El castillo fetiche de Walt Disney

Fue el último de los castillos que ordenó construir Luis II de Baviera y también el más icónico, llegando a inspirar a artistas como Disney o Warhol.

Castillo de Neuschwanstein

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Castillo de Neuschwanstein

Neuschwanstein nunca llegó a cumplir con las funciones propias que se le asignan normalmente a un castillo. El tiempo en que estas fortificaciones servían como eje estratégico ante posibles ataques ya había pasado. Era 1869, pero Luis II de Baviera (apodado el rey loco por sus excentricidades) quería construir uno que le recordara al castillo donde pasó gran parte de su infancia. Su empecinamiento tuvo recompensa y poco después, las puntas azuladas de las cúpulas dibujaban el horizonte de las montañas cercanas a Füssen, en la frontera con Liechtenstein.

Una obra de arte que inspiró a grandes artistas como Walt Disney, que se fijó en este majestuoso monumento para crear el castillo de la bella durmiente, convertido en icono de la franquicia. Andy Warhol es otro de los nombres propios que se dejó embelesar por la belleza romántica que desprende el castillo. En 1987 presentó Neuschwanstein 372, una serigrafía que hoy se encuentra en grandes museos como el Tate Modern de Londres. Pero su relación con el arte va incluso más allá. Durante la Segunda Guerra Mundial, sus habitaciones fueron utilizadas por los nazis como almacén de cientos de obras de arte robadas, convirtiéndose casi en una galería de lujo.

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