Andalucía

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Aracena, Huelva

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Aracena (Huelva)

En el norte de Huelva, la tierra se pliega y gana altura. Encinas, alcornoques, robles y castaños alfombran el lugar donde acaba Andalucía, comienza Extremadura y el Alentejo portugués se extiende hacia el oeste. El pueblo de Aracena da nombre a la sierra y es la capital de la comarca homónima. La variedad de sus blancas y apiñadas casas y sus calles de suelo empedrado convierten cualquier paseo en una delicia. Desde las almenas y arcos de su castillo templario se contemplan los pueblos como motas blancas que destacan a lo lejos, entre altozanos, dehesas y praderas. 

El monte donde se alza la fortificación está horadado y se entra en él a través de la Gruta de las Maravillas. La primera sorpresa que depara la cueva es su ubicación, en pleno centro del pueblo. Descubierta en el siglo XIX, se abrió al turismo en 1914 –fue pionera en Europa–. Un itinerario circular guiado permite contemplar las asombrosas formaciones de roca y los lagos de sus diferentes niveles. Aracena atesora la iglesia de Nuestra Señora del Mayor Dolor y varias ermitas mudéjares. En su plaza Mayor hay bellos edificios decimonónicos, como el Casino de Arias Montano, del sevillano Aníbal González.

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iStock-1198039872. Un camino que permite admirar la vida e historia del lugar

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Un camino que permite admirar la vida e historia del lugar

En el Valle del Hoyo se encuentra una casa usada por montañeros y escaladores y que fue sondeada por arqueólogos, que detectaron presencia de cerámica medieval islámica y castellana, lo que evidencia la existencia de un asentamiento del siglo XIII. Más adelante, el visitante caminará por el antiguo canal de agua, construido en galería, con gruesos muros y a cielo abierto, por donde hace años pasaba un caudal de 10.000 litros por segundo. Durante el recorrido puede pasar por alto, pero en un antiguo tuve de servicio del canal ahora se ubica el Refugio de Murciélagos, un lugar con una gran puerta de madera con una pequeña ventana que les facilita la entrada y salida y, a la vez, les facilita hibernar.

El balcón de cristal cuyo suelo permite ver el desfiladero permite parar a contemplar el lugar antes de ver los fósiles conservados y la tirolina utilizada para traer material del ferrocarril. El senderista seguirá adelante para disfrutar del puente colgante de más de 30 metros de longitud y 105 de altura sobre el Guadalorce. Para finalizar, el Chalet del Ingeniero, con unas vistas privilegiadas del embalse, será la antesala al antiguo poblado de El Chorro, que aun conserva casas cueva y antiguas edificaciones.

iStock-1155454124. Una gran diversidad de fauna y flora

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Una gran diversidad de fauna y flora

El entorno del río Guadalhorce se ha declarado como Zona de Especial Protección para las Aves, ya que la mayor parte de las especies del Desfiladero de los Gaitanes están amenazadas. Conviven importantes colonias de buitre leonado, pero también alimoches, águila real, halcón peregrino, buho real y otras como el arrendajo, el vencejo o la paloma bravía, entre otros. En cuanto a mamíferos, habitan cabras montesas, zorros o meloncillos, ademas de grutas de murciélagos. En cuanto al curso fluvial, se encuentran nutrias y especies como el barbo gitano, el sapillo pintojo o la culebra de escalera.

En el desfiladero hay cuatro zonas bien diferenciadas: los desfiladeros calizos, las laderas a pie de monte, el Valle del Hoyo y la ribera del Guadalhorce. Las especies que se adaptan a los hábitats rocosos son rupicolas y aprovechan las grietas para crecer, donde viven los zapaticos y el escobón. En las zonas más humedad se encuentran helechos, y en las laderas hay Sabina causada, propia de ambientes litorales. En el Valle del Hoyo domina el pino carrasco, el romero, la algaida y palmitos. En el margen del río crecen las adelfas y carrizos, ademas de frutales que los huertos cercanos guardan.

