La campana más grande del mundo

La historia dice que pesa tanto que Napoleón Bonaparte, ante la imposibilidad de moverla, cedió en su empeño de llevarsela como trofeo de guerra.

Campana del Zar

Foto: iStock

Campana del Zar

De tan grande que es, la Tsar Kolokol nunca pudo colgar de ningún campanario, ni siquiera ha llegado a emitir un triste repique. Sin embargo, su envergadura hizo que se buscaran nuevas utilidades, una de ellas, la de convertirse en un pequeña capilla en la que se oficiaron varias misas. Pero la historia de esta campana va mucho más allá del apunte curioso. La Tsar Kolokol es la menor de tres campanas que existieron en cuanto a edad y la mayor en cuanto a dimensiones.

Todo comenzó a principios del siglo XVII, cuando se ordenó construir la 'campana del Zar'. El resultado fue una campana de 18.000 kilos que se erigió en lo alto del Kremlin hasta que un incendió hizo que se rompiera. De aquel accidente se aprovecharían los restos de la Tsar I para construir una nueva. Esta vez de 100 toneladas, pero al igual que su antecesora, un incendio en 1701 la destruyó. Cuando ya parecía que no se diseñarían más campanas, la emperatriz Anna Ioánnovna ordenó la construcción de la campana definitiva, una que pesase 200 toneladas y midiera más de 6 metros de alto y 6 de diámetro. Ante semejante armatoste, tuvo que recurrir a varios herreros expertos en fundir cañones. Para su construcción, tuvieron que excavar una fosa en el suelo donde vertir toneladas de bronce, además de 500 kilos de plata y 72 de oro.

Campana Moscú

Como era de esperar, la campana pesaba demasiado como para colgarla. Mientras intentaban solucionar el problema, otro incendió que azotó las inmediaciones del Kremlin amenazó con destruir de nuevo la campana. Tras intentar socorrer el fuego, lanzaron litros de agua fría lo que provocó un cambio extremo de temperatura haciendo que la campana desprendiera de sí un pedazo de 11 toneladas. Aunque sobrevivió a la catástrofe, nunca más se intentó colgar de allí. No fue hasta 1836 que Auguste de Montferrand, un arquitecto francés, logró sacarla de la fosa y colocarla sobre el pedestal de piedra que hoy sigue adornando la plaza roja de Moscú.

Más ubicaciones exactas.

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