La ermita templaria al final del cañón

San Bartolomé es mucho más que el final del cañón del río Lobos, es una joya templaria cargada de magnetismo.

San Bartolomé

Foto: AGE Fotostock

San Bartolomé

El pueblo de Ucero, enclavado a los pies de su castillo medieval, es el inicio de la excursión que entre bosques de encinas sigue el río Ucero hasta la ermita de San Bartolomé, en la entrada del cañón del río Lobos. El templo fue fundado por los templarios en el siglo XIII y resulta fascinante por la simbología que contiene: destaca el rosetón con la estrella de cinco puntas de la secreta Orden de Sión. Frente a la iglesia se abre el prodigioso desfiladero, encajado entre pináculos, farallones, meandros y grutas como la Cueva Grande, que ejerce de mirador. Desde San Bartolomé la ruta continúa por el fondo del cañón y finaliza en el puente de los Siete Ojos, donde se ven nenúfares que tapizan las rocas y rapaces que sobrevuelan los roquedos.

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