Libros

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"El Camino más corto", Manuel Leguineche

El camino más corto se recorre en algo más de 600 páginas y pasa por dar una vuelta al mundo que duró más de dos años. Un viaje en el que participó un joven de 23 años, Manuel Leguineche, que con el tiempo se convirtió en una de las figuras más legendarias del periodismo español. El primer capítulo comienza así: “Harold Stevens, el Jefe, palmeó varias veces sobre la bruñida chapa del todoterreno como si fuera el lomo de un pura sangre”. Es el pistoletazo de salida para un recorrido lleno de aventuras que contagia la emoción por descubrir el mundo. Manuel Leguineche escogió el título de un fragmento del libro Diario de viaje de un filósofo, de Hermann Keyserling: “El camino más corto para encontrarse uno a sí mismo da la vuelta al mundo”.

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"El tao del viajero", Paul Theroux

Toda una enciclopedia portátil para el viajero escrita por Paul Theroux, uno de los más grandes escritores estadounidenses actuales; sobre todo en materia de viajes, autor de clásicos ya del género como El gran bazar del ferrocarril: en tren a través de Asia (1975) o El viejo expreso de la Patagonia: un viaje en tren por las Américas (1979). El valor de El tao del viajero está en que evidencia toda la poética viajera que hay detrás de un gran viajero como es Paul Theroux. El resultado: un divertido compendio de anécdotas, autores que le influyeron, citas, reflexiones y observaciones acerca de qué significa el viaje.

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Viajes con Heródoto (Kapuscinski)

“Al fin y al cabo, el viaje no empieza cuando nos ponemos en ruta ni acaba cuando alcanzamos el destino”, escribió Ryszard Kapuscinski. Empieza mucho antes, y, de alguna forma, nunca acaba porque es una actitud vital. Kapuscinski era reportero en la empobrecida Polonia de los cincuenta. En aquello tiempos, una idea le obsesionaba: “Me preguntaba qué sensación se experimentaba al cruzar la frontera”. Así es como logró viajar por primera vez fuera de su país, a la India, donde llegó a Delhi con un ejemplar de la Historia de Heródoto bajo el brazo. Éste clásico del periodismo, más que a viajar, nos enseña a mirar: la mirada a los otros como elemento fundamental de todo viaje. El libro es un personal homenaje al historiador griego, que acompañó a Kapuscinski a lo largo de toda su trayectoria vital y profesional a lo largo del mundo.

Foto: GTRES

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"Cinco viajes al infierno", Marta Gellhorn

“El único aspecto de nuestros viajes que tiene público garantizado es el desastre”, así era la inteligencia que se solía gastar Martha Gellhorn, escritora, periodista y aventurera americana de arrolladora personalidad. Tanta, que dejó plantado a Hemingway tras cinco años de matrimonio. Hizo lo que se le antojó en sus 90 años de vida; sobre todo, viajar como corresponsal por diferentes lugares de África, España, México, sin rehuir nunca algunos de los destinos más conflictivos del mundo por entonces. Este libro reúne algunas de sus muchas anécdotas y experiencias a lo largo del mundo.

Foto: Ricardo Liberato

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"Guía para viajeros inocentes", Mark Twain

Son varios los argumentos para considerar a éste uno de los libros de viajes más importantes dentro del género. Pero resumiendo: primero, lo escribió Mark Twain, padre de personajes emblemáticos como Tom Sawyer; segundo, en él narró el que, probablemente, fue el primer viaje organizado de la historia ("una excursión a Tierra Santa, Egipto, Crimea, Grecia y lugares de interés intermedios"); y, tercero, porque su lectura de más de 600 páginas, aún hoy,  depara una serie de divertidísimas impresiones acerca del viaje moderno.

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"En los mares del Sur", Robert Louis Stevenson

Si de niños soñamos con ser piratas no es más que por el tesoro escondido. De mayor, muchos siguen buscándolo en sus viajes. Para Robert Louis Stevenson su tesoro se encontraba en cualquier lugar con un clima benigno para sus pulmones castigados por la tuberculosis. Así es como llegó a los mares del Sur. En el año 1889, acompañado de su esposa Fanny y su hijastro Lloyd Osbourne, llegaba a bordo del velero "El Casco" las Islas Marquesas, las Pomotú, Hawai, las Gilbert y Samoa. Finalmente, se asentaron en Samoa, en la isla de Upolu, para morir pocos años después, en 1894. Este libro es una obra autobiográfica en la que narra todo lo que vio y experimentó durante este periplo por los mares del Sur. El resultado, un conjunto de artículos con un detalle minucioso y una riqueza en descripciones que transportan al lector a estos paradisíacos parajes.

