La estación de tren que parece un castillo

La terminal de Haydarpaşa de Estambul se levantó hace más de 100 años para ser un emblema del extinto Imperio Otomano.

Estación Estambul

Estación Estambul

A finales del siglo XIX, Estambul era una ciudad orgullosa y próspera que pretendía mostrarse al mundo como lo que era: la capital del gran imperio otomano. Para ello, comenzó una serie de obras de modernización no solo de su metrópolis, sino de todo el país. Entre estas nuevas infraestructuras, el sultán Abdülaziz planeó crear una línea ferroviaria que uniera su urbe con el centro de la actual Turquía, llegando primero a Izmit y posteriormente hasta Ankara. El punto de partida de esta nueva red de transporte era el barrio de Haydarpaşa, donde se levantó una estación que permitiera el tráfico de pasajeros y que, a su vez, conectara vía ferry con el lado europeo de Estambul.
Con el paso de las décadas, los tentáculos ferroviarios de esta línea se ampliaron y llegaron incluso gasta Bagdad, haciendo de la primitiva estación un espacio obsoleto. Por eso, en 1904, el Imperio se propuso levantar un edificio nuevo, mucho más ambicioso que el original. Para ello miraron al Viejo Continente, donde encontraron el talento de dos referentes teutones. El primero, el político y abogado Otto Ritter, quien ideó el plan de expansión de una compañía capitalizada por el Deutsche Bank. El segundo, Helmut Conu, arquitecto de la compañía Philipp Holzmann AG. Este dúo diseñó un edificio ampuloso, más cercano al imaginario europeo y a las corrientes historicistas de la época, con el que Estambul comenzaría su occidentalización. Una especie de caballo de Troya estético que, a día de hoy, es una agradable anomalía a orillas del Bósforo.