¡Más madera!

El centenario templo que guarda el secreto de la sostenibilidad

A pesar de tener 1200 años de antigüedad, la construcción de Kiyomizu-dera de Kioto resulta de lo más contemporánea.

 

 
Kiyomizu-dera

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Cuentan que un anciano vestido con una túnica blanca se apareció en sueños a Kenshin, un monje asceta de Nara. Y también cuentan que ese anciano le pidió que fuera hacia el norte y que encontrara un “cristal de primavera”. Eso le dijo exactamente. Y así hizo este monje, que caminó y caminó hasta el monte Otowa, en Kioto, donde descubrió una cascada de agua pura. Ese salto de agua era el “cristal de primavera” de la revelación. Esa cascada de agua pura y limpia acabó dando nombre al espectacular templo Kiyomizu-dera, una de las visitas imprescindibles de Kioto.

La leyenda no explica que para construir el templo se usó madera, que sucesivos incendios lo destruyeron parcialmente; pero que la gente lo volvió a levantar, una y otra vez, una y otra vez… hasta el día de hoy, cuando hace dos años que concluyó su última reconstrucción. Y es que a veces lo más frágil resulta lo más duradero. El universo está lleno de ejemplos así.

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La madera contra la huella de carbono

La madera pide paso en el mundo de la construcción como una solución para descarbonizar el sector, pero no tiene nada de moderno más allá de la voluntad de generalizar su uso. En Japón llevan usando la madera desde tiempos remotos para levantar sus edificios más importantes. Por ejemplo, en Kiyomizu-dera, construido todo en madera. Sus pilares y rieles -el mayor alcanza 12 metros de altura y tiene dos metros de circunferencia- mantienen perfectamente la estructura sin usar un solo tornillo y la hacen resistente además a los frecuentes temblores sísmicos del país. Se usa la madera de árboles zelkova autóctonos, algunos de más de 400 años de antigüedad. Esos pilares han visto de todo y han sufrido multitud de incendios. Ese es el inconveniente de la madera, pero tal como se ha ido dañando, se ha ido reconstruyendo. De hecho, el templo que se ve hoy en día data de 1633. Los materiales de construcción para las principales obras de renovación que se necesitarán próximamente se están plantando en los bosques circundantes, propiedad del Templo.

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Entre piedras de amor y pagodas de récord

El templo en realidad no es más que el epicentro de un ecosistema zen con diferentes edificios religiosos de lo más interesantes que se esparcen por toda la ladera del monte Otowa. Todo ello forma parte del conjunto de Monumentos históricos de la antigua Kioto (ciudades de Kioto, Uji y Otsu) declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el año 1994. Además del Salón Principal que es la joya más mediática, como el santuario Jishu, dedicado a Okuninushino-Mikoto, una especie de dios del amor. En este santuario se encuentran las dos “piedras del amor”, separadas entre ellas 6 metros, un camino que hay que hacer con los ojos cerrados, tratando de evitar a todo aquel o aquella que se cruce por medio. Otra de las construcciones que llaman más la atención es la pagoda de tres pisos Sanjunodo, pintada con el espectacular color rojo bermellón.

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El mejor balcón de Kioto

El plato fuerte del templo es este balcón que vuela a 13 metros de altura en la ladera de la montaña, sobre la copa de los árboles. Las vistas son espectaculares, con toda la masa boscosa y la ciudad de Kioto a lo lejos, tornándose diferente según sea la luz cuando se hace la visita. Su suelo está compuesto de más de 400 tablones de madera pulida que se construyó siguiendo el estilo Heian del templo anterior.

Estética, arquitectura tradicional y el origen de una expresión popular japonesa. Cuando alguien toma una decisión repentina y decidida en su vida, se suele decir en japonés que se siente “como si saltara de la plataforma de Kiyomizu”. Hoy es algo metafórico, pero en su día era literal. La gente llegaba hasta el templo para hacerse con el reconocimiento espiritual de Kannon, la diosa de la compasión. Solía decirse que si la persona saltaba desde el balcón y sobrevivía a la caída sobre los árboles, vería cumplirse su deseo. Parece ser que durante el periodo Edo llegaron a saltar 234 personas: 35 murieron.

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Agua pura

El agua pura está detrás de la creación original de este templo por lo que hoy en día se sigue consagrando especial importancia a la misma. Bajo el Salón Principal hay unas fuentes de agua que provienen de la casca. Se dice que es un agua terapéutica, que asegura salud, longevidad o éxito de los estudios. Depende del chorro de dónde se llene la copa. Se forman largas filas de personas que buscan resolver si la tradición es certera o no.

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¿En primavera o en otoño?

¿Cuándo es la mejor fecha para visitar Kiyomizu-dera? El balcón volado es una atalaya perfecta para disfrutar de vistas, tanto en primavera, cuando florecen los cerezos, como en otoño, cuando los bosques del templo explotan en una gran gama cromática otoñal, con colores rojos y dorados. De hecho, durante el otoño hay visitas especiales con una iluminación especial. Si no es una u otra estación, el verano también es maravilloso por el verdor que alcanzan las hojas de los árboles.

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Cómo la madera se convirtió en música

Vale. Se construye con madera para reducir huella de carbón, se plantan árboles para futuras reconstrucciones… Pero, ¿qué pasa con la madera que se ha retirado en la última reconstrucción que finalizó en 2020? Al templo se le ocurrió hacer una alianza con un músico y lutier japonés muy conocido, Akira Uchida. Se les ocurrió convertir parte de aquella madera cambiada en música. Akira Uchida construyó un clavicordio con el que tocar en el Salón Principal del Templo Kiyomizu-dera. Su música y los rezos de los monjes quiere contribuir a la paz mundial, que buena falta está haciendo últimamente.