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"El pez escorpión", Nicolas Bouvier

El pez escorpión (1982), en realidad, es comenzar por la mitad de un viaje. De Nicolas Bouvier hay que hablar de tres libros de viajes míticos publicados en diferentes fechas pero que explican un mismo viaje: el realizado entre los años 1953 y 1956, junto a su buen amigo Thierry Vernet, desde Yugoslavia a la India, Ceilán, y Japón. Los caminos del mundo (1963), narra la primera parte; mientras que, en Crónica japonesa (1975) explica el final de su largo recorrido. En concreto, El pez escorpión es el libro con el que Nicolas Bouvier consiguió, 27 años después, narrar su experiencia -dolorosa y a la vez, reveladora- en Ceilán, la antigua Sri Lanka, donde se vio forzado a hacer un alto durante meses, enfermo y deprimido. Y es que, como él mismo dejó escritor: “Crees que vas a hacer un viaje, pero enseguida el viaje es el que te hace, o te deshace”.

Jarrod Castaing

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"Viajes con Charlie", John Steinbeck

“Cuando yo era muy joven y tenía dentro esa ansia de estar en otro sitio, las personas mayores me aseguraban que al hacerme mayor se me curaría este prurito”. Pues bien, ahí está John Steinbeck, todo un Premio Nobel de Literatura, para desmentir que el instinto nómada pase con la edad. A los 58 años y tras un ictus cerebral, el autor se fue de viaje junto a su perro Charlie, un caniche francés “viejo y caballeroso”, a lo largo de Estados Unidos. De aquella experiencia, escribió este libro: Viajes con Charley en busca de Estados Unidos (1960). El libro, genial entre la realidad y la ficción, no deja de ser un canto, aunque nostálgico, a la libertad del viaje.

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"Viaje al Japón", Rudyard Kipling

No es un libro de viajes al uso. Incluso, Kipling se inventó a un personaje para poder tener un contrapunto a la hora de hablar de Japón, el país que, en 1889, fue su última escala en Asia antes de seguir ruta en barco hacia Estados Unidos. El libro narra desde una perspectiva muy subjetiva, en momentos rayando la irónica superioridad, varios lugares del "País del Sol naciente". Un Japón “del que proceden el alcanfor, la laca y las espadas de piel de tiburón [...]”. Kipling hace lo que debe hacer cualquier viajero: admirarse constantemente. Y si bien el país ha cambiado mucho desde su visita, vale la pena volver a este clásico, aunque sólo sea por la magnífica prosa y sus bellos pasajes descriptivos.

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"En las antípodas", Bill Bryson

Bill Bryson es de esa gente que siempre, siempre, aparece en las fotos con una gran sonrisa. Sonrisa que se te queda marcada en el rostro cuando comienzas a leer y que se mantiene tiempo después tras la última página del libro. El humor y la ironía son dos de los principales rasgos de este prolífico autor de libros de viajes. “Nuestros instintos culturales nos dicen que cuando se viaja tan lejos, se debería encontrar, por lo menos, gente a camello…”, esto lo dice el bueno de Bill Bryson al llegar a Australia, el único país que es a la vez continente, y ver que la gente no va en camello, que, precisamente, no es una de las especies endémicas; pero que, por contra, hay algunos de los animales más peligrosos del planeta.

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"Venecia", Jan Morris

Nadie como Jan Morris para encarnar la pasión nómada que nos empuja a ir siempre tras un nuevo horizonte. El viaje viene a enseñarnos de alguna forma que la identidad no es estable. Jan Morris lo sabía y tal vez por ello, con menos de 40 años ya había dado varias vueltas al mundo, había sido militar, corresponsal de guerra y había tenido tiempo, incluso, para coronar el Everest. Le falta, eso sí, culminar su transformación en mujer, porque, por entonces, aún se llamaba James Morris. Como escritora, es la autora de varios libros clásicos de viaje. El que dedicó a Venecia, donde vivió un largo tiempo, es uno de ellos: una historia desbordante, subjetiva y apasionada de la ciudad. Justo lo que necesita en estos tiempos de masificación turística.

