El valle lunar rodeado de selva

A 250 kilómetros al norte de Brasilia, la capital del país más grande de Sudamérica, se abre un paisaje cósmico que recuerda a la superficie de la Luna.

Valle Luna en Brasil

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Valle Luna en Brasil

En la Luna hay selvas, sí, así es; y por su interior fluye un río del que beben tucanes, armadillos, jaguares y guacamayos, entre otros animales. En la Luna también hay grandes cascadas que terminan por derrumbar sus colas de agua sobre grandes pozas y árboles que tiñen de un verde puro cada milímetro de superficie. Curiosamente lo que no hay son cráteres, ni ese polvo en que en 1969, Neil Armstrong dejó sellada la suela de sus zapatos. No al menos en este valle lunar situado a 250 kilómetros al norte de Brasilia.

Aquí, junto al parque nacional Chapada dos Veadeiros, 66 mil hectáreas guardan para sí un valle hecho de rocas finas y lisas que parecen lijadas a mano. Pero su morfología sinuosa, de cantos marcados se debe a la acción del viento, la lluvia, el calor y sobre todo del río que transcurre por él, el río São Miguel, que durante más de 600 años ha esculpido con paciencia esta paisaje más propio de otro planeta.

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