Las cuevas de los mil budas

Pese a ser Patrimonio de la Humanidad, las grutas de Mogao siguen siendo un enclave visitado, en la gran mayoría, por viajeros chinos.

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La primera impresión nada más llegar es la de estar ante un gran templo que se sostiene, como si fuera un decorado cinematográfico, en una garganta que se abre a las afueras de la ciudad china de Dunhuang. Sin embargo, cuando el viajero occidental se abre paso entre los numerosos chinos que acuden a uno de los imprescindibles de todo grand tour interior por el país, descubre que aquí no hay nada de cartón piedra. Y que, sobre todo, la estructura exterior solo vertebra y da coherencia a un microcosmos de cuevas excavadas en la roca. Cada una es diferente y atesora desde estatuas de Buda hasta frescos que se conservan casi a la perfección. Además, el hecho de haber sido decoradas a lo largo de diez siglos diferentes (del IV al XIV d.C) hace que sumergirse en cualquiera de ella sea una experiencia única. Todo por culpa de un monje, Lo-tsun, quien tuvo una visión de mil Budas brillando en las paredes de este acantilado y fundó una comunidad que fue creciendo inexorablemente. Y, con ella, las cavidades pintadas que, a día de hoy, son un alto en el camino fundamental de quien se atreve a recorrer la Ruta de la Seda al completo.