Literatura

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El Sahara es toda una aventura

El joven piloto cumplió con su formación militar en Casablanca, Marruecos. Pero cuando parecía que su carrera como aviador estaba encarada, Saint-Exupéry se enamoró de una brillante y aristocrática joven, Louise de Vilmorina, por quien dejó la aviación. A la postre, la joven rompió con él por carta desde Biarritz. Siguieron años de aquí para allí sin saber muy bien cómo ganarse la vida, hasta que fue contratado por la Compañía Latécoère como piloto del correo junto a otras leyendas de la aviación. Cubrió la línea de Toulouse a Dakar, lo que le llevó a hacer escala varias veces en la ciudad de Alicante. Pero sin duda, el destinó que más le marcó fue el de jefe de la base aérea de Cabo Juby, en la zona meridional del protectorado español en Marruecos. Allí pasó 18 meses en contacto con la naturaleza del desierto, cumpliendo peligrosas misiones de rescate. De aquel tiempo dejó escrito que allí, “ni siquiera un silencio se parece a otro”. El cielo estrellado y la soledad del lugar le fascinaron.

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Córcega y la desaparición

Su compromiso era tal que Saint-Exupéry no paró hasta lograr reincorporarse en activo. Su edad (cuarenta y cuatro años) no era la ideal y su salud, muy maltrecha por todos los accidentes que había ido sufriendo, tampoco; a pesar de todo ello, en febrero de 1944 logró reincorporarse en su escuadrilla destinada primero en Cerdeña y, posteriormente, en Córcega. Le autorizaron a cumplir cinco misiones. La mañana del 31 de julio de 1944, Saint-Exupéry partió en vuelo de reconocimiento hacia la región francesa de Grenoble, al este de Lyon. Ya nunca volvió; tal vez aprovechó para sobrevolar por última vez el castillo de Saint-Maurice, el refugio de infancia al que siempre acudía cuando comenzaba a notar la punzada de la nostalgia.

Foto: Gtres

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Fitz Roy, abriendo caminos en La Patagonia

Las aventuras en el desierto contribuyeron a convertir a Saint-Exupéry en un personaje legendario. Así, en 1929, tras publicar Correo Sur (1928), uno de sus primeros éxitos literarios, el piloto es enviado a Buenos Aires como director de la Aeropostal Argentina, filial de la compañía francesa donde trabajaba. Pero Saint-Exupéry seguía sin sentirse a gusto en las ciudades y mucho menos en tareas directivas, así que, a la mínima se escapaba en vuelos de reconocimiento. En uno de ellos llegó a batir un récord mundial al cubrir los 2.400 kilómetros de distancia entre Buenos Aires y Río Gallegos. Pero, lo que le marcó más en aquellos años no fue tanto el paisaje que veía desde su avión, como por ejemplo el Fitz Roy, todo un símbolo de la Patagonia, y con un pico llamado como el autor en su recuerdo, sino la historia de supervivencia que protagonizó su amigo Henri Guillaument mientas el escritor se encontraba al frente de la Aeropostal Argentina. Su amigo se perdió en los Andes durante un vuelo. Los Andes en invierno eran una trampa mortal; pero, finalmente, éste logró sobrevivir tras unas jornadas angustiosas: “Te lo juro –confesó al escritor–, ninguna bestia sería capaz de hacer lo que yo he hecho”. Aquella historia sería clave en la vida de Saint-Exupéry.

Foto: AgeFotostock

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Berlín y la II Guerra Mundial

Efectivamente, Saint Exupery comenzó a sentir que algo terrible estaba a punto de suceder. Se respiraba en el ambiente. A principios de 1939, salió publicado Tierra de hombres y fue nombrado oficial de la Legión de Honor. Presintiendo lo que estaba por venir, viajó a Berlín para ver con sus propios ojos cómo se estaba desarrollando todo en Alemania. Volvió horrorizado, convencido de que con Hiter no habría paz. No se equivocó. En diciembre de 1939, Saint-Exupéry se incorporó en una escuadrilla de reconocimiento con base en la región de Champagne. Llegó a realizar siete peligrosas misiones de reconocimiento, por las que recibió la Cruz de Guerra. Pero el avance nazi era imparable, la escuadrilla fue evacuada y Francia ocupada. El mundo que había conocido comenzaba a desaparecer.

