Playas

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 playa de Benagil

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Playa de Benagil: la catedral playera del Algarve

Si la costa Algarvía se conoce por sus cuevas y acantilados es en parte por playa de Benagil. El arenal, que se encuentra muy cerca de Lagoa, ha ganado popularidad precisamente por su cueva, conocida como La Catedral. Con la erosión y el paso del tiempo se ha formado dentro de la misma una pequeña playa, un prodigio natural que bien valdría como escenario de una película de aventuras si no fuera porque en temporada alta nadie se la quiere perder. No tiene acceso directo desde tierra, por lo que hay que hacerlo por mar.

Playa de Carvoeiro

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Playa de Carvoeiro: lo urbano también es bello

Hace tiempo, los barcos salían de aquí a la pesca del atún, pero ahora las coloridas embarcaciones de madera son el decorado perfecto a la playa urbana de Carvoeiro. La panorámica con las casas asomándose al acantilado es perfecta como para animar el feed de Instagram de cualquiera. El ambiente y la tranquilidad de las aguas la convierten en una de las playas más familiares del Algarve. En lo alto de los acantilados hay  unos pequeños senderos y miradores que regalan las mejores vistas de esta parte de costa.

Tres Irmaos

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Playa Tres Irmaos: el complemento perfecto

En esta costa parece que sin acantilados y rocas no hay playa. Esta cala es un ejemplo más (y no cualquiera). Su nombre ya apunta maneras: los tres hermanos son tres formaciones rocosas que se levantan a pocos metros de la orilla. Los riscos dan al conjunto una belleza escénica que entretendrá todas las horas de baño que se dediquen a esta playa vecina a la popular playa de Alvor. Según la leyenda, las rocas son en realidad tres hermanos pescadores  que se quedaron petrificados en una noche de tormenta. Hoy son famosos.

Praia Monte Clerigo

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Playa Monte Clérigo: naturaleza 100% accesible

Ya la entrada a la aldea es una promesa del paraíso playero al que se llega. Salvo cuando sopla el viento, capaz de tapar la carretera con la arena fina de la playa, pero como no hay mal que por bien no venga, a los surfistas les encanta siempre. A ellos se añade alguna que otra caravana y mucha gente que viene a hacer apología del ocio entre dunas y mar. Además, está integrada en la red de playas accesibles, por lo que ofrece toda clase de equipamientos. Hay que alargar la estancia mínimo hasta el atardecer, verlo por ejemplo desde la terracita del O Zé será un momento mágico.

 
 Praia da Falesia

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Playa de Falesia: el acantilado multicolor

Una estrecha lengua de mar abierta al atlántico, entre un mar turquesa y un largo acantilado con matices que van desde el gris al rojo, así es esta playa a sólo diez kilómetros de Albufeira. La gama cromática queda rota en temporada alta, cuando las toallas y los paraguas traen el resto de colores. Y es que la arena fina y la suave entrada al mar hacen de esta otra de las opciones familiares para pasar un día playero en el Algarve. Para los bañistas más gastro, sobre estos acantilados están algunos de los hoteles y restaurantes más interesantes de la zona, como el Pine Cliffs Resort y su restaurante Maré o el Alquimia, en punta y punta de la playa, pero dos imprescindibles de la gastronomía portugesa contemporánea.

 
playa de Albandeira

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playa de Albandeira: fotogenia lejos de las masas

Esta playa es un bello bocado pegado al típico acantilado ‘made in Algarve’. En realidad, son dos calas pequeñas comunicadas por una grieta en las rocas. En cualquier otro lugar, el arco en el que acaba el acantilado que abraza el arenal sería motivo para que los bañistas se plantaran en fila india, pero no ocurre así, porque, en parte, la poca superficie de arena, la estrecha carretera y la falta de servicios alejan el turismo de masa. Para ver el arco hay que llegar con marea baja, que es cuando el túnel que comunica las dos playas se hace transitable.

