Del mar al Teide

Tenerife No Limits: los mejores planes para disfrutar de la isla haciendo deporte

Desde las estimulantes aguas del Atlántico hasta las cumbres del Teide, un viaje a través de las actividades y disciplinas que hacen que este lugar sea un estadio deportivo... natural.

No hay dudas de que el Teide y los paisajes volcánicos que moldeó a base de constantes erupciones hace millones de años son la imagen más reconocible de Tenerife. Tampoco sorprende su gastronomía o su magnífica temperatura, que supera los 22 grados centígrados de media anual. Pero ahora, a esa lista de estímulos hay que sumarle un nuevo atractivo por el que la idea de visitarla se vuelve una opción aún más difícil de rechazar.

Bajo la marca Tenerife No Limits, la mayor de las Canarias se presenta en sociedad como el destino perfecto para practicar todo tipo de deportes, desde buceo, surf o kayak, hasta barranquismo, parapente o espeleología, sin dejar a un lado el senderismo o el ciclismo. Un cúmulo de planes y disciplinas que demuestran que este destino parece haber sido concebido para ponerse en forma en un entorno incomparable. 

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Zambullirse en Tenerife, literalmente

Turismo de Tenerife

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Zambullirse en Tenerife, literalmente

En realidad, el Teide mide unos siete mil metros solo que aproximadamente la mitad se encuentran sumergidos bajo las aguas del Océano Atlántico. El volcán descansa cerca del límite donde los oceanógrafos marcan el inicio de las fosas abisales, alrededor de los 4.000 metros de profundidad. Resulta fascinante pensar en la cantidad y la diversidad de animales y plantas que viven a su alrededor, pero descubrirlos todos sería una tarea casi inabarcable, pues entre otros aspectos, exigiría embarcarse en un viaje más propio de Jacques Cousteau o James Cameron a bordo de pequeños submarinos.

Bajo el mar se esconden especies de todo tipo, desde grandes cetáceos como los calderones a gigantescas colonias de chicharros, jureles, caballas o sardinas que dejan a su paso un reguero de destellos plateados. A la colección se unen animales como la tortuga boba, que al igual que los turistas, llegan de zonas muy lejanas atraídos por la calidez de sus aguas. Estos animales cruzan el Atlántico desde Estados Unidos, México, Brasil o Cuba hasta el archipiélago canario, lo que se traduce en más de 6.000 kilómetros. Cinco meses después de haber emprendido el trayecto, ya en verano, los ejemplares están completamente asentados y observarlos es una delicia al alcance de cualquiera ya que se encuentran con relativa facilidad. Sorprenden también los angelotes por su forma de contonearse al nadar y su capacidad de mimetización, o las mantarayas que más que nadar parece que vuelen, o las anguilas jardineras, la morena picopato o los pequeños tiburones que añaden la dosis de adrenalina a la experiencia.

Tenerife cuenta con más de sesenta puntos de inmersión, que no solo atraen a advenedizos que quieren iniciarse en el buceo, sino también a algunos de los mejores apneístas del mundo, y es que dejando de lado su riqueza marina, los más de treinta metros de visibilidad y la temperatura media del agua que ronda entre los 19 grados en invierno y 26 grados en verano son otras de las grandes bazas con las que cuenta el litoral tinerfeño. 

Domando los alisios

Foto: Turismo de Tenerife

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Domando los alisios

La ruta sigue en la superficie, pero sin salir del mar. De nuevo, los vientos alisios son los responsables de crear otra maravilla natural. Son ellos, junto con las bajas presiones atlánticas, los que han convertido los más de 300 kilómetros de costa en un auténtico patio de juego para los amantes del surf y el resto de modalidades como por ejemplo el kitesurf, la vela o el windsurf.

Tenerife cuenta en su haber con hasta doce olas diferentes como la Almáciga, la Machacona o la Derecha del Conquistador. Todas ellas distintas unas de otras, con paisajes tan dispares que van desde el fondo volcánico, el arrecife, las rocas o la arena. Aun así, pueden agruparse en dos grandes tipos: las del norte, que rompen bravas contra los arrecifes volcánicos y las del sur, de arena o roca, que son más accesibles para principiantes debido a la calma y serenidad de su oleaje.  

