El campanario más alto del mundo

Esta es la historia de un hito arquitectónico que devolvió el orgullo a la urbe italiana de Mortegliano.

Mortigliano

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Mortigliano

Al principio de todo, es decir, en el siglo XV, ya había una torre exenta junto al Duomo de Mortigliano. Las fotografías del siglo XIX y los grabados de la época atestiguan un campanario de planta cuadrada, más tosco que esbelto, que se erigía junto a un templo un tanto anodino. Por eso, cuando la ciudad adquirió cierta importancia en la llanura de Friuli hace 150 años se planteó levantar una catedral imponente que reflejara su verdadero poder.

Eso sí, aunque los gobernantes locales tenían muy claro el diseño de la nueva sede episcopal, la construcción de un campanario generaba un debate constante entre los poderes religiosos y civiles. La demolición definitiva de deterioradísima torre antigua, en el año 1913, impulsó la idea de erguir una nueva estructura para alojar las campanas. Los problemas económicos derivados de la I Guerra Mundial y la falta de consenso frenó este proyecto, que no se retomó hasta después de la II Guerra Mundial, cuando la ciudad recuperó parte de su población y su prosperidad. A finales de los años 50 del pasado siglo, entró en la ecuación el arquitecto Pietro Zanini, quien se había especializado en diseñar iglesias por el norte de Italia. Su idea era clara y, sobre todo, realista: levantar un campanario de hormigón recubierto con el ladrillo de la región para seguir con el estilo neogótico del Duomo sin disparar el coste. Y, además, alzarlo hasta lo más alto, llegando a los 113,20 metros, superando los 112,12 metros del Torrazzo de Cremona, devolviendo parte del orgullo a esta ciudad y colocándola en el mapa de los récords.