 

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"En el camino", Jack Kerouac

Se publicó por primera vez en 1957 y más que un libro, es un auténtico mito. Un torbellino de sensaciones, de vida, de continuo movimiento. Esta es la biblia de la generación beat, escrita en un rollo de papel contínuo en una sola noche empujada por la benzedrina, o eso dice el mito de su génesis (en realidad fueron tres semanas y sucesivas ediciones). Este libro es un enfurecido canto a la libertad, su ritmo es el del Bebop, el jazz de los años 40; en él, la carretera es metáfora de la vida,  y está dedicado a la única gente que le interesaba a Jack Kerouac: “la gente que está loca por vivir, loca por hablar, loca por salvarse, con ganas de todo al mismo tiempo, la gente que nunca bosteza ni habla de lugares comunes”.

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"Cartas desde Estambul", Mary Wortley Montagu

¡Qué viajera! Mary Wortley Montagu fue la primera persona que accedió a los espacios más privados e íntimos de la sociedad otomana, como los harenes, y lo contó en un libro en forma de epistolario que cambió para siempre la imagen que Europa tenía en el siglo XVIII de la cultura otomana. La vida de esta viajera, que despertó la admiración de intelectuales de la época, es hoy un necesario icono feminista: empujada por la pasión del viaje, ocupó un espacio que la sociedad victoriana de su época no le había abierto. En 1716, Lady Montagu viajó con su marido, embajador inglés, hasta Adrianópolis. Durante el tiempo que le acompañó, aprovechó para observar con atención e inteligencia todo lo que le rodeaba y mantuvo una abundante correspondencia con familiares y amigos. Cartas espléndidas de leer que, tras su muerte, en 1763, aparecieron publicadas bajo el título de Embassy Letters.

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"En la Patagonia", Bruce Chatwin

A Bruce Chatwin, experto en arte, arqueólogo, escritor, seductor y soñador, le obsesionó el movimiento desde siempre. Por eso, con poco más de 30 años, dejó su trabajo en el Sunday Times Magazine para irse a la Patagonia. Dice la leyenda que le envió un telegrama a su jefe: "Me he ido a la Patagonia". Y cuando volvió, escribió su primer libro, En la Patagonia (1977), con el que revolucionó el género de libros de viajes. Ya no dejó de viajar y de escribir hasta su muerte con 48 años, en 1989. El éxito de éste libro provocó que la región de la Patagonia, compartida por Argentina y Chile, se popularizara en todo el mundo. A pesar del poco tiempo que tuvo como escritor, su pasión le permitió dejar algunos títulos imprescindibles, como por ejemplo, Los trazos de la canción (1987).

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Dispositivos electrónicos de lectura

Vale que somos de esos que al entrar en una librería lo primero que hacemos es abrir un libro y oler sus páginas. Vale que el papel será siempre el papel... Pero para los viajeros lectores, el poder llevar toda una biblioteca en el bolsillo es todo un placer, ¿no creéis? Antes, en la mochila cabían uno o dos libros, dependiendo de su grosor. Muchos usaban técnicas, como arrancar las páginas leídas o intercambiarlos una vez acabados. Ahora, puedes llevar más libros de los que te dará tiempo de leer en tus viajes de forma cómoda. Además, hay dispositivos electrónicos de lectura que llevan su propia luz, ¡para leer en la habitación del albergue sin molestar a nadie!

 

Biblioteca Nacional de Praga

Foto: Miroslav Krob / Age fotostock

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Biblioteca Nacional de Praga

Desde hace más de dos siglos el magnífico complejo del Clementinum, situado a orillas del Moldava, alberga la Biblioteca Nacional de Praga. Una maravilla barrroca con un fondo impresionante, todo ello tamizado por la luz blanquecina de la sala y la sensación de estar en un lugar donde el saber está por encima de todo.

Foto: Gtres

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Fitz Roy, abriendo caminos en La Patagonia

Las aventuras en el desierto contribuyeron a convertir a Saint-Exupéry en un personaje legendario. Así, en 1929, tras publicar Correo Sur (1928), uno de sus primeros éxitos literarios, el piloto es enviado a Buenos Aires como director de la Aeropostal Argentina, filial de la compañía francesa donde trabajaba. Pero Saint-Exupéry seguía sin sentirse a gusto en las ciudades y mucho menos en tareas directivas, así que, a la mínima se escapaba en vuelos de reconocimiento. En uno de ellos llegó a batir un récord mundial al cubrir los 2.400 kilómetros de distancia entre Buenos Aires y Río Gallegos. Pero, lo que le marcó más en aquellos años no fue tanto el paisaje que veía desde su avión, como por ejemplo el Fitz Roy, todo un símbolo de la Patagonia, y con un pico llamado como el autor en su recuerdo, sino la historia de supervivencia que protagonizó su amigo Henri Guillaument mientas el escritor se encontraba al frente de la Aeropostal Argentina. Su amigo se perdió en los Andes durante un vuelo. Los Andes en invierno eran una trampa mortal; pero, finalmente, éste logró sobrevivir tras unas jornadas angustiosas: “Te lo juro –confesó al escritor–, ninguna bestia sería capaz de hacer lo que yo he hecho”. Aquella historia sería clave en la vida de Saint-Exupéry.

