El laboratorio agrícola inca

Se cree que los incas aprovecharon el cráter que dejó el impacto de un asteroide para construir un sistema de terrazas concéntricas donde experimentaban con cultivos recreando diferentes climas.

Moray, Perú

Foto: iStock

Moray, Perú

Pese a las dificultades del terreno, se estima que los incas cultivaron alrededor de setenta especies vegetales diferentes, entre ellas los camotes, el maíz, los ajíes, el algodón, el tomate, el maní o la quinoa, aunque de todas, la más importante fueron las papas. Estas son, junto al arroz y el maíz, el invento definitivo y el más comercial de todos, pues se calcula que cada año se producen más de 300 millones de toneladas métricas. Una vez arrancadas de la tierra, muchas se convertirán en parte de nuestra dieta en forma de sucedáneo. Patatas fritas, de todos los sabores y colores, congeladas, deshidratadas, crujientes, etcétera. Miles de presentaciones distintas, el triunfo de la investigación aplicada a la industria alimentaria.

Los incas no sabían cómo transformar los alimentos en productos, pero atajaron el problema desde el inicio, desde la agricultura. A siete kilómetros del pueblo de Maras, en el Valle Sagrado de Perú, se encuentra Moray. Entre los cerros sobresale un agujero excavado en la propia montaña rodeado de círculos concéntricos. Se cree que los incas aprovecharon el cráter que dejó el impacto de un asteroide para construir este anfiteatro cuya profundidad alcanza los 45 metros. Cada terraza contaba con su propio canal de irrigación que creaba un microclima diferente. De ese modo, los incas pudieron investigar con semillas de todo tipo, desde el maíz, la fruta o la coca que crece en climas cálidos, la quinoa o la kiwicha, que lo hace en condiciones más frescas, hasta la patata que lo hace en ambientes fríos.

Más ubicaciones exactas.

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