El cráter más occidental de Europa

El extinto volcán de Corvo brilla en la isla más pequeña y occidental de las Azores.

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Corvo es una isla que permanece bastante intacta, un paraíso en el Atlántico que preserva una naturaleza exuberante y una belleza mística. Señalada en los mapas del siglo xv como Insula Corvi Marini (isla de los cormoranes), forma junto a Flores el Grupo Occidental de las Azores, declaradas Reserva de la Biosfera.

La abrupta y diminuta Corvo (6,5 km por 4 km) es un destino óptimo para avistar aves marinas y cetáceos. Pero además esconde en su interior un paraje soberbio, el Caldeirão, el cráter de 2,3 km de diámetro del volcán Monte Gordo (770 m), de cuyo lecho emergen conos rodeados de agua. Se dice que, como un microcosmos, dibujan la forma del archipiélago azoreño.

Su contemplación bien vale la excursión que se inicia en Vila Nova do Corvo, la única población de la isla, a cuyo puerto llegan los ferris desde Flores. Desde Vila Nova a Caldeirão hay 6 km, todos cuesta arriba. En el camino se ven campos limitados por muros bajos, hileras de enormes hortensias, algún molino de viento y pajares, unas casetas de basalto donde los campesinos guardan las herramientas. Al llegar al mirador de Monte Gordo, en el filo del Caldeirão, a 500 m de altitud, los ojos se abren para contemplar una vista espléndida, con el cráter cubierto de aguas azules y delimitado por praderas verde esmeralda.

La iglesia de Nossa Señora dos Milagres (patrona de la isla) acoge el Centro de Interpretación de Corvo, donde informan de rutas senderistas, paseos en barca que revelan acantilados poblados por gran número de aves marinas, así como de puntos de buceo y calas donde relajarse.