La iglesia que fue diseñada como un gran joyero

Durante décadas albergó hasta diez reliquias de Cristo pero un incendio y la Revolución Francesa terminó por hacer que las joyas fuesen trasladadas.

Sainte Chapelle

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Sainte Chapelle

La historia de la Saint-Chapelle, en París, tiene su origen en la Constantinopla del siglo XIII. En 1237, el emperador mandó una carta al rey Luis XV de Francia. Acuciado por la inestabilidad económica, este le ofreció comprar la corona de espinas de Cristo, una oferta irrechazable teniendo en cuenta que el monarca galo era profundamente cristiano. De hecho, tal era su devoción que participó activamente en las cruzadas y compartía su mesa con leprosos y lavaba los pies de los pobres cada Jueves Santo.

Una vez fue suya la corona de espinas, siguió hasta hacerse con diez reliquias más. Entonces, mandó construir una capilla para custodiarlas. El resultado fue Saint-Capelle, una iglesia gótica en el centro de París concebida como un gran joyero. A la estructura esquelética le acompañan numerosos vitrales que representan multitud de pasajes de la Biblia, aunque también se puede observar al propio Luis XV.

La importancia del templo fue limitándose en pos de la catedral de Notre-Dame, aunque la estocada final sería durante la Revolución Francesa, cuando sería privada de todas sus reliquias. Hoy, completamente restaurada después de que un incendio en 1630 amenazara con destruirla, no es más que un gran joyero, aunque sin joyas.

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