Foto: AgeFotostock

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Nueva York en el exilio

Saint Exupéry puso rumbo a Estados Unidos, donde se exilió en Nueva York. Vivió momentos de profunda tristeza. Su matrimonio con Consuelo no funcionaba y ambos vivían vidas independientes, con apartamentos y amantes por separado. Ideológicamente se posicionó alejado del Gobierno de Vichy igual que de Charle de Gaulle, del que desconfía. Publicó Piloto de Guerra (1942), que había escrito como mensaje de apoyo a los franceses que seguían resistiendo y un llamado a que Estados Unidos interviniera en la guerra. Pero, el libro no alcanzó sus objetivos y Saint-Exupéry sufrió las intrigas políticas tanto como los remordimientos por no poder volar y encontrarse a salvo mientras otros compatriotas seguían sufriendo la guerra. Cuenta en su libro Montse Morata que al escritor le gustaba lanzar aviones de papel desde su ventana, en la planta 21 de su edificio en el 240 de Central Park South. Tal vez, mientras flotaban en el aire soñaba con volver a pilotar. Algo positivo quedó de todo aquello: El Principito , que se escribió en una mansión que ocupó en Long Island. Antes de marcharse, el escritor regaló el manuscrito a su amante, la periodista Silvia Hamilton.

Foto: Gtres

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Moscú y su trabajo como periodista

Poco a poco, Saint-Exupéry se va abriendo paso también en el mundo del periodismo. Su libro Vuelo nocturno (1931) se vende bien. El diario Paris-Soir quiso contar con él para que el escritor viajase Moscú como enviado especial para explicar cómo era la vida en la Unión Soviética. A Saint-Exupéry aquello no le interesaba especialmente, pero necesitaba el dinero y el periódico pagaba muy bien. También necesitaba un poco de acción: “Necesito ver a los hombres, los pueblos -le escribe a su esposa Consuelo- en su evolución. Me siento castrado cuando estoy en casa”.  Partió en abril de 1935 y publicó seis reportajes en los que su estilo periodístico quedó ya muy definido. No buscaba la máxima actualidad, sino, más bien, las historias, los personajes, los detalles. Más allá de lo esperable y convencional, narraba lo visto con un enfoque humanista. Y sus artículos fueron un éxito. Llegó a un gran número de lectores y, lo más importante, llegaron nuevos encargos. Mientras, el escritor comenzaba a sentir nostalgia de sus años de piloto y su tormentoso matrimonio con la salvadoreña Consuelo Suncín de Sandoval -la rosa del Principito- no pasaba por muy buenos momentos.

Foto: Gtres

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Madrid durante la Guerra Civil

La Guerra Civil española es el primero de los grandes conflictos bélicos que Saint-Exupéry vivió en primera persona. El escritor acudió a cubrir la guerra en dos ocasiones, primero a Barcelona y después a Madrid, donde coincidió con los más grandes reporteros de entonces: Ernest Hemingway y Martha Gellhorn, John Dos Passos, George Orwell o Robert Capa. Son días en los que despierta su consciencia más política: “no es una guerra sino una enfermedad”, llegará a decir. En Barcelona estuvo a punto de ser fusilado una noche; pero ese no era el destino que le aguardaba. En Madrid, en abril de 1937, se encontró una ciudad completamente asediada por las tropas franquistas. De alguna forma, frente a la sinrazón de tanta muerte, Saint-Exupéry comenzó a reflexionar sobre qué era lo que daba sentido a la vida de los hombres y mujeres ante los poderes autoritarios: “¿Qué necesitaríamos -se preguntó en uno de los reportajes de aquel tiempo- para nacer a la vida?”.

 

Foto: AgeFotostock

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París le enferma

En septiembre de 1917 se matricula en un liceo, en París. Pronto descubre la vida bohemia de la gran ciudad. Son los años en los que París era una fiesta. Para el joven, que nunca fue un estudiante muy aplicado, había demasiadas distracciones en el Barrio Latino. Tantas, que por las noches se escapaba del internado a través del alcantarillado hasta que fue descubierto. Pero Saint-Exupéry se sentía mal al no encontrar una verdadera vocación y pasó de disfrutar de la agitada vida cultural a sentir que todo aquello le enfermaba. En Abril de 1921 se incorporó al Segundo Regimiento de Aviación de Estraburgo. Su carrera como aviador profesional comenzaba. Obtuvo con veintiún años su licencia de piloto civil, no sin algún susto. Dicen que su comandante por entonces le espetó: “Usted jamás se matará en la aviación, porque ya lo habría hecho”. Lamentablemente, se equivocó.

