Una ciudad gigantesca

Solsona, un mundo de piedra y color

La tercera etapa del desafío 'Grand Tour' lleva a los concursantes hasta una ciudad de gigantes que esconde un apabullante patrimonio histórico.

Solsona es la capital de la comarca del Solsonès, a ella le da nombre y de ella recibe toda su esencia. Hay que pasar a la fuerza por la ciudad, descubrirla a ritmo pausado, porque aún mantiene uno de sus principales atractivos: la calma que cautivó al poeta Josep M. de Sagarra y también la riqueza de un patrimonio histórico que se remonta a la fecha de su fundación, allá por el S. X. La muralla que la protegía entonces hoy es visible en algunos pequeños fragmentos que se integran en el entramado del casco antiguo y en los tres portales que le dan acceso a sus calles estrechas y adoquinadas, plazas recoletas, casas de sillares y sorprendentes vigas… todo acompañado por el rítmico sonido del agua de sus fuentes. Aguardan sorprendentes tradiciones, mucha cultura y una gastronomía como para chuparse los dedos.

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Foto: Turisme Solsonès

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La sorprendente “comarca de las mil masías”

Así se conoce el Solsonès por su bella estampa rural de campos de cultivo y pequeñas colinas, que a muchos les recuerda a la Toscana. Un escenarios de llanos, masías y un rico patrimonio histórico que se puede descubrir siguiendo parte del GR-7 que recorre la comarca. Caminando es como se descubrirá mejor el Solsonès sur, vertebrado por el río Negre que cruza la ciudad de Solsona por debajo del puente principal para ir hacia el sur, al encuentro del Cardener. Siguiéndolo, a medio camino del valle, aparece Riner, un pequeño pueblo de atmósfera medieval, declarado Bien Cultural de Interés Nacional. En él destaca su torre cuadrangular. Precisamente, tanto la torre de Riner como la parroquia de Sant Martí son excelentes miradores del valle del Río Negre y el Arroyo del Estany. En el municipio destaca el importante conjunto monumental del santuario del Miracle, con su bellísimo retablo barroco.

 
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Foto: Turisme del Solsonès

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Érase una ciudad a un poema pegada

Esta plaza es una de las más características de Solsona, y en ella están todas sus virtudes concentradas. Por ello, éste debería ser el lugar del primer encuentro con el centro histórico. En medio de la plaza destaca una fuente del siglo XV, antiguamente conocida como la Fuente Mayor, con una capilla justo encima dedicada a San Juan. Ahí, en la parte posterior, está el poema ‘Recuerdo de Solsona’, del poeta Josep M. de Sagarra. Tal vez quien mejor captó la esencia de la ciudad: “Aquesta plaça és tota recollida, Tan aquietadora i tant suau. Que sembla un replanet d’una altra vida. On s’anés abeurar – hi un glop de pau”. Así pues, la ciudad, tan recogida, discreta, tranquila y suave, que se antoja un pequeño rincón de otra vida. 

 
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Foto: iStock

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El flâneur medieval

El casco antiguo de Solsona, además de bello es uno de los mejores conservados de Catalunya. Aún tiene el inconfundible trazado medieval de cuando fue una ciudad amurallada a la que se accedía por portales que de noche quedaban sellados por recias puertas de madera. Hoy se conservan tres de aquellos portales. Traspasarlos es hacer un viaje en el tiempo: el de Llobera, el del Pont y el del Castell y el de Llobera. La Plaza Mayor porticada, lugar de 'hedonismo gigantero' durante la Fiesta Mayor, es el corazón de este centro histórico. Para conocerlo hay que lanzarse a la calle como un flâneur. Sólo así aparecerán las sorpresas y las emociones: hay que prestar especial atención a los cabos de las vigas talladas, a los muros medievales, a los lavaderos y fuentes, a las fachadas modernistas… La calle de Llobera, que debe su nombre al importante linaje familiar, es un escaparate urbano de casas de mercaderes construidas con piedra y adornadas con las famosas cabezas de viga que aparecen bajo los aleros. Y todo ello, a un paso, para perderse con toda comodidad.