Foto: AgeFotostock

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Lyon, la ciudad natal de Saint-Exupéry

Antoine de Saint-Exupéry nació el 29 de junio de 1900 en un apartamento del centro de la ciudad de Lyon; pero a los cuatro años, al morir su padre, toda la familia pasó a vivir en el castillo de Saint-Maurice-de-Rémens, muy cerca de la ciudad. Este castillo, propiedad de la tía de su madre, la condesa de Tricaud,  se convirtió en el espacio predilecto de su infancia y su recuerdo no le abandonó nunca. En los días de lluvia él y sus hermanos (era el tercero de cinco hermanos, tres niñas y dos niños) se refugiaban para jugar en la bohardilla. Ya entonces, el futuro escritor soñaba con volar. El castillo sigue hoy vacío, pendiente desde 2011 de un eterno proyecto para convertirlo en casa-museo.

Foto: José Alejandro Adamuz

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Ler Devagar, una librería para perderse

Su decoración es llamativa. Pero no es lo  único que convierte a esta librería en una de las más singulares del mundo. En Ler Devagar, hay mucho más: un fondo de libros que parece infinito, el antiguo espacio industrial adaptado para los libros, las presentaciones que se hacen habitualmente, las exposiciones, las bellas esculturas de Pietro Proserpio, y la oportunidad de tomarte un té o un café o un bocado rápido mientras hojeas la última adquisición para tu biblioteca.

Foto: Aventuras Literarias

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Aventuras Literarias y sus mapas para amantes de los libros

Aventuras Literarias nació como una empresa dedicada a la gestión cultural especializada en literatura. Apasionados de los clásicos de la literatura universal, desarrollaron primero la colección Ingenios, basada en la creación de mapas literarios en los que ubican y dan contexto a los lugares citados en novelas tan populares como, por ejemplo en la imagen, La vuelta al mundo en 80 días de Julio Verne. Luego llegó la colección Paisajes Literarios, en la que abordan ensayos geográficos y bibliográficos de clásicos contemporáneos como Rayuela, de Julio Cortázar. Su próximo proyecto está a punto de salir y nos llevará a la Lisboa del poeta Fernando Pessoa.

Foto: Aventuras Literarias

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Cada mapa es un objeto de colección

Los mapas de Aventuras Literarias alcanzan la dimensión del objeto de colección. Además del detalle en su documentación, están hechos con mimo artesanal, utilizando los mejores papeles y tintas del mercado. Los colores y la tipografía usados buscan replicar los diseños históricos de cada una de las épocas que se representan, como es el caso del bellísimo mapa de Londres en las novelas de Jane Austen de la imagen.

Foto: Aventuras Literarias

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Los títulos de Aventuras Literarias son artefactos literarios únicos

Cada una de las obras es mucho más que un mapa. Se trata de un nuevo formato literario, no solo desde un aspecto formal (cada mapa se combina con una versión web) sino que también lo son desde la idea que buscan de establecer una relación física con la literatura y que el lector se convierta en parte activa de la aventura, pudiendo viajar a los lugares cartografiados, como por ejemplo al Londres de Sherlock Holmes con el mapa de la imagen.

Foto: Aventuras Literarias

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Un mundo literario lleno de detalles

El proceso de cada obra comienza con una lectura del libro buscando las referencias de interés geográficas y literarias. El siguiente paso es documentar todas esas referencias y decidir las que formarán parte de la edición del mapa. La documentación depende mucho del autor seleccionado y si se trata de un mapa genérico (que incluya varias obras) o de un mapa basado en un solo libro. Finalmente, se llega a la parte gráfica en la que se busca el mapa más adecuado para cada proyecto, se restaura e interviene en su diseño. El resultado es un mundo lleno de detalles como este Londres en las novelas de Sherlock Holmes.