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Cómo recorrer el sendero de forma respetuosa

El acceso al camino está restringido para los menores de 8 años y aquellos que porten muletas, bastones, carros o sillas de ruedas. En la entrada se facilitarán elementos de seguridad que se han de colocar obligatoriamente, como cascos para protegerse de posibles desprendimientos. Se recomienda llevar agua y comida, pero no consumirlo en las pasarelas. También es necesario un calzado y ropa adecuados y crema de protección solar, y está prohibido el uso de palos selfie y drones, al igual que emitir sonidos altos, fumar, arrancar vegetación, bañarse en el río, abandonar el sendero o llevar animales, bolsos voluminosos o cargar personas en brazos. Para aquellos que quieran practicar escalada, tendrán que acreditarse como federados y realizar la actividad en las zonas habilitadas para ello. El recinto está abierto de martes a domingo, exceptuando los días 24, 25 y 31 de diciembre, el 1 de enero y otros días que se acuerden.

iStock-1256247983. La industrialización, origen del Caminito del Rey

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La industrialización, origen del Caminito del Rey

El Caminito del Rey se encuentra en el Desfiladero de los Gaitanes, un cañón excavado por el río Guadalhorce y situado entre los municipios de Álora, Antequera y Ardales. La anchura del desfiladero en algunos tramos es de tan solo diez metros, y alcanza los 700 metros de profundidad. El Desfiladero de los Gaitanes no era más que un valle transitado por algunos pastores y cazadores de la zona hasta que llegó la industrialización a mediados del siglo XIX. Con la voluntad de conectas las cuencas mineras de Córdoba y las fábricas malagueñas, se construyó una línea de ferrocarril con túneles y viaductos.

En aquella época, la construcción de la central Salto del Chorro hizo necesario abrir un camino adosado a la roca como vía de servicio para facilitar el mantenimiento del canal. Conocido como Camino de los Balconcillos en su origen por los pequeños balcones que aún conserva, mudó el nombre a Caminito del Rey después de que el Rey Alfonso XIII lo recorriera tras inaugurar el Embalse de El Chorro en 1921.

iStock-641737720. Planificar la llegada y visita al sendero

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Planificar la llegada y visita al sendero

La primera opción para realizar el camino es aparcar en El Chorro (Álora), en la zona sur y final del camino, y tomar el autobús lanzadera hasta el embalse del Conde de Gudalhorce. Desde este hasta el principio del camino, en la Central Hidroeléctrica Gaitanejo, hay un recorrido de una media hora que se puede realizar por dos túneles diferentes. Al terminar el Caminito del Rey, el sendero deja al visitante en el parking inicial.

La segunda opción es aparcar directamente en la zona del embalse del Conde de Guadalhorce (Ardales), en la zona norte, y al terminar el recorrido en El Chorro, utilizar un autobús lanzadera que devuelva al senderista al embalse del inicio.

balcon. Mucho más que naturaleza y altura

Foto: Caminitodelrey.info

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Mucho más que naturaleza y altura

El recorrido tiene lugar por pasarelas que a veces se sitúan a mas de 100 metros sobre el río Guadalhorce, pero también hay otros atractivos que salpican el Caminito del Rey. Empezando por la caseta de inicio del camino, se encuentra la Central Hidroeléctrica de Gaitanejo, una de las más antiguas de España, decorada con piedra caliza y que llama la atención de los visitantes. Además de la presa de Gaitanejo, a su lado se pueden observar las casas cueva de Sierra Parda, usadas como vivienda de los trabajadores del complejo hidroeléctrico.

En el recorrido también se puede apreciar, solo con unos prismáticos, una roca donde varias placas conmemorativas indican el nivel del agua que se alcanzó en varias riadas históricas. En las tablas de las pasarelas, construidas sobre el trazado original, pueden verse los metros que se llevan caminados. Durante el camino, se puede observar la segunda pasarela que se construyó, anterior a la actual, con cemento y raíles de tren, además de restos del antiguo tendido eléctrico.

Caminito del Rey, Málaga

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Un recorrido por un paisaje cambiante

La ruta de el Caminito del Rey discurre por el Paraje Natural Desfiladero de los Gaitanes, un espacio natural protegido. El camino discurre entre dos desfiladeros, tres cañones y un gran valle, en parte por senderos y en parte por pasarelas, a lo largo de 3 kilómetros. Rodeado de montañas, desfiladeros, valles y pantanos, esto lo convierte en un terreno complejo que dificulta el acceso al inicio de la ruta, que se ha de hacer a pie durante 4,8 km, entre los que se recorren al principio y al final del camino. Por este motivo, aunque el recorrido del Caminito del Rey toma tan solo dos horas y media, es importante tener en cuenta el tiempo que se necesita para su acceso y salida.