Bordeando el litoral

Foto: Turismo de Tenerife

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Bordeando el litoral

Es precisamente gracias al temperamento relajado del sur que uno puede echarse al mar sin temor a grandes riegos. En esta zona, la costa parece haberse tomado un relajante muscular porque las olas mueren en la orilla mansas, perfectas para transitar el litoral a bordo de una tabla de paddle surf o un kayak y descubrir lugares que de otra manera sería imposible encontrar.

Con los remos como único motor, la ruta deja al viajero postales de ensueño, como los acantilados de Los Gigantes, situados entre los municipios de Buenavista del Norte y Santiago del Teide. Las enormes paredes de roca parecen transportar la mente a un mundo primigenio, y de paso, te hacen sentir pequeño, terriblemente indefenso a expensas de los elementos. Pero el mar transcurre sosegado y la ruta prosigue dejando atrás cuevas y calas naturales siendo la Caleta de Adeje, Los Cristianos, Las Galletas o la Playa de las Teresitas algunos de los mejores lugares donde practicar este deporte panorámico.

En continua ascensión

Foto: Turismo de Tenerife

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En continua ascensión

Atrás queda la negritud con la que la lava pintó hace miles de años parte de las playas de la isla. Toca ganar altura y qué mejor manera de hacerlo que a golpe de pedal. La bicicleta puede resultar especialmente dura para los deportistas no experimentados ya que según la ruta que se elija se pueden llegar a batir los casi 4.000 metros de ascenso acumulado. Esta es una de las razones por las que algunos de los mejores ciclistas del momento, como el cuatro veces campeón del Tour de Francia, Chris Froome, lleva eligiendo año tras año Tenerife como el lugar donde poner su cuerpo a punto antes de las grandes citas. Afortunadamente, también existen rutas mucho más placenteras, travesías llanas que bordean los pueblos de casitas blancas a pie de mar, perfectas para familias que simplemente deseen dar un paseo en bicicleta.

Tras esta demostración de grandeza vegetal, llegan los bosques de laurisilva. Esta planta ancestral marca el punto donde termina la escalada en bicicleta y comienza otra aventura, la de dejarse atrapar por todos los estímulos que uno puede encontrar al adentrarse en un paisaje lunar absolutamente arrebatador. En esta franja que varía entre los 600 y 1.200 metros de altura suelen congregarse grandes mantos de nubes ocasionando lo que se conoce como ‘lluvia horizontal’. El penúltimo escalón está formado por los bosques de pinos canarios que cortan su ascensión prácticamente en la cumbre. Entonces, el paisaje cambia de nuevo y los árboles son sustituidos por especies adaptadas a climas muy secos como el tajinaste rojo, las retamas o las violetas del Teide.

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Foto: Turismo de Tenerife

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El sendero con mayor desnivel de España

Como colofón a esta aventura, a finales de 2020 se inauguró la ruta 040, o lo que es lo mismo: el sendero con mayor desnivel de España. Más de 50 kilómetros de subidas y bajadas -de los cuales cerca de 28 son de ascenso- que unen el mar con el techo de Tenerife, como si un hilo trazara una línea una línea desde la orilla de la playa hasta la cumbre del volcán. La senda comienza a rás de mar, en la playa de arena negra del Socorro, en el municipio norteño de Los Realejos. Tras dejar atrás algún que otro poblado, el Teide comienza a hacer acto de presencia casi de manera inmediata y la pirámide volcánica ya no dejará de ser visible hasta coronar la cima. Hacerlo suele conllevar de media unas 12 horas aproximadamente o entre 4 y 6 si se quiere completar corriendo. Sin duda, un reto extenuante que requiere de una gran resistencia tanto física como mental, por lo que en la mochila no puede faltar el avituallarte con agua suficiente y con reserva energética y suplementación.