 

Foto: Aventuras Literarias

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El Nueva York de Federico García Lorca

Cada mapa es la puerta de entrada a un mundo literario. Es el caso de este Nueva York en un poeta que ubica más de 50 lugares de Nueva York por los que pasó de Federico García Lorca en su estancia entre 1929 y 1930.

Foto: Aventuras Literarias

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Una vuelta al mundo con Verne

Los mapas de Aventuras Literarias son de gran tamaño. Por ejemplo, el mapa que muestra el mundo de 1872 en el que se desarrolla la famosa novela de Verne, La vuelta al mundo en 80 días, mide 70x100 centímetros. El reverso del mismo, contiene un diagrama en el que se puede observar los medios de transporte, países y continentes que Phileas Fogg visita cada día de su viaje.

Foto: Aventuras Literarias

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El Madrid más literario de Galdós

En la mayoría de los casos, hablamos de mapas de ciudades que ya no existen. Por lo que, en cierta forma, se convierten en guías para un viaje al pasado. Es el caso de este Madrid en las novelas de Benito Pérez Galdós, con localizaciones que nos trasladan a las novelas más importantes del autor, cafés de la época y calles que transitó el autor clave de la novela realista del XIX.

Foto: Oficina de Turismo de París

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El Sena, un río con libros

Los libreros del Sena son toda una institución de París. Se les conoce como “bouquinistes” porque están especializados en libros viejos y de ocasión, aunque cada vez más recurren al recuerdo para los turistas. Son típicos los puestos de chapa verde que se abren como armarios en la orilla derecha del Sena, del Pont Marie al Quai du Louvre, y, también, en la izquierda, del Quai de la Tournelle al Quai Voltaire, muy cerca del Barrio Latino.

Foto: Oficina de Turismo de París

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Gare de Lyon, una estación de artistas

A la Gare de Lyon, muy cerca del centro de París, llegan los trenes de alta velocidad de Renfe/SNCF. Si ya las estaciones de trenes suelen ser lugares de ambiente literario, ésta, en especial, inspira literatura. Es un lugar especial para muchos lectores de Ernest Hemingway, pues aquí su primera esposa perdió los manuscritos de juventud del escritor. Pero además, la Gare de Lyon es el espacio en el que se encuentra Le Train Bleu. El restaurante, que se inauguró para la Exposición Universal de 1900, fue refugio gastronómico de artistas y bohemios como Dalí, Jean Cocteau o el actor Jean Gabin.

Foto: Oficina de Turismo de París

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Los puentes de París

El argentino Julio Cortázar fue un enamorado de París, ciudad que convirtió en su hogar cuando dejó Argentina. La conocía al detalle y le encantaba pasear por ella y por los puentes sobre el Sena (más de 30 puentes a lo largo del río). Ese amor convirtió a la ciudad en un protagonista más en gran parte de su obra. Papel indiscutible en Rayuela, por ejemplo, donde convirtió el Pont des Arts en lugar de encuentro de sus dos personajes principales, la Maga y Horacio. Este puente se construyó durante la época de Luís XIV para que los estudiantes pudieran cruzar el Sena hacia el Museo del Louvre.

Foto: Oficina de Turismo de París

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Café y letras en París

La historia de la literatura en París está directamente asociada a sus cafés y restaurantes. De algún modo, esta estrecha relación se trasladó a Buenos Aires, otra gran ciudad literaria. En París, en el Boulevard St-Germain, se encontraba el café favorito de Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir, el Café de Flore. En Montparnasse, las “brasseries” de las que eran asiduos escritores como Ernest Hemingway, Jean Cocteau o, entre muchos, Exra Pound. Pero, tal vez el café más poético de todos sea La Closerie des Lilas, donde escribieron escritores como Oscar Wilde y Apollinaire.

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La reportera de guerra que dejó atrás a Hemingway

Martha Gellhorn fue una escritora, periodista y aventurera americana. Está considerada como una de las corresponsales de guerra más importantes del siglo XX. Cuando se marchó al frente de Madrid durante la Guerra Civil, le dijo a una amiga: "¡Me marcho a España con los chicos!". Y se fue porque "tenía la teoría de que una puede ser en la vida lo que quiera, siempre que esté dispuesta a pagar un precio por ello". Entre aquellos chicos se encontraba el escritor Hemingway, y también Robert Capa o John Dos Passos. Se casó con el primero, pero lo abandonó algo harta a los cinco años de matrimonio. Siempre sintió la necesidad de moverse, siempre a los puntos más peligrosos del planeta. En Cinco viajes al infierno dejó recogidas algunas de sus aventuras.