Pria do Castelo en Algarve

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Playa de Castelo: la perfección playera

Hay que pensar en los acantilados del Algarve como en una cortina que crea intimidad playera; por ejemplo, en esta playa en la que gracias a ellos, no se ven los desarrollos urbanísticos de alrededor. Son las paredes rocosas las que concentran las miradas. Sobre todo, la formación del extremo de la playa, con la forma de almena de un gran castillo marino y que, claro, da nombre al arenal. La erosión ha abierto pequeñas calas en el promontorio que funcionan al modo de playas privadas para los bañistas más madrugadores.

playa de Catedrais

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Playa de Las Catedrales (Galicia): el arquitecto es la naturaleza

La erosión del viento y el mar ha esculpido en Lugo una de las formaciones más afamadas de la costa gallega: arcos y bóvedas de hasta 32 metros de altura semejantes al de una catedral. Está considerada como una de las 21 playas más bonitas de España, pues cuando baja la marea es posible pasear entre sus galerías naturales. Un lugar único situado entre Ribadeo y Foz que nada tiene que envidiarle a la playa de los 12 apóstoles de Australia.

Isleta

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Peñón Blanco (la esencia de Cabo de Gata)

Puestos a imaginar la postal del típico pueblecito de pescadores de Cabo de Gata, seguro que aparece una playa, en ella, unas barquitas, y al fondo, casas blancas con aperos marineros en la puerta. Pues bien, todo eso lo encarna a la perfección el pueblo de Isleta del Moro. Eso sí, en los meses veraniegos el ambiente cambia un poco aunque, pero igualmente vale la pena acercarse para disfrutar de la playa del Peñón Blanco por sus grandes formaciones rocosas erosionadas en la costa por el paso del tiempo y el trabajo de las olas.

Corralete

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Cala de Corralete (el mejor atardecer)

Esta es una playa más del Cabo de Gata; es decir, tonos ocre y oxidados, mar turquesa, sensación de aventura… Hasta ahí lo habitual. Ahora bien, lo mejor llega con la caída del sol. Y es que esta pequeña cala se ubica justo al lado del faro, al poniente del Morrón de Cabo de Gata, lugar mítico donde los haya. Mientras tanto no llega el crepúsculo, lo mejor es no olvidar las gafas y las aletas de buzo para hacer un poco de esnórquel: los fondos rocosos son el hábitat de diferentes especies marinas (también de algún que otro erizo, por lo que hay que ir con un poco de atención).

Genoveses

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Los Genoveses (la histórica)

Entre el cerro del Ave María y el morrón Genovés, se forma un arenal con apariencia de salvaje. En el ambiente se siente el polvo, la sal marina, la textura áspera del esparto que crece en las inmediaciones. A pesar de ello, es una de las playas más familiares de Cabo de Gata. También es la que tiene más historia. De hecho, su nombre viene del desembarco de unas doscientas naves genovesas en 1147, durante la guerra de Alfonso VII contra los musulmanes. Por eso, como podría explicar Sheldon Cooper en su canal de Youtube “Fun with Flags”, la bandera que luce Almería es la misma que la del estado genovés.

Cala Higuera

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Cala Higuera (Para fanáticos de las aletas)

A simple vista, esta cala no destaca por nada e incluso puede pasar desapercibida. No tiene arena, todo son rocas y es muy pequeña, por lo que los bañistas la suelen evitar,  pero es que lo interesante está debajo del agua: llanuras de posidonia y una fauna marina riquísima. La playa es perfecta para hacer esnórquel, pero también para quienes prefieren hacerlo con bombona de oxígeno. Los primeros pueden disfrutar de los fondos marinos junto a badejos y salmonetes sin problemas, mientras que los segundos, por normativa del propio parque, deberán llegar a las inmediaciones de la inmersión. Se puede llegar a profundidades de doce metros donde aparecen algunos cañones de piedra.

Mónsul

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Cala de Mónsul (para cualquiera que haya soñado alguna vez)

Esta es la playa más famosa del Parque Natural Marítimo terrestre de Cabo de Gata-Níjar, con permiso de Los Genoveses, claro. Eso sí, a mediática no le gana ninguna, que por algo esta playa ha salido en multitud de películas. Todo el mundo sabe que aquí se grabó la escena de Indiana Jones y la última cruzada, pero también se rodaron muchas más, entre ellas, algunos planos de la mítica La Historia interminable. Una belleza entre paredes volcánicas ideal para soñar despiertos.