Foto: AgeFotostock

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Friburgo, la ciudad de sus primeros estudios

Con la edad de nueve años se acabó lo mejor de su infancia. Junto a su hermano François y su hermana Gabrielle (los tres mayores) dejó la libertad del castillo para conocer la autoridad del internado en Le Mans, ciudad de la familia paterna.Tiempo después, la madre envió a Antoine y François a Friburgo, Suiza. Allí, el escritor vivió momentos felices, conoció a muchos amigos que irían apareciendo luego a lo largo de su vida. Para nada buen estudiante, se pasaba horas leyendo con pasión a poetas como Baudelaire y a novelistas como Balzac y Dostoievski. Saint-Exupéry se libró de ser llamado a filas en la I Guerra Mundial, al cumplir su mayoría de edad poco antes del final de la guerra. Pero durante el último año de internado, murió su hermano François al que estaba muy unido. Una experiencia que afectó mucho al futuro escritor.

Foto: AgeFotostock

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Lyon, la ciudad natal de Saint-Exupéry

Antoine de Saint-Exupéry nació el 29 de junio de 1900 en un apartamento del centro de la ciudad de Lyon; pero a los cuatro años, al morir su padre, toda la familia pasó a vivir en el castillo de Saint-Maurice-de-Rémens, muy cerca de la ciudad. Este castillo, propiedad de la tía de su madre, la condesa de Tricaud,  se convirtió en el espacio predilecto de su infancia y su recuerdo no le abandonó nunca. En los días de lluvia él y sus hermanos (era el tercero de cinco hermanos, tres niñas y dos niños) se refugiaban para jugar en la bohardilla. Ya entonces, el futuro escritor soñaba con volar. El castillo sigue hoy vacío, pendiente desde 2011 de un eterno proyecto para convertirlo en casa-museo.

Foto: Antic Teatre

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Off Sant Jordi

Para celebrar su 15 aniversario, Antic Teatre (Verdaguer i Callís 12) y el OFF Sant Jordi 18 han programado una serie de actividades para disfrutar de Sant Jordi con toda la familia. Un encuentro con escritoras feministas i LGTBI en el precioso jardín de la entidad cultural, un espacio infantil en la terraza. Por la tarde una mesa redonda sobre libertad de expresión y censura y más actividades y espectáculos gratuitos. Organizan Antic Teatre, Librería La Calders,  It’s Written y El Culturista.

Foto: Aventuras Literarias

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Aventuras Literarias y sus mapas para amantes de los libros

Aventuras Literarias nació como una empresa dedicada a la gestión cultural especializada en literatura. Apasionados de los clásicos de la literatura universal, desarrollaron primero la colección Ingenios, basada en la creación de mapas literarios en los que ubican y dan contexto a los lugares citados en novelas tan populares como, por ejemplo en la imagen, La vuelta al mundo en 80 días de Julio Verne. Luego llegó la colección Paisajes Literarios, en la que abordan ensayos geográficos y bibliográficos de clásicos contemporáneos como Rayuela, de Julio Cortázar. Su próximo proyecto está a punto de salir y nos llevará a la Lisboa del poeta Fernando Pessoa.

Foto: Aventuras Literarias

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Cada mapa es un objeto de colección

Los mapas de Aventuras Literarias alcanzan la dimensión del objeto de colección. Además del detalle en su documentación, están hechos con mimo artesanal, utilizando los mejores papeles y tintas del mercado. Los colores y la tipografía usados buscan replicar los diseños históricos de cada una de las épocas que se representan, como es el caso del bellísimo mapa de Londres en las novelas de Jane Austen de la imagen.

Foto: Aventuras Literarias

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Los títulos de Aventuras Literarias son artefactos literarios únicos

Cada una de las obras es mucho más que un mapa. Se trata de un nuevo formato literario, no solo desde un aspecto formal (cada mapa se combina con una versión web) sino que también lo son desde la idea que buscan de establecer una relación física con la literatura y que el lector se convierta en parte activa de la aventura, pudiendo viajar a los lugares cartografiados, como por ejemplo al Londres de Sherlock Holmes con el mapa de la imagen.