El recorrido es lineal, no circular, de sentido único y descendente. El primer tramo es el Desfiladero de Gaitanejo, el segundo comprende el cañón donde se sitúa el Tajo de las Palomas, tras el cual se recorrerá el Valle del Hoyo para, seguidamente, entrar al último cañón, donde se recorre el Desfiladero de los Gaitanes antes de entrar al último tramo de pasarela y finalizar el camino.

Caminito del rey

Foto: Caminitodelrey.info

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Candidato a Patrimonio de la humanidad

El Caminito del Rey y su entorno son dignos de una visita, pero también de mucho más. Es por eso que este recorrido y las zonas circundantes son candidatas a ser Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. Esto se basa en siete hitos que abarcan una zona menor a 20 km y que sus precursores han definido: El Paraje Natural del Desfiladero de los Gaitanes, las Presas de El Chorro, Conde de Guadalhorce y Gaitanejo, las pasarelas del Salto hidroeléctrico de El Chorro, la estación de ferrocarriles de El Chorro y puentes sobre los Gaitanes, así como la Cueva paleolítica de Ardales, la Necrópolis prehistórica de las Aguilillas y la Iglesia rupestre mozárabe de Bobastro.

tunel. Formas alternativas de recorrer el camino

Foto: Caminitodelrey.info

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Formas alternativas de recorrer el camino

En el recorrido del Caminito del Rey existe un tramo con ruta alternativa, menos conocida pero frecuentemente utilizada, por ejemplo, en caso de lluvia o viento. Es la parte del camino que tiene lugar en el Desfiladero de los Gaitanes. Allí, un túnel conecta el Valle del Hoyo con el puente colgante y evita la pasarela. Tras su restauración, este recorrido de 300 metros, 285 interiores y 15 exteriores, abrió de nuevo al tránsito en 2017. Por el techo del túnel se pueden ver pequeñas perforaciones y grietas utilizadas como refugio para murciélagos, por lo que la iluminación instalada es de baja intensidad.

Para aquellos que no pueden desplazarse, tienen vértigo o problemas de movilidad, se ha habilitado una visita virtual en la pagina web y un tour de 360º, en el que se puede recorrer en la distancia cada tramo paso a paso del Caminito del Rey.

arc 284448 g. Un nuevo centro de Recepción de Visitantes

Foto: Caminitodelrey.info

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Un nuevo centro de Recepción de Visitantes

Ya queda poco para que abra al público un edificio diseñado por Luis Machuca, autor también del proyecto del Caminito del Rey, que acogerá el Centro de Recepción de Visitantes. El lugar hará las veces de parking, mirador y lugar de bienvenida para los senderistas. La estructura, hecha de acero, madera y cristal, pretende ser un preludio del recorrido. Ubicado en el cruce natural de las calzadas romanas y medievales que antaño atravesaban la zona, donde aún se conservan restos de una aldea del Neolítico con más de 6.000 años de antigüedad.

En el centro se reproducirá un audiovisual donde se dará a conocer la importancia del lugar tanto por su naturaleza como por su historia, geología y arqueología. Allí se aconsejará sobre el camino a aquellos que tengan afición por la escalada, la ornitología o la fotografía, entre otras, y se podrá coger fuerzas (o reponerlas) en su cafetería.

Las Salinas Biomaris, Huelva

Foto: Salinas Biomaris

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Las Salinas Biomaris, Huelva

Antiguamente conocidas como Salinas del Alemán, las Salinas Biomaris fueron construidas en 1954 y desde entonces se han dedicado exclusivamente a la obtención de sal marina virgen. Ubicadas en el Paraje Natural Marismas de Isla Cristina, las aguas de este pequeño Mar Muerto están repletas de minerales esenciales, por lo que 2 de las 100 pilas que explotan estas salinas se destinan a piscinas de magnesio en las que los visitantes pueden disfrutar de baños de barro.

Normalmente, la producción de sal se sitúa entorno a las 300 toneladas, y sólo cuatro de ellas se destinan a la flor de sal, producto estrella. De esta gran producción también se extraen escamas de sal, sal de grano gordo y una sal de magnesio que se usa más para fines cosméticos, pero también se comercializa sal con aromas naturales y agua de magnesio embotellada para seguir disfrutando de sus beneficios fuera de las salinas.