Cala Chica

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Cala Chica (la más secreta)

La playa de los Genoveses eclipsa infinidad de calas interesantes. Ahí están cala Príncipe o Los Amarillos, y la verdad es que no tienen nada que envidiarle a su famosa vecina. Cala Chica es tal vez de todas las desconocidas, la más desconocida. O al menos, la de acceso más complicado, lo que aleja a la mayoría de bañistas. Pero la belleza que aguarda bien vale la aventura de los caminos de tierra. Tras algo más de dos kilómetros aparece un enclave de paredes volcánicas, donde domina la textura del óxido en el paisaje y el azul del mar. Como suele estar poco transitada, muchos se animan a practicar el nudismo, y es que estas tierras vírgenes lo piden a gritos.

 los muertos2.  los muertos

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Playa de Los Muertos (o la de triste nombre)

Dicen que los refranes suelen encerrar cierta sabiduría. También los topónimos. Al menos, los nombres suelen explicar historias de los lugares. Es el caso de esta playa del Cabo de Gata. Parece ser que lo de los muertos viene de la frecuencia con que antiguamente aparecían cadáveres de náufragos en su orilla. Pero los más aprensivos ya no tienen que alarmarse.  Al contrario, se trata de una de las más bellas de todo el parque... y también de las más incómodas. Primero por su acceso, segundo por la entrada al mar y tercero porque cuando por la tarde sopla el Levante, el baño puede ser traicionero. Más allá de las advertencias, la playa sorprende por sus acantilados y por las enormes rocas desprendidas que quedaron en la orilla. También sorprenden sus chinorros blancos que contrastan con los colores óxidos habituales en estos parajes. Sin duda, una playa muy fotogénica.

 
El Playazo

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El Playazo de Rodalquilar (con la familia a cuestas)

Si la playa de Los Muertos se llamó así por los cadáveres que llegaban antaño de los naufragios, esta se llama ‘playazo’ por su extensión. Al menos, en comparación con el resto de playas del Cabo de Gata. El Playazo de Rodalquilar ocupa aproximadamente medio kilómetro de arena, rodeada por montañas y la antigua (y vistosa) Batería de San Ramón. Aunque algo retirada, tiene unas condiciones de baño perfectas para los más pequeños que comienzas a dar sus primeras brazadas en el mar. Los cangrejos en la parte rocosa de la playa hacen la delicia de los pequeños aventureros.

Los Amarillos

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Cala de Los Amarillos (siempre hay una alternativa)

Cuando se indican las mejores playas de Cabo de Gata, se acostumbra a omitir que en algunas, la afluencia de bañistas en verano es alta. Es lo que ocurre a los Genoveses, pero hay otras opciones. Pasando justo al otro lado del Morrón de Genoveses, aparece una pequeña cala rodeada de acantilados. La subida a la cala de Los Amarillos es complicada, pues la pendiente es elevada y en un corto espacio, pero vale la pena visitarla. Sobre todo, cuando en su vecina más famosa, no cabe ya un alma, o cuando le da por soplar al viento.

2Playa de Penarronda Castropol

Foto: Alfonso Suárez

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Playas con vistas a la montaña

Los Oscos forman parte de la Reserva de la Biosfera del Río Eo, Oscos y Terras de Burón, la única de las siete reservas asturianas que tiene parte de su territorio junto a la costa. Por eso aquello de mar o montaña para las vacaciones aquí se convierte en una suma y no en una disyuntiva. ¿Por qué conformarse con sólo una cosa si se puede tener todo? Oscos- Eo se encuentra a sólo 35 minutos de algunas de las mejores playas de Asturias entre las que destacan los arenales espectaculares de Penarronda y de Arnao, en Castropol o el de Mexota en Tapia de Casariego.

 

Foto: Turismo Costa Brava

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Platja Portitxol Empúries (para hacer el Indiana Jones)

A esta playa de arena fina y dorada y aguas tranquilas se llega a pie desde el paseo marítimo de Empúries. La facilidad del acceso y su belleza entre pinos y formaciones rocosa hace que su ambiente sea familiar. Muy próximo, hay un mirador con vistas a la bahía de Roses y el casco urbano de L’Escala. Tocando la arena, se reconoce el elegante edificio que ocupa el Hotel Empúries, un histórico de principios del s. XX  que fue construido para alojar a los arqueólogos que trabajaban en las ruinas de Empúries bajo las órdenes de Puig i Cadafalch.

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Illa Roja (o para dejarse el bañador en casa)

Se accede desde la playa vecina del Racó, y sin embargo no podría haber dos playas más diferentes. Si el Racó es extensa y siempre está concurrida, su vecina, es coqueta y está abrazada por un acantilado de tonos oxidados y rojos que le da da nombre. Además, es uno de los paraísos naturistas de la Costa Brava. El bañador no es necesario, pero sí se aconseja llevar escarpines.