 
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Foto: Turisme Solsona

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Una catedral collage

Se pase por donde se pase, todos los caminos llegan a la catedral de Solsona. Cualquiera diría que está en el mismo centro, pero la verdad es que ocupa una esquina del entramado de calles. Su máxima característica es que engloba algunas de las corrientes artísticas más importantes sin perder armonía. Se trata de algo así como un catálogo de estilos románico, gótico y barroco: de la iglesia románica (1070-1163) se conserva el campanario, el claustro, los tres ábsides, el comedor y la bodega de los canónigos, aunque la catedral actual es de estilo gótico, mientras que la puerta de la plaza de la Iglesia es neoclásica, con un relieve de San Agustín y la fachada de la plaza de Palau es barroca, con un relieve de la Asunción. No hay que perderse la imagen de la Mare de Déu del Claustre, una de las tallas más importantes del románico catalán. 

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Foto: Hotel Santroc

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Modernismo más allá de Gaudí

Barcelona es el epicentro del modernismo catalán más famoso allende las fronteras, pero resulta que a menos de dos horas, en Solsona hay varias muestras de lo mejor de esta corriente artística engullida por la enorme figura de Antoni Gaudí. Ahí está el hotel San Roc, uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad. Diseñado por los arquitectos  Ignasi Oms i Bernardí Martorell, discípulos ambos de Antoni Gaudí, abrió sus puertas en 1929. Su coronamiento fácilmente recuerda a las casas que bordean los canales de Ámsterdam. Aún hoy sigue abierto, y sus 25 habitaciones personalizadas guardan todo su encanto con detalles de decoración exquisitos, un spa y una sauna. Junto a la iglesia hay un cementerio modernista diseñado en 1916, también de Bernadí Martorell.

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Foto: Turisme de Solsona | Joan Caelles

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La ciudad con más gigantes por m2

Sí. Los gigantes existen más allá del reino de Fantasía. Bastará visitar Solsona para corroborarlo, pero tendrá que ser especialmente durante el Carnaval o en la Fiesta Mayor. Visitar Solsona en carnavales es como llegar a otra ciudad. Aquel perfil discreto y tranquilo que destacó Josep M. de Sagarra queda maravillosamente desbordado por el color y el baile alocado de los gigantes, que ‘golpean’ con sus enormes brazos articulados a la gente animada que baila junto a ellos. El Gegant Boig es el más carismático de todos los ‘gigantes locos’ que se fabricaron como mofa a los gigantes mucho más serios y cariacontecidos de la Fiesta Mayor, que se celebra cada año a primeros de septiembre y que está considerada como fiesta patrimonial de interés nacional (se remonta al siglo XVII. 

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Foto: Turisme del Solsonès

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Una tarde en el museo

En los alrededores de Solsona se hallan vestigios que demuestran que ya había por aquí habitantes en el neolítico. Aunque el origen de la Solsona actual hay que situarlo algo más adelante, en el siglo X. Fue cuando la ciudad nació entorno de su castillo y del monasterio. Para conocer todo este legado histórico, lo mejor es pasarse por el Palacio Episcopal del siglo XVII, donde se ubica el Museo Diocesano y Comarcal, a la postre, uno de los más antiguos de Cataluña (fue fundado en 1896). En sus salas se respira una atmósfera de calma a lo largo de todo el recorrido, con espacios dedicados al barroco, al gótico, al renacimiento. A buen seguro que los frescos románicos con el Apocalipsis de Sant Quirze de Pedret capturarán toda la atención. 

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Foto: Hotel Monegal

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¡Al rico queso!

Al Solsonès se la conoce como "la comarca de las mil masías". Así que para conocer las tierras a las que la ciudad de Solsona da nombre, habrá que hacer alguna excursión por los alrededores. A media hora de camino está la quesería Valette, una recomendable experiencia gastro para conocer los sabores de la comarca. Allí, además de saborear los diferentes quesos acompañados con productos de temporada, existe la opción de descubrir la carta del restaurante hotel El Monegal. Todos los productos son Km 0, orgánicos y de la tierra, muchos cultivados y producidos por ellos mismos. imperdibles los huevos estrellados con manzana y trufa. 

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Solsona, un mundo de piedra y color

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