorrerla a pie, disfrutando del aire libre. La comarca cuenta con una completa red de 45 buenas opciones, entre las que se encuentran desde rutas para hacer en familia a más completas para senderistas avezados.

  • Ruta “Sendero del Castillo”, en Puebla de Alcocer, o la “Senda Embalse del Guadalemar”, en Fuenlabrada de los Montes, son senderos para todos los públicos.
  • Una de las rutas estrella de La Siberia extremeña es el sendero del "Sotillo". Poco más de 16 kilómetros circulares y una dificultad media para empaparse de uno de los paisajes más bellos de la comarca: bosques de pino, quejigos, encinas y manchas de monte mediterráneo de madroños, brezos y romero entre otros. Durante el recorrido se podrá disfrutar del paisaje en el área recreativa del arroyo del Sotillo, con abundante helecho en el sotobosque que ocupan frecuentemente los cérvidos en las parideras.
  • La senda “Garganta de los Acebos” es otra buena apuesta, una ruta de carácter botánico, de dificultad baja, cubierta por abundante vegetación propia de los bosques de galería y, en primavera, por las bellas flores de las peonías. La ruta facilita la observación de aves forestales como mitos, herrerillos o petirrojos. La presencia de agua y la frescura sombreada de la garganta es un atractivo adicional para hacerla en los meses de estío.
  • El sendero del “Collado de Consolación”, en Herrera del Duque, ofrece un atractivo paseo de unos 13 km de longitud, circular de dificultad baja, con acceso desde el casco urbano, donde se puede encontrar el paisaje típico de la dehesa extremeña y bosque mediterráneo, además de discurrir por una zona de especial protección para aves, que permite observar rapaces, insectívoras y jilgueros.
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Foto: iStock

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O a dos ruedas

Hay hasta 16 rutas debidamente señalizadas para poder darle a los pedales. La de los Robledillos, por ejemplo, permite rodar con avistamientos de ciervos, gamos y aves. También se puede recorrer el Camino a Guadalupe o la Reserva Regional de Caza de Cíjara, entre otros senderos. De largo recorrido, destaca por la belleza de paisajes la “Ruta de los Embalses”, con sus 4 etapas que suman casi 39 km. La Ruta GR 114, Camino Natural del Guadiana, brindará experiencias potentes con sus impresionantes 215 km por la zona de La Siberia.

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Foto: Reserva biosfera la siberia

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Con la mesa puesta

La naturaleza y el aire puro abren el apetito… Algo que no es problema en La Siberia, donde hasta el foodie más reputado se encontrará a sus anchas. Y es que, de entrada, el aceite, la miel, el vino, los quesos,  la cerveza y las mermeladas artesanas son grandes embajadores de esta tierra. Por supuesto, no puede faltar el escarapuche de Peloche, una especie de ensalada que originalmente se preparaba con pescado de río, macerado con una vinagreta y acompañada de tomate y cebolla, que tiene también su alternativa con carne asada. La caldereta de cordero, las migas, el guiso de liebre o los embutidos siberianos, son delicias imprescindibles. Todo regado con Pago de Casasolas, por ejemplo, un tinto elaborado en Castilblanco. Entre los postres y dulces, el repertorio hará las delicias de cualquiera: los bodigos de Tamurejo (dulce típico de Todos los Santos), canutos, canelillas, rosquillas de yema, rabos de calabacín, flores de miel...

En la localidad de Peloche, a orillas del pantano y con unas vistas espectaculares, está La Barca del Tío Vito.  El Andaluz en Villarta de los Montes, La Huerta en Puebla de Alcocer, la Vaguada en Valdecaballeros y los muchos y variados restaurantes de Herrera del Duque completan la oferta para hacer un máster en comida tradicional siberiana.

 
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Foto: Reserva biosfera la siberia

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Vistas, ¡y qué vistas!

 

Una veintena de miradores repartidos por todo el territorio permiten ver la comarca desde todos los ángulos posibles. Destacan: el Mirador del Morro en Tamurejo, con vistas de la Sierra de la Siruela y de las poblaciones de Puebla de Alcocer, Talarrubias, Siruela, Baterno, Garbayuela y Fuenlabrada de los Montes. El Mirador de Las Poyatas en Helechosa de los Montes y el Mirador de La Grajera, ubicado en la solana de la Sierra de la Dehesilla, en la Reserva Regional de Caza Cíjara.