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Casada con la aventura

Osa Johnson tenía 22 años cuando junto a su esposo Martin, inició su primer viaje a África. Un matrimonio nómada poco convencional, a la caza de imágenes, que decidió montar su hogar allá donde pudieran vivir con aventuras. Nada les detuvo, ni las tribus de Borneo, ni los animales de la sabana, con el fin de realizar documentales espectaculares. La joven y exótica pareja se convirtió en un filón para un Hollywood todavía mudo en el que triunfaba Chaplin. Pioneros en narrar los viajes; dijo Osa que "toda nuestra vida quisimos retener lo que todavía había de belleza, la naturaleza, los animales salvajes, nuestras imágenes serán un testimonio para cuando toda esa grandeza desaparezca". El título de su libro la define bien: Casada con la aventura

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Un viaje revelador

Cuando tenía 22 años, Charles Darwin, embarcó en el Beagle para iniciar una vuelta al mundo que duró cinco años, y cuyo principal resultado fue una teoría revolucionaria: el origen de las especies y la teoría de la evolución. De aquel viaje, publicó en 1839, el libro Diario y Observaciones (también conocido como Diario de Investigaciones). Algunos de los lugares que visitó y estudió fueron las Islas Canarias, Río de Janeiro, la Patagonia, los Andes, las Islas Galápagos, Nueva Zelanda, hasta llegar de nuevo a Inglaterra. 

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Las maravillas del mundo

Durante la Edad Media el mundo era muy difícil de recorrer, y sin embargo fue un periodo de grandes viajeros. Entre los más conocidos se encuentra Marco Polo. El Veneciano escribió el Libro de las Maravillas del Mundo que sirvió de inspiración al mismísimo Cristóbal Colón. Con su relato dio a conocer las tierras de Asia central y China, y puso en el mapa la mítica Ruta de la Seda. La ilustración aparece en el Atlas catalán, una obra de 1374, y representa una de las caravanas de Marco Polo.

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El padre de la Historia

Heródoto, el padre de la historiografía, fue un gran viajero. Gracias a sus múltiples viajes logró escribir su Historiae (Los nueve libros de historia), considerado la primera descripción del mundo antiguo. El griego dejó escrito: "para que el tiempo no abata el recuerdo de las acciones humanas y que las grandes empresas acometidas, ya sea por los griegos, ya por los bárbaros, no caigan en olvido". Y parece que lo logró, ¿verdad? Por lo menos aún estamos hablando de él, y eso que vivió entre el 484 a. C. y el 425 a. C.

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La viajera romántica

Mary Wortley Montagu es la mujer que estuvo en un harén y lo contó. La que parecía una vida de aristócrata al uso en Londres dio un giro radical en 1716, cuando su marido fue nombrado embajador ante el Imperio otomano de Constantinopla. Ese viaje fue el revulsivo para afrontar una depresión de la que Mary no lograba deshacerse del todo. Desde el primer momento no se limitó a ejercer de embajadora consorte y se lanzó a descubrir todo lo que le rodeaba con una determinación absoluta que la llevó incluso a disfrazarse de hombre para entrar en lugares prohibidos para las mujeres, como en Santa Sofía. Ella fue el primer occidental en entrar en los harenes del sultán. Todas sus experiencias las relataba, con exactas y bellas descripciones, en cartas que enviaba a amigos. Al morir fueron publicadas y alimentaron la imaginación de los viajeros románticos que soñaban con conocer Turquía.

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EL viajero espía

Para ser un gran viajero hace falta también ser un gran aventurero. Y Domingo Francisco Jorge Badía y Leblich, lo sabía. Sólo así puede un catalán pasar a la historia como Alí Bey. Su carrera es de novela: arabista, viajero, militar, y espía. Sus aventuras lo llevaron a Marruecos, Argelia, Libia y otras regiones del Imperio otomano como Egipto, Arabia, Siria, Turquía y Grecia. Un viaje por el mundo árabe con el que visitó regiones en las que nunca antes había estado un occidental. De ello escribió un libro que se hizo famoso en toda Europa: Viajes de Alí Bey.

