El legendario puente de los 33 arcos

La pasarela de Si-o-se-pol (Isfahán, Irán) no solo ejerce de viaducto, también de represa para controlar el río Zayandeh.

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Apenas mide 400 kilómetros de longitud, pero el río Zayandeh es clave para la vida y el desarrollo en la meseta central de Irán. Una relevancia que no solo se percibe por la cantidad de ciudades relevantes que se agolpan en su ribera, sino por la belleza de los puentes que lo cruzan. En este sentido, la ciudad de Isfahán acumula muchos de ellos. En total, once estructuras que parecen rivalizar en belleza y espectacularidad entre las que destaca Si-o-se-pol, cuyo nombre se podría traducir como el puente de los 33 arcos, aunque su denominación oficial es la de Allahverdi Khan en honor del gobernante que lo auspició en el siglo XVI.

El principal rasgo de esta construcción se desvela rápido en su nombre, ya que cuenta con una doble línea de arcos diseñada para duplicar el tráfico de personas y mercancías y, a su vez, para poder establecer un sistema de compuertas con el que controlar un caudal caprichoso que crece y decrece de forma exagerada en las diferentes estaciones del año. A esto hay que añadirle lo asombroso de su tamaño (casi 300 metros de largo) y de su robusta estructura de piedra y ladrillos. Su interior sigue siendo peatonal y la sucesión de bóvedas lo hacen especialmente hipnótico, aunque ha perdido gran parte de los frescos que algunos viajeros llegaron a calificar como eróticos.