El cementerio de Eduardo Manostijeras

En el norte de Ecuador, las esculturas moldeadas en ciprés parecen el escenario de la película de Tim Burton.

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Hace un tiempo que el cementerio de Tulcán se posicionó en el mapa turístico del norte de Ecuador. Las tumbas blancas son casi lo de menos. Lo importante aquí es el verde de los cipreses moldeados como si fueran las esculturas de una especie de galería de exposición fabulosa con más de 300 figuras de todo tipo: cariátides, dioses de la cultura precolombina, animales o formas geométricas que parecen cobrar vida.

El cementerio no tiene nada que ver con Eduardo Manostijeras, el famoso personaje de Tim Burton, sino que todo comenzó mucho antes, cuando José María Azael Franco Guerrero ocupó el cargo de Jefe de Parques del Municipio, en 1936. El hombre sacó toda su vena creativa y, enfilándose en su escalera de mano, comenzó a moldear los cipreses que se habían plantado en el nuevo cementerio del municipio. Poco a poco, la decoración fue despertando la admiración de los vecinos hasta que en 1984 se le reconoció su valor siendo declarado "Patrimonio Cultural del Estado". Hoy en día, nuevos jardineros tomaron el testigo de Azael Franco.

Si alguien se pregunta sobre la durabilidad de estas creaciones, el material con el que están hechas las esculturas puede vivir bien cuidado hasta 500 años. No es la eternidad, pero ni siquiera todas las esculturas de mármol griegas llegaron hasta nuestra época.

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