Selva negra

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Foto: Krzysztof Browko / Alamy Stock Photo

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Tierra de frontera

Lo mejor de la Selva Negra es el nombre: Schwarzwald. Y aunque no sea ni "selva" (wald significa bosque común) ni "negra" (tiene más árboles de hoja caduca que abetos), ese rótulo evoca algo oscuro y salvaje, misterioso, envuelto en brumas de leyenda. La fortaleza de Hohenzollern, del siglo XI y remodelada en el XIX, se erige sobre una colina de 850 metros en el límite de la Selva Negra y Suabia. 

Foto: Thomas Herzog

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Bosques de ensueño

Los romanos llamaron "selva negra" a este territorio por sus densas florestas. Aquellos temidos bosques ofrecen ahora bellas caminatas. Internándose hacia el sur pronto se da con el lago Titisee, la joya lacustre de la Selva Negra. La proximidad del monte Feldberg (1.493 metros), el pico más alto de la región, lo ha convertido en un destino vacacional tanto en verano como en invierno. 

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Cascada de Triberg, la más alta de Alemania

Si desde Friburgo se toma rumbo hacia el este, entraremos en la zona de los pueblos relojeros. Triberg, a 60 kilómetros, es el más famoso, aunque también lo es por la cascada que el río Gutach forma al despeñarse sobre lajas de granito.

Foto: Franz Walter / AgeFotostock

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Schluchsee

Este lago es famoso por su oferta en actividades náuticas y rutas senderistas. La garganta del río Wutach, conocida como el Gran Cañón de la Selva Negra, se localiza a apenas unos kilómetros hacia el este.

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Baden Baden

Otra de las localidades balnearias históricas está en la Selva Negra alemana. Conocidas en época romana, las aguas de Baden Baden surgen a 2000 metros de profundidad a una temperatura entre 50°C y 68°C y son ricas en cloruro sódico. Las Termas Caracalla y los baños irlandeses-romanos de Friedrichsbad son sus dos instalaciones más emblemáticas