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Cala Estreta (para equilibristas en chanclas)

El hecho de llegar a esta playa ya es de por sí un plan estupendo. Hay que caminar desde la playa El Castell (aproximadamente de unos 30 minutos) para ver a Estreta asomarse al final de un sendero entre pinares. Es una de las calas más recónditas de la Costa Brava y uno de los paisajes más bellos de Palamós. Es verla y entender su nombre: divida en dos por una saliente de roca, la arena dorada apenas ocupa unos quince metros.

 

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Cala Aiguablava (para ir con la casa entera)

Este antiguo puerto natural es de esas playas familiares para quienes no quieren renunciar a un bello entorno natural. Rodeada de vegetación, ocupa un enclave privilegiado desde el que se divisa el imponente Cap de Begur. Aiguablava lo tiene todo para una jornada playera familiar perfecta: por descontado, aguas cristalinas, una entrada al mar muy suave, poco oleaje y todos los servicios necesarios, desde duchas y zona de aparcamiento hasta alquiler de patines. Por supuesto, no le falta el chiringuito correspondiente.

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playa gran de Cadaquès (para bohemios en bañador)

Cierto que por ubicación es la más concurrida de Cadaquès, pero también es una de las más literarias. La gracia está más en la terraza del Marítim, un clásico donde los haya de la Costa Brava. Este bar a pie de playa ha tenido tertulianos tan ilustres como Gabriel García Márquez, Duchamp y muchos de la Gauche Divine. Las vistas al mar, o la blancura estética del pueblo, están aseguradas, tal vez, también la visita de las Musas.

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Cala Sa Tuna (para nostálgicos)

Es una de las postales perfectas de la Costa Brava: aguas turquesas y calmas, pinos -aquí huele tanto a resina como salitre- y el encanto del antiguo barrio marinero del que sobresale su torre crestada. En ella, los pescadores aún varan sus embarcaciones. Lo que para algunos es un inconveniente, para otros puede ser una ventaja. Así que los muchos bañistas que se acercan a este paraje agradecen que la grava no se les pegue en el cuerpo al volver a casa.

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Zahara de los Atunes (la joya)

Zahara de los Atunes es la joya gaditana o el paradigma de la Costa de la Luz. De hecho, si solo se tuvieran unas pocas horas para conocer las playas de Cádiz, ésta zona sería imprescindible. Son kilómetros de hermosas playas de arena clara y fina que van desde el mismo pueblo hasta el Cabo de Gracia. Conforme más al sur, dejando Barbate hacia Tarifa, la playa se va haciendo más salvaje. Desde playa del Carmen, accesible y llena de servicios hasta Playa del Cañuelo, la más pequeña y virgen de todas, un universo playero maravilloso.

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Playa del Palmar (o con buen rollo)

Es la más social de las playas de Cádiz, y eso que la provincia está en niveles altos de sociabilidad. Estos últimos años, la arena gustosa, las olas aptas para el surf y los chiringuitos la han convertido en carne de Instagram, además que Vejer de la Frontera es bonito, bonito. No por nada fue declarado ya en 1976 como conjunto histórico-artístico. Para quienes gusten despedir la jornada playera con un buen mojito está La Torre, a pie de arena, con música y vistas directas al atardecer… Así, ¿quién se va a resistir a compartir unas cuantas fotos en su Instagram?

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Playa de Camarón (para camuflarse sobre la arena)

Esta playa de simpático nombre ocupa un bello paisaje de dunas y vegetación declarado como zona protegida, así que el acceso se hace a través de plataformas de madera: protegen a la vez que quedan muy vistosas para los selfies playeros. No hay que salir corriendo si ve a algún que otro camaleón andar lento sobre la ardiente arena; en todo caso, esta es su casa. Y de hecho, hay hasta un centro de interpretación camaleónico cerca de la entrada a la playa. Otra curiosidad: al bajar la marea, quedan al descubierto los corrales de pesca del camarón… de ahí el nombre de la playa.

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La playa de la Barrosa (la familiar)

Sí, está bien eso de ir al chiringuito más cool o sacar a pasear la tabla de surf, pero en ocasiones también apetece algo más relajado, en plan familiar. Para esos momentos playeros, Cádiz tiene playas como la Barrosa, en Chiclana de la Frontera. Este arenal es perfecto si hay peques de por medio dando sus primeras brazadas y los padres pueden evadirse un rato de la chavalería caminando por la kilométrica orilla. Son famosas las puestas de sol con el islote de Sancti Petri recortado en el horizonte.

