La ciudad licia inmortal

Este enclave milenario ubicado en el sur de Turquía posee fabulosas necrópolis esculpidas en la montaña.

Myra

Foto: Getty Images

Myra

En el sur de Turquía, las montañas sobrepasan los 3000 m y descienden cual cortinajes hasta un mar azul turquesa. El pueblo licio, procedente de Anatolia –o de Creta, según Herodoto– habitó esa región. Se trataba de una sociedad matrilineal que veneraba a una diosa madre. En el siglo vi a.C. los persas asolaron su capital en la desembocadura del río Janto. Bajo la cultura griega, la diosa madre licia se transformó en Leto, una amante de Zeus, y a ella se consagró el gran santuario de Letoon, próximo a la playa de Patara.

Myra, una notable ciudad de la Liga Licia situada en las afueras de la actual Demre, posee una impresionante necrópolis rupestre en un acantilado que se alza junto al río Demre. Las tumbas, que lucían policromadas cuando se tallaron en el siglo iv a.C., hoy están casi mimetizadas con la pétrea pared que las abriga. Se cree que se construían así para que el difunto fuera transportado al más allá por una criatura alada; acaso también para proteger el oro y las otras ofrendas.

Los sepulcros, a los que no se pue­de acceder, acaparan la mirada, pero a solo unos pasos sí se puede visitar un anfiteatro romano para 13.000 personas. Cerca también se halla la iglesia de San Nicolás, que conserva el sarcófago donde fue enterrado este obispo del siglo iv nacido en Licia, tan importante para el catolicismo ortodoxo y que inspiraría la tradición de Santa Claus.

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