Foto: José Alejandro Adamuz

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Montevideo, Uruguay

De momento la última de las escogidas dentro de la red de Ciudades de la Literatura. La ciudad de Montevideo, capital de Uruguay, a orillas del Río de la Plata, cuenta con una rica historia literaria con autores de peso como Eduardo Galeano, Mario Benedetti o Juan Carlos Onetti, sólo por citar unos pocos. Paseando por sus calles es fácil encontrar cafeterías históricas, como el Café Brasilero, usadas por escritores como lugar de tertulia. El mercado de los domingos en Tristán Narvaja es perfecto para buscar libros de todo tipo.

Foto: Gtres

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Óbidos, Portugal

La decimonovena Ciudad de la Literatura de la UNESCO está en Portugal. A tan solo 70 kilómetros de Lisboa se encuentra esta joya arquitectónica, famosa por su muralla medieval. Pero también es una joya literaria, pues aquí hasta las iglesias albergan libros. Es el caso de la Iglesia de Santiago, una de las librerías más populares del país. Jose Pinho consiguió preservar esta joya arquitectónica convirtiéndola en una librería con más de 40.000 libros. A partir de ésta, nuevas librerías se crearon en espacios sorprendentes, como en el mercado o en una bodega.

Foto: CC

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Nottingham, Reino Unido

Nottingham se convirtió en la decimoctava Ciudad de la Literatura de la UNESCO en diciembre de 2015. Te sonará por Robin Hood, el arquero defensor de los pobres. Pero aquí encontramos a otros ilustres como Lord Byron y DH Lawrence. Esta es una ciudad romántica de bella arquitectura que apasiona a los amantes de los libros: tiene 18 bibliotecas y muchas librerías independientes.

Foto: Gtres

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Barcelona, España

Barcelona es la decimoséptima ciudad UNESCO de literatura. Se le reconoce la distinción por ser el hogar de dos lenguas, el español y el catalán, tener cuatro festivales literarios y una fuerte historia editorial que se remonta a la época medieval. Los mejores escritores latinoamericanos pasaron por la ciudad. Es paisaje de numerosas obras literarias contemporáneas como La ciudad de los prodigios, de Eduardo Mendoza, o más recientemente, La sombra del viento,de  Carlos Ruiz Zafón y La Catedral del Mar, de Ildefonso Falcones. Es sede de importantes editoriales, cuenta con más de 122 librerías y una amplia red de bibliotecas públicas. Por si fuera poco, cada 23 de abril celebra Sant Jordi y el Día Internacional del Libro.

Foto: B.Werner

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Ljubljana, Eslovenia

Liubliana es la capital y la mayor ciudad de Eslovenia. Se convirtió en la decimosexta ciudad de la literatura de la UNESCO en diciembre de 2015. Por si alguien dudara de su reconocimiento, la ciudad acoge más de 10.000 eventos culturales, desde prestigiosos eventos musicales, teatrales y artísticos hasta eventos alternativos y de vanguardia, incluyendo 14 festivales internacionales. Sus habitantes parecen ser buenos lectores, pues, en promedio, cada uno visita la Biblioteca Municipal cinco veces al año. Ljubljana es conocida por su cultura universitaria y sus espacios verdes donde sentarse a leer con tranquilidad.

Foto: Gtres

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Lviv, Ucrania

Al oeste de Ucrania, Lviv, “la ciudad del león”, tiene una población de alrededor de 723.000. La ciudad muestra su herencia polaca en su literatura y su arquitectura con un paisaje urbano salpicado de librerías, bibliotecas, museos, teatros e iglesias de cúpulas verdes. Lviv se convirtió en la decimoquinta ciudad de la literatura de la UNESCO en diciembre de 2015 y alberga 45 librerías, 174 bibliotecas y 54 museos. Sus bibliotecas sirven a 334.000 lectores, que representa alrededor del 45% de la población de la ciudad. Cada año celebran su propio festival literario. Su historia está ligada a la imprenta en Europa del Este, pues es cuna de la imprenta más antigua aún activa. ¡Llevan imprimiendo desde 1586! La primera mención de la ciudad es literaria, en la Crónica de Galitzia y Volinia, de 1256.

Foto: Flying Saucer

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Tartu, Estonia

La ciudad de Tartu es la segunda ciudad más grande de Estonia, con una población de 97.000 habitantes. Se convirtió en la decimocuarta ciudad de la literatura de la UNESCO en diciembre de 2015. La importancia de esta ciudad radica en ser pionera en la defensa de la cultura del país y del estonio como lengua. A lo largo del año se celebran distintos festivales literarios. Dos instituciones promueven los estudios y cultura de Estonia: la Universidad de Tartu y Museo Literario Estonio. En esta ciudad la creatividad es una empresa. Por si buscas algo que leer, Oskar Luts es su novelista más importante.