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Playa de Regla (para cosmopolitas en chanclas)

Se ve tan familiar y concurrida, con sus chiringuitos a pies de paseo y las tumbonas y parasoles que resulta difícil imaginar que esta playa, en realidad, guarda algunos secretos. A finales del S. XIX, la playa de Regla, en Chipiona, fue escogida por sus aguas curativas para fundar el Primer Sanatorio Marítimo de España, el Sanatorio de Santa Clara, en el año de 1897 donde se trataron numerosos tuberculosos. No fue cosa de milagro, si no de yodo, que parece ser que se encuentra en altas dosis en el mar. Pero es que, además, hay cerca un faro histórico que se remonta a eso del año 140 a. C. Eso sin contar con la evidente presencia del  Monasterio de Nuestra Señora de Regla. Vaya toda una lección de historia. La temporada playera alarga hasta la festividad de la Virgen de Regla, el día 8 de septiembre, cuando la playa se llena de ambiente festivo.

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La Fontanilla (para foodies con arena)

El gran atractivo de Conil de la Frontera son sus playas, y es que tiene cerca de 14 kilómetros de arena fina bañada por el Atlántico. La de Fontanilla es la más famosa y concurrida por sus aguas calmas, ideales para familias con peques, y por su entorno natural. Pero resulta que foodies de todo el mundo, sobre todo durante la temporada de la almadraba del atún rojo, le tienen el ojo puesto a este lugar. Sin ir muy lejos de la arena, se encuentran dos clásicos: el Restaurante La Fontanilla y el restaurante Francisco La Fontanilla. En el municipio hay muchos otros restaurantes para disfrutar del atún, los pescados y arroces.

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Playa del Faro de Trafalgar (la más salvaje)

Las playas de Barbate son un clásico del verano gaditano. Una de ellas es la playa del faro de Trafalgar, que parece recién salida de un anuncio playero perfecto. Eso sí, conforme se accede por la pasarelas de madera que protegen el entorno, se ve un cartel:  “Zona Peligrosa: prohibido el Baño”. Así es, será una belleza, pero hay que ir con cuidado, donde sus bajíos y arrecifes pueden provocar remolinos y turbulencias. Frente a estas peligrosas costas se libró en 1805 la famosa batalla naval que enfrentó al almirante inglés Nelson contra una coalición de barcos franceses y españoles, en 1805. Basta ir a Londres para recordar quién ganó la batalla.

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Valdevaqueros (de todo menos quedarse tumbado)

Si se quiere experimentar con el ambiente surf de Tarifa, esta es la playa perfecta. De hecho es fácil encontrarla: decenas de cometas ponen color al azul del cielo como si fueran el haz de luz de un faro. La Playa de Valdevaqueros se ha convertido en la Meca del windsurf y el kitesurf de Cádiz y hasta ella llega un ingente ejército de deportistas atraídos por las olas, el viento y el entorno semisalvaje. Por supuesto, le dan un toque de frescura a la playa difícil de encontrar en otras playas de Andalucía. Hay conciertos, barbacoas, mojitos y, por supuesto, muchas velas. Además, como la de Bolonia, también tiene su propia duna en Punta Paloma (Parque Natural Del Estrecho).

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Playa de Bolonia (donde hacer la croqueta)

En la playa de Bolonia, se mire donde se mire, su gran duna domina el paisaje. Y es que el Monumento Natural de La Duna de Bolonia es todo un espectáculo natural de más de 30 metros de altura y 200 de ancho que domina el sistema dunar al que pertenece. La arena remonta hasta impactar con un bosque de pinos, en un contraste mágico de ocre y verdes. A los bañistas que suben en procesión, les tienta bajar haciendo la croqueta cuesta abajo. Aguada un mar turquesa en el que luego quitarse la arena, siempre y cuando no sople el viento de levante.

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Playa de La Caleta (para bohemios en bañador)

Hablar de La Caleta no es hablar de una playa, si no de la intimidad de una ciudad. Se podría decir que esta postal típica de Cádiz funciona a modo de un microcosmos que la representa a pequeña escala. A parte de la fama mediática por ser la playa en la que se bañó Halle Berry en Muere otro día, de la serie James Bond, La Caleta es una playa de carácter familiar que ha atraído desde siempre a artistas y bohemios como Isaac Albéniz, Paco Alba, o Fernando Quiñones, el poeta más querido de Cádiz.