 
 
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Foto: iStock

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un beeeeeeeello Patrimonio inmaterial de la humanidad

El triángulo que forman los pueblos de Garbayuela, Tamurejo y Siruela presenta unas condiciones muy especiales para la cría de la oveja merina, tradicional de La Siberia.  Sus pastos y dehesas alimentaban en invierno a una extensa cabaña de ovejas, para luego, en verano, ir en busca de hierba fresca a la Meseta Norte. Es lo que se conoce como la trashumancia, un método clave para la conservación de especies autóctonas, algo que fue reconocido como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Dos cañadas reales cruzan aún la comarca, la Leonesa Oriental y la Segoviana, en recuerdo al poder que ostentó siglos atrás esta industria. Si se quiere disfrutar del espectáculo de ver rebaños rumiar entre hectáreas de encinares, hay diferentes empresas que ofrecen la experiencia guiada.  

Pero las ovejas no las únicas que hacen trashumancia. También, las abejas. La Siberia suma algo más de 270.000 colmenas, lo que convierte la región en una potencia de apicultura, cuya capital se encuentra en Fuenlabrada de los Montes, donde se puede visitar el Museo de la Miel. Sea de abejas o de ovejas, la Reserva de la Biosfera de La Siberia brinda la posibilidad de experimentar en qué consiste esta práctica con distintas actividades y eventos para ser apicultor o pastor por un día.

 
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Foto: Reserva biosfera la siberia

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Avistamiento de aves

Antiguamente lo de tener pájaros en la cabeza era interpretado como algo negativo de la personalidad. Pero diríase que hoy la expresión tiene un nuevo significado mucho más positivo. En La Siberia acuden muchos aficionados que sólo tienen pájaros en la cabeza, tanto de España como de todo Europa. En inglés se ha dado en llamar a esta afición como 'birdwatching', algo así como avistamiento de aves, y la comarca es uno de los mejores espacios de España para esta actividad.

La Reserva de la Biosfera de La Siberia es un auténtico paraíso ornitológico, en el que se puede llegar a avistar más de 170 especies diferentes de aves. La riqueza medioambiental permite además que sean de una gran variedad. Para ver al gran buitre leonado basta con acercarse a los cortados rocosos que encajan los embalses. Además es un buen enclave para divisar al halcón peregrino, el búho real o a la cigüeña negra, entre otras muchas especies. Por supuesto, lo mejor será no dejarse los prismáticos en casa y descargar la app ’Orniguía La Siberia’ para tener todos los pájaros, no en la cabeza, sino en el bolsillo.

 
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Foto: Reserva Biosfera La Siberia

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Y sin dejar de mirar al cielo

Aparece la noche y el universo parece casi que se podría tocar con la mano. Gracias a que la Reserva de la Biosfera de La Siberia tiene uno de los cielos más limpios de Europa, aquí es fácil contar estrellas, las hay por millones. Para encontrarlas todas basta con dirigirse a Helechosa de los Montes, al Centro de Interpretación de los Recursos del Entorno de Cíjara, donde se ha instalado uno de los Miradores Celestes de la red de Extremadura Buenas Noches. A las 22.00 h, la piedra artificial retro iluminada se enciende, revelando el secreto del paisaje estelar que hay en el cielo en ese momento.

 

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Foto: Reserva biosfera la siberia

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¡Todos al agua!

Ni rastro del mar, pero eso no significa que La Siberia no pueda regalar algún que otro divertido plan playero. Lo cierto es que por esta comarca extremeña discurren los ríos Zújar, Guadalupejo, Estena y Guadiana y hay, desde la década de los 60, cinco grandes embalses, por lo que el agua se ha convertido con el tiempo en un interesante recurso turístico: es la región con mayor número de kilómetros de costa interior en España. 

En la playa de Peloche, a orillas del embalse de García de Sola, el hormigón tiene color de arena y los parasoles de esparto triunfan cada año, llenando el lugar de un agradable ambiente familiar. Cuando en verano el sol aprieta con ganas, es un plan refrescante para la mayoría de habitantes de los pueblos de las cercanías. No le falta chiringuito donde despedir una tarde perfecta. A la de Peloche, se le suman otras estupendas playas y piscinas naturales, además de los cinco embalses -Embalse de Cíjara, Embalse García de Sola, Embalse de Orellana, Embalse de la Serena y Embalse del Zújar- perfectos para hacer un poco de piragüismo, paddle surf o incluso esquí acuático.

 
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Foto: Reserva biosfera la siberia

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Sin olvidar los atardeceres

Dicen que el agua es el principal medio de La Siberia. Pero no habría que olvidar los cielos de esta comarca, que son amplios, casi infinitos, anchos y amplios a la vez que limpios. Por lo tanto, ideales para que los atardeceres luzcan en todo su esplendor. Cuando el sol comienza a declinar con el crepúsculo de la tarde, el cielo gana en tonalidades de gran belleza que van del naranja al morado. Cualquier rincón es suficiente para no perderse el espectáculo natural, aunque puestos a destacar, se podría mencionar el Mirador del Portillo del Cíjara o, para atardeceres algo más hedonistas, la terraza de la Barca del Tío Vito, en el Embalse de García de Sola.

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