Las Salinas de Cabo de Gata, Almería

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Las Salinas de Cabo de Gata, Almería

Una franja de costa de 5 kilómetros de longitud y una anchura que oscila entre los 150 y 550 metros separa estas salinas del mar Mediterráneo. Ubicada junto a la localidad de Almadraba de Moteleva, está formada por diversas charcas que componen la única salina en explotación en el este de Andalucía. Crucial como punto estratégico en la escala migratoria de las aves que hacen la ruta de África a Europa, también es un lugar esencial para la hibernación de muchas otras.

Este gran espacio de biodiversidad tiene un gran interés botánico y ornitológico, puesto que son más de 100 las especies de aves que pasan cada año por las salinas. Éstas ocupan 5 kilómetros de costa que abarcan desde la playa de San Miguel hasta la playa de la Fabriquilla, y cuentan con una extensión de 400 hectáreas. Su explotación se remonta al periodo fenicio, aunque en el periodo romano ya se hacía uso de esta albufera natural.

Estación de Santa Justa

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Estación de Santa Justa

A primera vista, la estación de Santa Justa no tienen ninguna conexión aparente con el estadio de la Peineta (actual estado del Atlético de Madrid) o el Rijksmuseum de Ámsterdam, pero todos ellos tienen un nexo en común: Antonio Cruz y Antonio Ortiz. Ellos fueron los arquitectos encargados de dar forma a estos tres proyectos que hicieron historia, aunque todos por motivos muy distintos. En el caso de la estación ferroviaria, situada en la capital andaluza, fue por centralizar por primera vez las líneas de ferrocarril que hasta ese entonces habían operado en San Bernardo y la Plaza de las Armas. Desde ese momento, a la estación de Santa Justa se le conoce como la Catedral del Tren, y no es para menos ya que al año recibe a más de 13 millones de pasajeros convirtiéndose así en la tercera estación más importante de España.

 

¿Qué la hace singular?

El 14 de abril de 1992 se celebró el primer viaje en AVE en España, que lo inauguró el rey Juan Carlos en el trayecto que le llevaría desde Madrid hasta la estación de Santa Justa. De se modo, se convertía en parte de la historia ferroviaria y marcaba un antes y un después en el transporte terrestre, situando a España al mismo nivel que Francia, Alemania e Italia.

Dejando de lado el hito de la alta velocidad, la estación ha recibido el Premio Helios de la UE por la eliminación de barreras, el Premio Brunel de Arquitectura y el primer premio concedido por el Consejo Superior de Colegios de Arquitectos de España.

Málaga

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Málaga

El nombre de Málaga proviene indiscutiblemente de los fenicios quienes la bautizaron como Malaka. Luego evolucionaría al romano Malaca y al árabe Malaqa. En un inicio se pensaba que la palabra remitiría al concepto de ‘sal’, pero existen dudas de que ese sea su verdadero significado. Sin embargo, las tenazas que aparecen en las monedas fenicias acuñadas en Málaga hacen pensar que su etimología se refiera al ‘lugar en el que se trabaja o retuerce el metal’, haciendo referencia a una posible fundición.

Jaén

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Jaén

El topónimo de Jaén proviene del latín Gaius, que hacía referencia a la villa de Gaius, un antiguo jurista romano del siglo II d. C. Se cree que los árabes lo deformaron hasta Gaien, traducido como Ŷaīyān. Sin embargo, otras hipótesis apuntan que no sería resultado de una mala interpretación sino que provendría de la palabra hebrea Dayan, que significa «juez», que más tarde se traduciría como Yayyan o Djayyan.

Almería

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Almería

Como la gran mayoría de localidades del sur de España, su etimología tiene una clara influencia árabe, y el caso de Almería no es una excepción. La tesis más compartida es la referente a la atalaya situada en lo más alto del cerro de la Alcazaba: Al-mariyyat Bayyana, o lo que es lo mismo, la atalaya de Pechina. No obstante, la toponimia almeriense es rica en interpretaciones. Algunas de ellas son: 'la costa de la sal', 'el espejo del mar' o 'la vistosa'.

iStock-478902625. Doñana: una biodiversidad única

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Doñana (Huelva): una biodiversidad única

El parque cumple medio siglo de esplendor natural. El visitante se enfrenta a una extensa riqueza de ecosistemas que diríase un continente en sí mismas: una geografía de humedales que son paso y lugar de cría de miles de aves, playas salvajes, dunas entre pinares, densos bosques de ribera, flamencos, un río, aldeas pintorescas. Parece difícil de abordar, pero nadie dijo que no se pueda visitar tantas veces como se desee, ya sea viniendo desde Sevilla, Cádiz o Huelva.