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Playa de Langre, Ribamontán al Mar (Cantabria)

Un escénico anfiteatro arenoso en el que disfrutar del mar salvaje y del carácter rural de los prados de alrededor, así es la que muchos señalan como una de las mejores playas de Cantabria. Al naturalista y popular divulgador Félix Rodríguez de la Fuente le encantaba y también a los primeros nudistas, que disfrutaban del aislamiento del lugar. Sobre todo en agosto, es un arenal de uso mixto en el que conviven 'textiles' y naturistas, más en la zona de poniente, en la conocida como Playa Pequeña o Langre II.

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Playa de Es Trenc, Campos (Mallorca)

No es una de las playas nudistas menos concurridas, pero sí una de las más paradisíacas. Si ya se está habituado a pasear las desnudeces propias, se puede disfrutar de la arena blanca y fina y de las aguas turquesas de este paraíso próximo a la localidad de Campos, aunque bien podría pasar por una playa del Caribe… En sus tres kilómetros siempre hay espacio para la práctica del nudismo.  

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Playa Benijo, Tagana (Tenerife)

La playa Benijo, con su característica orilla de color negro, la proximidad del macizo de Anaga y los roques en la orilla, ocupa un paisaje de un magnetismo del que es difícil apartarse. El mar contrasta con la textura polvorienta que cubre el ambiente, que tiene mucho de lunar. Es una de las playas nudistas míticas de Islas Canarias. Una belleza natural sin trampa ni cartón.

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Playa de Torimbia, Llanes (Asturias)

Esta no es una playa cualquiera en la que encuerarse, si no la playa nudista más antigua de Asturias. Se inauguró en los años 60 como una pequeña porción más de libertad conseguida en el país. Además, es una de las playas más bellas de Asturias. Las vistas de este arenal fascinaron al director José Luis Garci, que lo escogió para algunas escenas de su película El abuelo. Cada temporada lleguen más turistas, por lo que 'textiles' y naturistas conviven en armonía.

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Playa El Cofete, Pájara (Fuerteventura)

Rodeada por las montañas de la Crestería de Jandía, este agreste arenal parece un mundo perdido cubierto de arena dorada y gravas. En sus casi 14 kilómetros hay espacio de sobras para encontrar la máxima comodidad en desnudez con la naturaleza. Al tener un acceso tan complicado, no es una playa concurrida, por lo que es un buen lugar para descansar y dar largos paseos por la orilla de mar.

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Playa Baroña, Porto do Son (La Coruña)

Decir Baroña es decir arqueología. Ahí sobre el promontorio, está uno de los castros mejor conservados de las tierras gallegas, pero, además, Baroña también es hablar de nudismo. En esta playa se vivieron episodios reivindicativos como el ocurrido en el verano de 1983, cuando catorce personas fueron detenidas por ir en pelotas. En la actualidad, el ambiente es tranquilo y relajado y ya nadie tiene que salir corriendo por querer bañarse desnudo.

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Playa el Verodal, Frontera (El Hierro)

Tan extraña como bella, esta playa de salvajes rojos es la más occidental de España. Y será por la absoluta sensación de libertad que transmite su enclave que lo cierto es que, aunque no está considerada ‘oficialmente’ como playa nudista, los bañistas suelen animarse a quitarse el traje de baño, lo que evita, a la vez, que se manche con arena roja. Para una experiencia completa, hay que esperar al atardecer.

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Playa de Famara, Teguise (Lanzarote)

Esta playa monumental de seis kilómetros de Lanzarote, cobijada por el risco montañoso que le da nombre, era la playa favorita de César Manrique. Es un arenal salvaje que mira de tú a tú al Atlántico y que atrae tanto a nudistas como a surfistas de todo el mundo. La belleza es tanta que produce ganas irrefrenables de dejar a un lado el traje de baño y salir corriendo por la arena. Suele haber olas y viento, pero con la marea baja, o vacía como dicen en la isla, en toda la orilla se forman grandes piscina de poca profundidad y agua tranquila.

