Una ventana natural en el corazón de la cordillera

Bajo la cima de Peña Mea, en Asturias, la erosión ha esculpido una roca a la que se accede en una gran excursión.

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Foto: Getty Images

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Peña Mea (1557 m) da cobijo bajo su cumbre al Ojo de Buey, un contrafuerte de silueta inconfundible, fruto de la erosión en la roca caliza, que se alza entre los concejos de Laviana y Aller. La ascensión requiere algo de esfuerzo, pues se remontan más de 700 m de desnivel, pero la recompensa ya se obtiene durante el camino por las espectaculares vistas.

El punto de partida habitual es Pelúgano, un pueblo encantador con hórreos tradicionales. La excursión abarca 12 km ida y vuelta, que se cubren en algo más de 4 horas, más las paradas y la posible subida a la cima de Peña Mea, por lo que se aconseja salir temprano y en un día despejado.

La ruta a Peña Mea, señalizada como Sendero de Pequeño Recorrido (PR), siempre discurre cuesta arriba, al principio más arbolada, luego por valles verdes y al final por roca viva. Durante el trayecto se pasa por aldeas, cabañas dispersas con abrevaderos para el ganado y prados de los que brotan fuentes. A mitad de trayecto la pista deja de ser cómoda y se convierte en una senda estrecha hasta la canal de las Cuevas, en la base de Peña Mea.

Desde aquí la subida en zigzag por la montaña impone por su gran pendiente, y sin rastro aún del Ojo de Buey. Pero de golpe, tras un recodo, aparece la oquedad, un ventanal rocoso de 20 metros de diámetro, que traspasa el crestón de Peña Mea y depara una visión inolvidable.

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