Playa de Bolonia (Tarifa)

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Duna de Bolonia (Cádiz): grano a grano

Con 30 metros de alto y 200 metros de ancho, este vasto conjunto de arena se encuentra dentro del Parque Natural del Estrecho, una de las zonas menos urbanizadas de la costa de Cádiz. Alimentada por el viento de levante, la arena se cuela en el pinar de sus inmediaciones. Es el principal atractivo de la playa de Bolonia, donde en su entrada también se encuentra el conjunto arqueológico de Baelo Claudia, un antiguo enclave romano declarado Monumento Histórico Nacional. 

Torcal de Antequera

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Paraje Natural Torcal de Antequera (Málaga): un laberinto cárstico

Llamado así por los torcales, las formaciones circulares originadas por la erosión del viento, el agua o la nieve, este parque de Antequera guarda algunas de las muestras más representativas del paisaje kárstico de Europa.  A través de dos rutas los viajeros pueden adentrarse en un paraje de esculturas naturales como el Tornillo, declarado Monumento Nacional, el Cáliz o el Sombrerillo. Entre sus maravillas naturales también se encuentran sus cuevas y simas, como la del Toro y la Marinaleda I, cuyo principal atractivo son las huellas halladas que datan de la Prehistoria.

Isleta

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Peñón Blanco (la esencia de Cabo de Gata)

Puestos a imaginar la postal del típico pueblecito de pescadores de Cabo de Gata, seguro que aparece una playa, en ella, unas barquitas, y al fondo, casas blancas con aperos marineros en la puerta. Pues bien, todo eso lo encarna a la perfección el pueblo de Isleta del Moro. Eso sí, en los meses veraniegos el ambiente cambia un poco aunque, pero igualmente vale la pena acercarse para disfrutar de la playa del Peñón Blanco por sus grandes formaciones rocosas erosionadas en la costa por el paso del tiempo y el trabajo de las olas.

Corralete

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Cala de Corralete (el mejor atardecer)

Esta es una playa más del Cabo de Gata; es decir, tonos ocre y oxidados, mar turquesa, sensación de aventura… Hasta ahí lo habitual. Ahora bien, lo mejor llega con la caída del sol. Y es que esta pequeña cala se ubica justo al lado del faro, al poniente del Morrón de Cabo de Gata, lugar mítico donde los haya. Mientras tanto no llega el crepúsculo, lo mejor es no olvidar las gafas y las aletas de buzo para hacer un poco de esnórquel: los fondos rocosos son el hábitat de diferentes especies marinas (también de algún que otro erizo, por lo que hay que ir con un poco de atención).

Genoveses

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Los Genoveses (la histórica)

Entre el cerro del Ave María y el morrón Genovés, se forma un arenal con apariencia de salvaje. En el ambiente se siente el polvo, la sal marina, la textura áspera del esparto que crece en las inmediaciones. A pesar de ello, es una de las playas más familiares de Cabo de Gata. También es la que tiene más historia. De hecho, su nombre viene del desembarco de unas doscientas naves genovesas en 1147, durante la guerra de Alfonso VII contra los musulmanes. Por eso, como podría explicar Sheldon Cooper en su canal de Youtube “Fun with Flags”, la bandera que luce Almería es la misma que la del estado genovés.

Cala Higuera

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Cala Higuera (Para fanáticos de las aletas)

A simple vista, esta cala no destaca por nada e incluso puede pasar desapercibida. No tiene arena, todo son rocas y es muy pequeña, por lo que los bañistas la suelen evitar,  pero es que lo interesante está debajo del agua: llanuras de posidonia y una fauna marina riquísima. La playa es perfecta para hacer esnórquel, pero también para quienes prefieren hacerlo con bombona de oxígeno. Los primeros pueden disfrutar de los fondos marinos junto a badejos y salmonetes sin problemas, mientras que los segundos, por normativa del propio parque, deberán llegar a las inmediaciones de la inmersión. Se puede llegar a profundidades de doce metros donde aparecen algunos cañones de piedra.