Foto: Aventuras Literarias

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Un mundo literario lleno de detalles

El proceso de cada obra comienza con una lectura del libro buscando las referencias de interés geográficas y literarias. El siguiente paso es documentar todas esas referencias y decidir las que formarán parte de la edición del mapa. La documentación depende mucho del autor seleccionado y si se trata de un mapa genérico (que incluya varias obras) o de un mapa basado en un solo libro. Finalmente, se llega a la parte gráfica en la que se busca el mapa más adecuado para cada proyecto, se restaura e interviene en su diseño. El resultado es un mundo lleno de detalles como este Londres en las novelas de Sherlock Holmes.

 

Foto: Aventuras Literarias

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El Nueva York de Federico García Lorca

Cada mapa es la puerta de entrada a un mundo literario. Es el caso de este Nueva York en un poeta que ubica más de 50 lugares de Nueva York por los que pasó de Federico García Lorca en su estancia entre 1929 y 1930.

Foto: Aventuras Literarias

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Una vuelta al mundo con Verne

Los mapas de Aventuras Literarias son de gran tamaño. Por ejemplo, el mapa que muestra el mundo de 1872 en el que se desarrolla la famosa novela de Verne, La vuelta al mundo en 80 días, mide 70x100 centímetros. El reverso del mismo, contiene un diagrama en el que se puede observar los medios de transporte, países y continentes que Phileas Fogg visita cada día de su viaje.

Foto: Aventuras Literarias

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El Madrid más literario de Galdós

En la mayoría de los casos, hablamos de mapas de ciudades que ya no existen. Por lo que, en cierta forma, se convierten en guías para un viaje al pasado. Es el caso de este Madrid en las novelas de Benito Pérez Galdós, con localizaciones que nos trasladan a las novelas más importantes del autor, cafés de la época y calles que transitó el autor clave de la novela realista del XIX.

Foto: Museo Reina Sofía

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Fernando Pessoa retratado por Almada Negreiros

La muestra comienza con una primera sección (Pessoa y los heterónimos) en la que se puede contemplar el famoso retrato de Pessoa realizado por José de Almada Negreiros, en 1964. En esta primera parte, se profundiza en el papel que como teórico y pensador tuvo el poeta en el ambiente intelectual del Portugal de la época.  A continuación, se profundiza en las diferentes corrientes modernistas a través de las diferentes manifestaciones teóricas de la obra de Fernando Pessoa –el paulismo, interseccionismo y sensacionismo–.

Foto: Museo Reina Sofía

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Fernando Pessoa en "flagrante delito"

Fernando Pessoa nació en Lisboa el 13 de junio de 1988. Pero con ocho años emigró junto a su madre y padrastro a Sudáfrica. El joven escritor volvió diez años después para no volver a salir nunca de Lisboa. Vivió en diversas direcciones, caminó todas las calles, llegó a escribir una guía, y visitó, en su afición al alcohol, numerosas tascas –en la fotografía, una de las pocas imágenes del escritor, en la barra, en, como él mismo escribió en una dedicatoria en el reverso de la fotografía, situación de “flagrante delito”. Su patria fue el portugués, dijo, y su ciudad, Lisboa. Ahora, viaja a Madrid de la mano del Museo Reina Sofía. 

Foto: Museo Reina Sofía

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Pessoa. Todo arte es una forma de literatura

“Pessoa. Todo arte es una forma de literatura” es la propuesta del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía que pretende descubrir al público la escasamente conocida escena vanguardista portuguesa desarrollada durante la primera mitad del siglo XX y en la que el poeta Fernando Pessoa intervino de forma activa. Se podrá ver en el Edificio Sabatini hasta el 7 de mayo de 2018.

Foto: Museo Reina Sofía

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Una completa muestra de artistas de la vanguardia portuguesa

Para “Pessoa. Todo arte es una forma de literatura” se han reunido más de 160 obras de arte (pintura, dibujos y fotografía) de artistas como José de Almada Negreiros, Amadeo de Souza-Cardoso, Eduardo Viana, Sarah Affonso, Júlio o Sonia y Robert Delaunay. También, una gran cantidad de documentación original como manifiestos vanguardistas, libros y revistas, y correspondencia de Fernando Pessoa. Todo ello procedente de diversas colecciones privadas e instituciones como la Fundación Calouste Gulbenkian, la Biblioteca Nacional de Portugal o el Centre Georges Pompidou, entre otras.