Foto: Gtres

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Bagdad, Irak

Bagdad, la capital de Irak, junto al río Tigris, fue cuna de una de las bibliotecas más importantes de la antigüedad: Bayt al-Hikma que, fundada en el S. VIII d.C, tenía a mediados del S.IX la mayor colección de libros del mundo. Es el hogar del poeta árabe del siglo XI Abu Al Tayeb Al Mutanabbi. Tras los últimos años de conflictos y violencias, la ciudad consigue mantener varios teatros y museos, la Biblioteca Nacional, que aparece en la imagen, y más de treinta espacios para conferencias, convenciones y simposios. Parece que la esperanza resiste si es junto a la literatura.

Foto: CC

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Ulyanovsk, Rusia

Ulyanovsk, ciudad de más de medio millón de personas en las orillas del río Volga, al este de Moscú, fue la cuna de Lenin. Se convirtió en la duodécima ciudad UNESCO de literatura en diciembre de 2015. Es famosa por sus poetas, por la tradición de los salones literarios y por ser la ciudad del novelista Ivan Goncharov, padre del perezoso más famoso de la literatura: Oblomov, un joven aristócrata incapaz de tomar decisiones y que se pasaba el día en la cama. El personaje da nombre a un festival literario (“Get off the sofa!”) que se celebra en la ciudad cada año. Hoy al joven aristócrata no le faltaría razones para saltar del sofá, porque en Ulyanovsk hay más de 30 librerías, dos grandes editoriales, 39 bibliotecas públicas y la Biblioteca Especial Regional Ulyanovsk. También hay una biblioteca gratuita en el aeropuerto y más de 200 bibliotecas escolares.

Foto: Gtres

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Praga, República Checa

La capital de la República Checa vive desde la caída del comunismo y el regreso a la democracia, en 1989, una verdadera explosión cultural. La ciudad de Praga, de aproximadamente 1,24 millones de personas, tiene una de las escenas culturales más interesantes de Europa. La lista de autores famosos que pasearon por sus calles es larga: Franz Kafka, Max Bod, el poeta Rainer Maria Rilke, o novelistas de la talla de Milan Kundera. De forma paralela, la industria editorial es muy importante en la ciudad. La Charles University es la universidad más antigua de Europa central. Se encuentran auténticas maravillas como la de la foto: la biblioteca del monasterio de Strahov.

Foto: Gtres

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Granada, España

Granada se convirtió en una nueva Ciudad de la Literatura en diciembre de 2014. La ciudad ha sido inspiración literaria desde tiempos del al-Andalus. Parece que la poesía se encuentra a gusto con la Alhambra como telón de fondo. Federico García Lorca dejó su legado en forma de versos. La ciudad tiene un ambiente universitario muy animado y suele haber eventos literarios y culturales durante todo el año.

Foto: Gtres

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Heildelberg, Alemania

Esta es una bella ciudad a orillas del río Neckar, en el suroeste de Alemania, en el valle del Rin. Heildelberg es el hogar de la universidad más antigua de Alemania, The Ruperto Carola University. Siempre ha sido un centro de aprendizaje y literatura y ha recibido a escritores famosos como Johann Wolfgang von Goethe, autor de Fausto, y los grandes escritores románticos Clemens Brentano, Bettina von Arnim y Friedrich Hölderlin. Tal vez por influencia de su antiguo castillo, esta fue la cuna del romanticismo alemán del siglo XIX.

Foto: Gtres

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Dunedin, Nueva Zelanda

¿Qué hay en esta remota ciudad de Nueva Zelanda para que forme parte de las Ciudades Literarias de la UNESCO? Tal vez sea que Dunedin es el hogar ancestral del pueblo Kāi, cuyas leyendas contadas de forma oral es una tradición de siglos. Pero no solo eso. Resulta que Dunedin ha sido el hogar de muchos de los escritores y poetas más célebres de Nueva Zelanda desde el siglo XIX, incluyendo al poeta Thomas Bracken, el autor del himno nacional del país. Además, su biblioteca fue la primera pública y libre del país. Se da el caso de que muchos escritores e ilustradores de libros para niños viven y trabajan en Dunedin. Por si fuera poco, la ciudad, enclavada en la bahía de Otago, tiene unos paisajes de ensueño.