Mónsul

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Cala de Mónsul (para cualquiera que haya soñado alguna vez)

Esta es la playa más famosa del Parque Natural Marítimo terrestre de Cabo de Gata-Níjar, con permiso de Los Genoveses, claro. Eso sí, a mediática no le gana ninguna, que por algo esta playa ha salido en multitud de películas. Todo el mundo sabe que aquí se grabó la escena de Indiana Jones y la última cruzada, pero también se rodaron muchas más, entre ellas, algunos planos de la mítica La Historia interminable. Una belleza entre paredes volcánicas ideal para soñar despiertos.

Cala Chica

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Cala Chica (la más secreta)

La playa de los Genoveses eclipsa infinidad de calas interesantes. Ahí están cala Príncipe o Los Amarillos, y la verdad es que no tienen nada que envidiarle a su famosa vecina. Cala Chica es tal vez de todas las desconocidas, la más desconocida. O al menos, la de acceso más complicado, lo que aleja a la mayoría de bañistas. Pero la belleza que aguarda bien vale la aventura de los caminos de tierra. Tras algo más de dos kilómetros aparece un enclave de paredes volcánicas, donde domina la textura del óxido en el paisaje y el azul del mar. Como suele estar poco transitada, muchos se animan a practicar el nudismo, y es que estas tierras vírgenes lo piden a gritos.

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Playa de Los Muertos (o la de triste nombre)

Dicen que los refranes suelen encerrar cierta sabiduría. También los topónimos. Al menos, los nombres suelen explicar historias de los lugares. Es el caso de esta playa del Cabo de Gata. Parece ser que lo de los muertos viene de la frecuencia con que antiguamente aparecían cadáveres de náufragos en su orilla. Pero los más aprensivos ya no tienen que alarmarse.  Al contrario, se trata de una de las más bellas de todo el parque... y también de las más incómodas. Primero por su acceso, segundo por la entrada al mar y tercero porque cuando por la tarde sopla el Levante, el baño puede ser traicionero. Más allá de las advertencias, la playa sorprende por sus acantilados y por las enormes rocas desprendidas que quedaron en la orilla. También sorprenden sus chinorros blancos que contrastan con los colores óxidos habituales en estos parajes. Sin duda, una playa muy fotogénica.

 
El Playazo

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El Playazo de Rodalquilar (con la familia a cuestas)

Si la playa de Los Muertos se llamó así por los cadáveres que llegaban antaño de los naufragios, esta se llama ‘playazo’ por su extensión. Al menos, en comparación con el resto de playas del Cabo de Gata. El Playazo de Rodalquilar ocupa aproximadamente medio kilómetro de arena, rodeada por montañas y la antigua (y vistosa) Batería de San Ramón. Aunque algo retirada, tiene unas condiciones de baño perfectas para los más pequeños que comienzas a dar sus primeras brazadas en el mar. Los cangrejos en la parte rocosa de la playa hacen la delicia de los pequeños aventureros.

Los Amarillos

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Cala de Los Amarillos (siempre hay una alternativa)

Cuando se indican las mejores playas de Cabo de Gata, se acostumbra a omitir que en algunas, la afluencia de bañistas en verano es alta. Es lo que ocurre a los Genoveses, pero hay otras opciones. Pasando justo al otro lado del Morrón de Genoveses, aparece una pequeña cala rodeada de acantilados. La subida a la cala de Los Amarillos es complicada, pues la pendiente es elevada y en un corto espacio, pero vale la pena visitarla. Sobre todo, cuando en su vecina más famosa, no cabe ya un alma, o cuando le da por soplar al viento.

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Zahara de los Atunes (la joya)

Zahara de los Atunes es la joya gaditana o el paradigma de la Costa de la Luz. De hecho, si solo se tuvieran unas pocas horas para conocer las playas de Cádiz, ésta zona sería imprescindible. Son kilómetros de hermosas playas de arena clara y fina que van desde el mismo pueblo hasta el Cabo de Gracia. Conforme más al sur, dejando Barbate hacia Tarifa, la playa se va haciendo más salvaje. Desde playa del Carmen, accesible y llena de servicios hasta Playa del Cañuelo, la más pequeña y virgen de todas, un universo playero maravilloso.