Foto: José Alejandro Adamuz

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Antiguas casonas y palacios rehabilitados de Lima

Algunos de los edificios coloniales del centro histórico de Lima han sido rehabilitados y son usados como espacios culturales. Es el caso de la Casa de la Literatura Peruana que ocupa una antigua estación de trenes, la Estación de Desamparados. Es una visita imprescindible en Lima porque todo país se conoce también a través de su literatura, y la de Perú es destacable con autores de renombre como Mario Vargas Llosa, César Vallejo o Alfredo Bryce Echenique. 

Foto: Oficina de Turismo de París

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El Sena, un río con libros

Los libreros del Sena son toda una institución de París. Se les conoce como “bouquinistes” porque están especializados en libros viejos y de ocasión, aunque cada vez más recurren al recuerdo para los turistas. Son típicos los puestos de chapa verde que se abren como armarios en la orilla derecha del Sena, del Pont Marie al Quai du Louvre, y, también, en la izquierda, del Quai de la Tournelle al Quai Voltaire, muy cerca del Barrio Latino.

Foto: Oficina de Turismo de París

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Gare de Lyon, una estación de artistas

A la Gare de Lyon, muy cerca del centro de París, llegan los trenes de alta velocidad de Renfe/SNCF. Si ya las estaciones de trenes suelen ser lugares de ambiente literario, ésta, en especial, inspira literatura. Es un lugar especial para muchos lectores de Ernest Hemingway, pues aquí su primera esposa perdió los manuscritos de juventud del escritor. Pero además, la Gare de Lyon es el espacio en el que se encuentra Le Train Bleu. El restaurante, que se inauguró para la Exposición Universal de 1900, fue refugio gastronómico de artistas y bohemios como Dalí, Jean Cocteau o el actor Jean Gabin.

Foto: Oficina de Turismo de París

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Los puentes de París

El argentino Julio Cortázar fue un enamorado de París, ciudad que convirtió en su hogar cuando dejó Argentina. La conocía al detalle y le encantaba pasear por ella y por los puentes sobre el Sena (más de 30 puentes a lo largo del río). Ese amor convirtió a la ciudad en un protagonista más en gran parte de su obra. Papel indiscutible en Rayuela, por ejemplo, donde convirtió el Pont des Arts en lugar de encuentro de sus dos personajes principales, la Maga y Horacio. Este puente se construyó durante la época de Luís XIV para que los estudiantes pudieran cruzar el Sena hacia el Museo del Louvre.

Foto: Oficina de Turismo de París

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Café y letras en París

La historia de la literatura en París está directamente asociada a sus cafés y restaurantes. De algún modo, esta estrecha relación se trasladó a Buenos Aires, otra gran ciudad literaria. En París, en el Boulevard St-Germain, se encontraba el café favorito de Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir, el Café de Flore. En Montparnasse, las “brasseries” de las que eran asiduos escritores como Ernest Hemingway, Jean Cocteau o, entre muchos, Exra Pound. Pero, tal vez el café más poético de todos sea La Closerie des Lilas, donde escribieron escritores como Oscar Wilde y Apollinaire.

Foto: BNE

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Mapas de lo imaginario

Los mapas van más allá de representar lo físico. En “Cartografía de lo desconocido” también hay mapas de lugares imaginarios. Como el de la imagen, un mapa de Región; el mundo que ideó Juan Benet, según un dibujo de José María Sainz (1983). También se exponen un mapa de la Tierra Media de Tolkien o, por ejemplo, un mapa con los pasos de Don Quijote y Sancho.

Foto: José Alejandro Adamuz

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Una ciudad de librerías

Buenos Aires tiene todo lo necesario para convertirse en una de las ciudades literarias de la Unesco. Lo es por los autores que alumbró, por sus tertulias, por aparecer como escenario en grandes obras de la literatura universal. Y lo es, por supuesto, por la cantidad de librerías que hay. Y es que, según un informe de World Cities Culture Forum, la capital argentina es la ciudad con más librerías per cápita del mundo (25 por cada 100.000 habitantes). Una de las librerías más conocidas, por su espectacularidad, es el Ateneo Grand Splendid, que se ha convertido en destino turístico para muchos visitantes. 

