La montaña austral con 'venas' heladas

Al oeste de Nueva Zelanda se encuentra el Parque Nacional de Aoraki donde el paisaje adopta formas imposibles entre montes y glaciares imponentes.

Lago Tékapo

Foto: iStock

Lago Tékapo

La naturaleza es caprichosa. Contra más adverso e inhóspito sea el lugar, más se esmera por crear paisajes inverosímiles, y el Parque Nacional de Aoraki, en Nueva Zelanda, es un claro ejemplo. El espectáculo comienza a los pies del monte Cook, el más imponente de un país ya de por sí agreste. De hecho, se le conoce como los 'Alpes' oceánicos. Bajo las faldas teñidas por un manto blanco, se extienden grandes valles de altramuces que pintan los alrededores del lago Tékapo con multitud de tonalidades que oscilan entre el rosa chicle y el fucsia intenso.

Ya en el interior de ese entramado de grandes picos, siguiendo el curso del agua, aparecen glaciares enormes, tanto como montañas enteras. El más grande es el glaciar Tasman, con 27 kilómetros de longitud, de hecho es tan grande que alberga una pista de aterrizaje para aviones pequeños. Tras él, una joya que observada a vista de pájaro bien podría confundirse con un cuadro abstracto. A medida que se avanza, los glaciares pierden tamaño, se resquebrajan y el lago, entonces, se multiplica hasta crear pequeños afluentes. Las ramificaciones adquieren tonos lechosos y fríos que transcurren tranquilamente por el cauce, como si el monte expusiera sus venas al exterior en un acto máximo de generosidad.

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