El desfiladero intacto

Parte de la magia del Congost de Mont-rebei es la ausencia de infraestructuras y la virginidad del paisaje.

Congost

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Hay fronteras para las que no hace falta ningún tratado ni ninguna disputa política a la hora de ser trazadas. Eso es lo que ocurre con el límite entre Huesca y Lleida a la altura de la Sierra del Montsec. Este paraje, notable por la desnudez de sus rocas y por los pliegues de la tierra, cuenta con unos ríos escultores cuyo cauce turquesa se abre paso con cierta fantasía. Es el caso del Noguera Ribagorzana, que en estas coordenadas se estrecha hasta ocupar solo 20 metros de ancho. El contraste con las paredes de 500 metros es absolutamente hipnótico y magnético.

Pero los datos geográficos no son los únicos artífices de esta postal. También destaca el hecho de que este desfiladero nunca ha sido intervenido por el hombre. Ni un embalse, ni un desvío, ni un puente molesto. Solamente unos caminos excavados en la piedra y unas pasarelas con las que conquistar el paisaje a golpe de senderismo. ¿Quién dijo que no quedaban espacios vírgenes en España?

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