Foto: Gtres

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Los amantes de Teruel

Teruel, en el sur de Aragón, recuerda cada año a sus vecinos más famosos, Isabel de Segura y Juan Martínez de Marcilla, los amantes de Teruel, con una fiesta medieval, cuyo escenario es la estupenda arquitectura mudéjar de la ciudad. La leyenda cuenta que los jóvenes se enamoraron; pero, el padre de ella no reconoció el amor porque el joven era pobre. Se fue a la guerra contra los moros prometiendo que volvería en cinco años con una gran fortuna. El joven tardó más en volver; tiempo en el que ella creyó que su amor había muerto en el campo de batalla, por lo que acabó cumpliendo con los deseos de su padre y se casó con un rico comerciante. Al poco de esa boda, apareció el joven y fue a su encuentro: “Bésame, que me muero”, le pidió; pero ella se negó por respeto a su matrimonio. El joven murió de pena. Poco después, ella murió también por haber perdido su amor. 

Foto: Gtres

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El fantasma de la ópera de París

El monumental edificio de la Ópera Garnier, en el distrito IX de París, es el escenario de una famosa leyenda que apareció en 1910 con la publicación de la novela gótica del escritor Gaston Leroux, "El fantasma de la Ópera". El fantasma es un  genial músico que se esconde debido a la deformidad que sufre pero que se enamora de la joven estrella Christine Daaé, enamorada a su vez, del Conde de Chagny. La historia es una suma de tragedias, accidentes, duelos y muertes, que curiosamente tienen fundamento en noticias trágicas sucedidas en el palacio Garnier, inaugurado en 1875, que el escritor recopiló. 

Foto: José Alejandro Adamuz

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Una ciudad secreta dentro de Lyon

Una forma alternativa y divertida de recorrer el Vieux Lyon es a través de los “traboules”, que son uno de los elementos arquitectónicos más característicos de Lyon. Se trata de una suerte de pasadizos secretos que comunican la calle con portales y patios interiores. Parece ser que su origen se remonta al S. IV aunque apenas se conservan restos de esa época. Los que podemos recorrer datan del S XIX y los usaban los tejedores de seda para mover sus mercancías, sobre todo en La Croix Rousse, el barrio donde se instaló mayormente esta industria. Imprescindible recorrer el pasadizo con ventanas de la Torre Rosa en el Viex Lyon. Tal vez, Saint-Exupéry contaba con sus propios “traboules” para ir de la infancia a la edad madura, y viceversa. 

Foto: José Alejandro Adamuz

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El aviador y escritor Antoine de Saint-Exupéry nació en Lyon

Antoine de Saint-Exupéry nació en el centro de Lyon en 1900. La ciudad inauguró una escultura de la lionesa Christiane Guillaubey, el 29 de junio de 2000 con motivo del centenario del nacimiento del célebre escritor y aviador. Saint-Exupéry está sentado y le cuelgan las piernas en el pedestal de mármol blanco que lo alza. Parece contemplar el horizonte de forma serna. Le acompaña el pequeño príncipe. Esta escultura es lo más parecido que tiene el escritor a una tumba. El viajero tardará poco en dar con ella, en un lateral de la Plaza Bellecour y a un paso de la casa donde nació. La imagen de Saint-Exupéry y del pequeño príncipe nos acompañará mientras paseamos por la ciudad.

Foto: Gtres

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Lyon, una ciudad y dos ríos

Basta ascender a la colina de Fourvière, hasta la basílica de Notre Dame de Fourvière, para comprender cómo la geografía de Lyon está conformada por dos ríos, el Ródano y el Saona. Se puede subir en funicular y luego descender a pie, si se prefiere. Precisamente, desde esta privilegiada ubicación, se expandió Lugdunum, la antigua capital de la Galia durante el Imperio Romano. Podemos aprovechar la visita a este punto panorámico para visitar dos de los vestigios romanos más importantes de Lyon: el teatro y el odeón, construidos en la ladera de la colina.

Foto: José Alejandro Adamuz

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Saint-Exupéry nació en el centro de Lyon

Saint-Exupéry nació en el número 8 de la rue du Peyrat, junto a la popular Plaza de Bellecour. En la actualidad la calle ha pasado a llamarse como el escritor. O al menos, en su versión abreviada y conocida por todos. Como curiosidad, tal como correspondía a su linaje aristocrático, se le bautizó con cinco nombres: Antoine Jean Baptiste Marie Roger de Saint-Exupéry. En el edificio hay una placa en su recuerdo; pero poco más. Durante las celebraciones de su centenario se anunció la creación de un museo en el antiguo castillo de Saint-Maurice, donde se crió; pero el proyecto se ha ido posponiendo.