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Playa de Covachos, Santa Cruz de Bezana (Cantabria)

Esta playa nudista de Cantabria es una de las más sorprendentes de España, debido a que con la marea alta tiene una isla a la que, sin embargo, se puede llegar caminando con la marea baja. A pesar de estar a media hora de Santander, le queda bien el adjetivo de salvaje. Rodeada de acantilados, su acceso es algo complicado, por lo que suele ser transitada por público joven, nudistas y amantes del senderismo que buscan desconectar durante unas horas.

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Cala Presili, Maó (Menorca)

También conocida como Capifort, Cala Presili es junto a su vecina cala Tortuga, una de las playas vírgenes más bellas del parque natural S’Albufera des Graus. Sus dimensiones son pequeñas, apenas 180 metros, pero Cala suele estar poco frecuentada ya que se llega siguiendo parte del Camí de Cavalls que bordea Menorca. Un lugar perfecto para relajarse en contacto con lo mejor del Mediterráneo desnudos y con vistas al bello faro de Favàritx. Eso sí, a poder ser, si es la primera vez que se hace nudismo evitar ir en pleno agosto, que es cuando está más concurrida por 'textiles'.

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Playa de la marquesa, Deltebre (Tarragona)

Playa nudista, amplia, singular, tranquila y encima dentro de esa maravilla natural que es el Parque Natural del Delta del Ebro. Más de un kilómetro de arena y mar en los que sentirse lejos de todo. ¿Qué más se puede pedir? Pues desde la playa, se puede caminar hasta la Punta del Fangar, un paisaje que tiene mucho de fin del mundo, con el traje de baño en la mano.

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Playa de La Joya, Motril (Granada)

Para acceder a ella hay que descender más de 200 peldaños, pero lo que cuesta, claro, es la subida. Sin embargo, hay que dar la gracias a todos esos peldaños por conservar la playa poco frecuentada. El bello entorno que ocupa y el que sea poco visitada hacen de ella una de las playas nudistas imprescindibles de la Costa Tropical.

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El Playazo, Vera (Almería)

Por norma general, las playas nudistas suelen estar aisladas, pero este no es el caso. Al contrario, el Playazo es, como indica su propio nombre, la playa más grande e importante de Vera. Se encuentra en una zona urbana de hoteles, por lo que el nivel de ocupación suele ser alto. Pero como son cerca de 2 kilómetros, hay sitio para todos. La zona naturista comienza en la parte norte, una vez acaba el paseo marítimo, y es uno de los arenales míticos de los aficionados ya que pasa por ser el  primer enclave europeo oficialmente declarado para la práctica del nudismo.

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Caló des mort (Formentera)

Las Baleares es territorio nudista, pero en Formentera, será por la cultura hippie o porque la naturaleza es lo que pide a veces, lo de ir en cueros ni se cuestiona y se puede hacer nudismo en prácticamente cualquier playa con total tranquilidad. Sin embargo, ésta es la más conocida de todas, tal vez por el talud rocoso que la cobija y por la dificultad del acceso, o por la belleza del entorno donde destacan los tradicionales escars, como se llaman a las típicas casetas de madera que los pescadores.

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Cuesta Manelli, Almonte (Huelva)

Entre Mazagón y Matalascañas, hay un paraíso nudista excepcional de ambiente tolerante. Aquí no hay grandes paseos urbanizados, pero sí paisajes y tranquilidad. A la zona de Cuesta Maneli se llega siguiendo la carretera que une Huelva con Matalascañas. El acceso se hace a pie a través de una pasarela de madera que quedó dañada en un incendio de Moguer de 2017, pero se están ultimando los trabajos para que esté accesible de nuevo a partir de este verano.

Foto: AgeFotostock

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Cala del moraig y su cueva

Además del atractivo de los contrastes entre los ocres del acantilado que la rodea y los turquesas del mar, junto a esta playa de Benitatxell, en el litoral alicantino, se hallan espectaculares formaciones geológicas, como la Cova dels Arcs, una bellísima cueva acuática que parece la entrada a un mundo subterráneo fantástico. Se accede a ella bien desde el aparcamiento o desde el mismo mar. Expertos submarinistas se han internado en las profundidades hasta alcanzar los 1.100 metros sin hallar el final, aunque para admirar la sala rocosa con sus tres arcos rodeados del mar que se ve en la imagen no hace falta tanta aventura. Tiene la calidad y el equipamiento de las mejores playas de la Comunidad Valenciana con ese punto de geología para los más intrépidos.