Anaga. Montaña a través

Foto: Turismo de Tenerife

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Montaña a través

El Macizo de Anaga tal vez sea la mejor carta de presentación para introducirse en la selva tinerfeña. Un bosque terriblemente espeso y húmedo situado en la zona central de la isla, que corresponde con uno de los tres conos volcánicos que emergieron inicialmente por lo que automáticamente le confiere el honor de ser una de las zonas más vetustas de Tenerife. En las cumbres se halla un tesoro prehistórico: los bosques de laurisilva. Formados por laureles, líquenes, sanguinos, brezos, sauces, mocanes, viñátigos, fayas y naranjos salvajes, entre otras especies vegetales, hace veinte millones de años, estos montes cubrían gran parte del norte de África y el sur de Europa hasta que la glaciación y el cambio climático acabaron con ellos. En la actualidad, solo se encuentran en algunos puntos muy determinados de Sudamérica, Sudáfrica y las Canarias. Tan importantes son para la vida salvaje que aquí se concentra el mayor número de especies por kilómetro cuadrado de toda Europa, un hecho que le valió ser reconocido en 2015 como reserva de la biosfera por la UNESCO.

Anaga es uno de los tantos senderos repartidos por todo Tenerife, de hecho, congrega más de 1.000 kilómetros de rutas por las que caminar y perderse entre bosques y llanuras a cielo abierto como el Paisaje Lunar, cerca de Villaflor, el Malpaís de Güímar o la Montaña Blanca, en pleno parque del Teide.

 

La cara extrema del monte

Foto: Turismo de Tenerife

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La cara extrema del monte

La laurisilva no solo encierra vida salvaje, también una cartografía marcada por los saltos, paredes y cuevas que perforan la montaña, como es el caso de la Cueva del Viento. Ubicada en el pueblo de Icod de los Vinos, hogar del conocido como Drago Milenario, la caverna ostenta el honor de ser el tubo volcánico más grande de Europa y el quinto mayor del mundo. Se formó hace aproximadamente 27.000 años cuando el exterior de un enorme brazo de lava se enfrió mucho más rápido que su interior. El resultado fue un enorme túnel de 17 kilómetros de profundidad que se adentran en las entrañas de la montaña de forma totalmente natural. Avanzar por el tramo habilitado a las visitas de poco más de un kilómetro de profundidad es hacerlo enfundado en un casco con linterna integrada mientras se observan con atención las formas caprichosas que la lava dibujó a su paso.

A las cuevas le acompañan uno de los sellos más reconocibles de la isla, los barrancos. Descender por las heridas de la tierra es una de las experiencias más demandas y es que la isla cuenta con infinidad de ellos desde los que lanzarse al vacío y dejar que la adrenalina recorra el cuerpo mientras el agua de una cascada te empuja hacia abajo.

A vista de pájaro

Foto: Turismo de Tenerife

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Desde las alturas

En ese electrocardiograma que es el ascenso y descenso por paredes, rocas y salientes, la cumbre comienza a vislumbrarse cada vez más cerca. La violeta del Teide es una de las señales que avisa a los senderistas de su proximidad, y es que esta flor endémica de Tenerife que apenas se alza unos centímetros del suelo crece a partir de los 2.700 metros pintando a base de pequeñas motas liláceas los campos de lava hasta el pico.

Ya arriba, el paisaje es insuperable. Los colores ocres se funden entre sí dando lugar a una panorámica propia de otro planeta. En este punto deshacer lo andado sería una posibilidad, pero llegados hasta aquí la opción más divertida es saltar al vacío a bordo de un parapente, dejar que la adrenalina se apodere de cada músculo y disfrutar del paisaje con el volcán como telón de fondo. Descender lentamente al ritmo de los alisios mientras se va oteando en el horizonte algunos de los pueblos costeros es una de las experiencias más formidables que ofrece la isla que por su orografía y clima se ha convertido prácticamente en un estadio deportivo… natural.

Domando los alisios