Foto: José Alejandro Adamuz

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En Lyon se grabó la primera película de la historia

Junto al museo del cine, se encuentra el hangar donde fue grabada la primera película de la historia: La salida de los obreros de la fábrica. Si has visto los 46 segundos que dura el documento de Louis Lumière, reconocerás la forma de la cubierta de la antigua fábrica familiar. Se logró mantener el techo original para el recinto del Institut Lumière, que hoy se dedica al estudio, investigación y difusión de actividades relacionadas con el cine y el patrimonio de los famosos hermanos.

Foto: José Alejandro Adamuz

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Lyon, la cuna de la nouvelle cuisine

Sabemos que a Saint-Exupèry le gustaba comer y reunirse con sus amigos en largas veladas. Disfrutar de la gastronomía es algo muy francés; pero parece que en los lioneses lo es más todavía: es común afirmar que en Lyon nace la nouvelle cuisine de la mano del chef local Paul Bocuse. Y si París tiene los bistrós, Lyon tiene los bouchons. Son locales pequeños, con mesas de manteles a cuadros, vinos de la casa, quesos y los platos populares basados en casquería. Toda una experiencia atreverse con la andouillette, una salchicha elaborada con el intestino y el estómago del cerdo. ¡es el plato estrella! Y por favor, no se vayan si probar, aunque solo sea una vez, el brioche prâlinée. ¡Toda una delicia!

Foto: José Alejandro Adamuz

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Una ciudad llena de murales

En Lyon es como si la realidad no bastara nunca. Al cine de los Lumière, a la poesía de Saint-Exupèry, a las risas del guiñol, a las delicias de la gastronomía, hay que añadir los murales que se encuentran repartidos por toda la ciudad. Lyon es una de las cinco ciudades del mundo en lo que se refiere a arte mural. Un centenar de frescos cuentan la vida y la historia de la ciudad. Por ejemplo, el mural de los Lioneses repasa todos los personajes célebres de Lyon. Imprescindible contemplar el “Mur des Canuts” que describe la historia del barrio Croix Rousse en sus 1.200 metros cuadrados (es el mural más grande de Europa).

Foto: José Alejandro Adamuz

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Bellecour, el corazón de Lyon

La casa donde nació Antoine de Saint-Exupéry está junto a la Plaza Bellecour, popular lugar de encuentro de los lioneses. Está ubicada en el centro de Lyon y se trata de una de las plazas rectangulares más grandes de Europa. En su centro se encuentra la estatua ecuestre de Luis XIV. En el lateral de la plaza, como un guiño a la cercana escultura dedicada a Saint-Exupéry,  hay un parque de juegos infantiles ideal si se viaja en familia.

Foto: José Alejandro Adamuz

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Pasear por el Viejo Lyon

El Vieux Lyon, barrio medieval y renacentista situado a orillas del Saona, forma parte del amplio conjunto arquitectónico declarado como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Es el barrio más turístico de la ciudad. Sus concurridas callejuelas están siempre animadas, con una gran cantidad de restaurantes y tiendas. A diferencia de París, Lyon sí tiene casco antiguo. Comienza por la plaza de Saint-Jean, entra en la catedral y admira su asombroso reloj astronómico, pasea por la calle de la Bombarde y, en definitiva, déjate perder. El encanto está en los rincones ocultos.

Foto: CC

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Retrato de Benito Pérez Galdós por Joaquín Sorolla

Clarín dijo que los novelistas como Galdós son los que menos dejan verse en sus obras: crean almas, pero no a su imagen y semejanza. A pesar de ello, Joaquín Sorolla supo captar la personalidad del gran escritor realista. Más de 80 títulos hacen de Benito Pérez Galdós (Las Palmas de Gran Canaria, 10 de mayo de 1843-Madrid, 4 de enero de 1920) uno de los mayores novelistas españoles después de Miguel de Cervantes.

Foto: LPAvisit

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La Catedral de Canarias

Cuentan las crónicas que el joven Galdós pasaba cada día por delante de la Catedral, durante la construcción de la cúpula de la torre sur, para ir a sus clases en el Colegio de San Agustín. La Catedral Basílica de Santa Ana, junto a la Plaza Mayor de Santa Ana, en el barrio de Vegueta, es el monumento más representativo de la ciudad antigua. 

Foto: LPAvisit

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Casa Museo de Galdós

La actual Casa-Museo Pérez Galdós se instaló en la vivienda de típica arquitectura canaria de finales del XVIII donde nació Benito Pérez Galdós, en 1843. Vivió en esa casa, en el corazón del barrio de Triana, hasta que con 19 años partió a Madrid. El museo recrea los ambientes familiares en los que se desarrollaron los primeros años del autor. Más información para su visita en la página del museo.

Foto: LPAvisit | Quique Curbelo

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Iglesia de San Francisco

En la Iglesia de San Francisco se bautizó a Benito Pérez Galdós. La parroquia de san Francisco de Asís se ubica en la alameda de Colón de Las Palmas de Gran Canaria. De la construcción actual destaca la portada de piedra, de estilo barroco. En una entrevista, dijo el autor que nunca confundiría el son de las campanas de esta iglesia.

Foto: LPAvisit | Quique Curbelo

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Barrio de Vegueta

Este barrio es el núcleo fundacional de la capital de Gran Canaria. El barrio de casa coloniales es el espacio de algunos de los monumentos más importantes de las Islas Canarias, como el complejo de la Casa Museo de Colón, la Catedral de Canarias, o Casas Consistoriales de Las Palmas de Gran Canaria. El barrio de Vegueta fue declarado Conjunto Histórico Artístico Nacional el 5 de abril de 1973.

Foto: LPAvisit

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Casas Consistoriales

En la Plaza Mayor de Santa Ana, se encuentra el icónico edificio de las Casas Consistoriales de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria. En su interior, en recuerdo de Benito Pérez Galdós, se encuentra el busto de la imagen, que se colocó por acuerdo en 1883 en el Salón Dorado. El salón de sesiones fue testigo de diferentes actos de reconocimiento hacia el autor, como cuando Galdós accedió a la Real Academia Española, o su propuesta como candidato al Nobel de literatura

Foto: CMN

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Castillo de If (Marsella, Francia)

Desde la costa, en la bahía de Marsella, Francia, se contempla esta prisión mítica, conocida en todo el mundo por la pluma de Alexandre Dumas, que se basó en ella para escribir El conde de Monte Cristo, en 1844. El Castillo de If es el lugar en el que encierran al héroe de la novela, Edmond Dantès. Para conocer la historia de esta cárcel de estado, que estuvo funcionando desde 1580 a 1871, y cuya ubicación estratégica le permitía proteger a su vez a la ciudad de posibles invasiones, solo hay que embarcar en alguno de los ferry que parten de Vieux Port. Ha sido reabierta recientemente el 12 de junio de 2017.

Foto: Gtres

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Verona

En la región del Véneto se asienta esta ciudad famosa desde que Shakespeare situara en ella la historia de Romeo y Julieta. Los escenarios de la obra son hoy etapas de un paseo que reconstruye la tragedia y a la vez muestra la arquitectura del centro medieval, en la lista de la Unesco desde el 2000. Pero Verona tiene raíces más lejanas, y así lo muestran el anfiteatro romano de la Arena (siglo I), meca de conciertos clásicos, y la iglesia románica de San Zeno Maggiore, con cimientos del siglo IV. En Verona resulta un placer pasear por la plaza delle Erbe, animada con cafés, y por la Dei Signori, la más monumental.

Turismo de Verona

Foto: AP Images

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Monasterio de Strahov, Chequia

El monasterio, situado en la ciudad de Praga (Chequia), fue fundado en el siglo XII. El fondo de esta biblioteca del siglo XVII se reparte entre las salas Teológica (en la imagen) y Filosófica. El estucado del techo de la sala Filosófica data de la segunda mitad del siglo XVII y es de estilo barroco.

Foto: José Alejandro Adamuz

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Montevideo, Uruguay

De momento la última de las escogidas dentro de la red de Ciudades de la Literatura. La ciudad de Montevideo, capital de Uruguay, a orillas del Río de la Plata, cuenta con una rica historia literaria con autores de peso como Eduardo Galeano, Mario Benedetti o Juan Carlos Onetti, sólo por citar unos pocos. Paseando por sus calles es fácil encontrar cafeterías históricas, como el Café Brasilero, usadas por escritores como lugar de tertulia. El mercado de los domingos en Tristán Narvaja es perfecto para buscar libros de todo tipo.