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Playa del Palmar (o con buen rollo)

Es la más social de las playas de Cádiz, y eso que la provincia está en niveles altos de sociabilidad. Estos últimos años, la arena gustosa, las olas aptas para el surf y los chiringuitos la han convertido en carne de Instagram, además que Vejer de la Frontera es bonito, bonito. No por nada fue declarado ya en 1976 como conjunto histórico-artístico. Para quienes gusten despedir la jornada playera con un buen mojito está La Torre, a pie de arena, con música y vistas directas al atardecer… Así, ¿quién se va a resistir a compartir unas cuantas fotos en su Instagram?

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Playa de Camarón (para camuflarse sobre la arena)

Esta playa de simpático nombre ocupa un bello paisaje de dunas y vegetación declarado como zona protegida, así que el acceso se hace a través de plataformas de madera: protegen a la vez que quedan muy vistosas para los selfies playeros. No hay que salir corriendo si ve a algún que otro camaleón andar lento sobre la ardiente arena; en todo caso, esta es su casa. Y de hecho, hay hasta un centro de interpretación camaleónico cerca de la entrada a la playa. Otra curiosidad: al bajar la marea, quedan al descubierto los corrales de pesca del camarón… de ahí el nombre de la playa.

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La playa de la Barrosa (la familiar)

Sí, está bien eso de ir al chiringuito más cool o sacar a pasear la tabla de surf, pero en ocasiones también apetece algo más relajado, en plan familiar. Para esos momentos playeros, Cádiz tiene playas como la Barrosa, en Chiclana de la Frontera. Este arenal es perfecto si hay peques de por medio dando sus primeras brazadas y los padres pueden evadirse un rato de la chavalería caminando por la kilométrica orilla. Son famosas las puestas de sol con el islote de Sancti Petri recortado en el horizonte.

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Playa de Regla (para cosmopolitas en chanclas)

Se ve tan familiar y concurrida, con sus chiringuitos a pies de paseo y las tumbonas y parasoles que resulta difícil imaginar que esta playa, en realidad, guarda algunos secretos. A finales del S. XIX, la playa de Regla, en Chipiona, fue escogida por sus aguas curativas para fundar el Primer Sanatorio Marítimo de España, el Sanatorio de Santa Clara, en el año de 1897 donde se trataron numerosos tuberculosos. No fue cosa de milagro, si no de yodo, que parece ser que se encuentra en altas dosis en el mar. Pero es que, además, hay cerca un faro histórico que se remonta a eso del año 140 a. C. Eso sin contar con la evidente presencia del  Monasterio de Nuestra Señora de Regla. Vaya toda una lección de historia. La temporada playera alarga hasta la festividad de la Virgen de Regla, el día 8 de septiembre, cuando la playa se llena de ambiente festivo.

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La Fontanilla (para foodies con arena)

El gran atractivo de Conil de la Frontera son sus playas, y es que tiene cerca de 14 kilómetros de arena fina bañada por el Atlántico. La de Fontanilla es la más famosa y concurrida por sus aguas calmas, ideales para familias con peques, y por su entorno natural. Pero resulta que foodies de todo el mundo, sobre todo durante la temporada de la almadraba del atún rojo, le tienen el ojo puesto a este lugar. Sin ir muy lejos de la arena, se encuentran dos clásicos: el Restaurante La Fontanilla y el restaurante Francisco La Fontanilla. En el municipio hay muchos otros restaurantes para disfrutar del atún, los pescados y arroces.

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Playa del Faro de Trafalgar (la más salvaje)

Las playas de Barbate son un clásico del verano gaditano. Una de ellas es la playa del faro de Trafalgar, que parece recién salida de un anuncio playero perfecto. Eso sí, conforme se accede por la pasarelas de madera que protegen el entorno, se ve un cartel:  “Zona Peligrosa: prohibido el Baño”. Así es, será una belleza, pero hay que ir con cuidado, donde sus bajíos y arrecifes pueden provocar remolinos y turbulencias. Frente a estas peligrosas costas se libró en 1805 la famosa batalla naval que enfrentó al almirante inglés Nelson contra una coalición de barcos franceses y españoles, en 1805. Basta ir a Londres para recordar quién ganó la batalla.

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Valdevaqueros (de todo menos quedarse tumbado)

Si se quiere experimentar con el ambiente surf de Tarifa, esta es la playa perfecta. De hecho es fácil encontrarla: decenas de cometas ponen color al azul del cielo como si fueran el haz de luz de un faro. La Playa de Valdevaqueros se ha convertido en la Meca del windsurf y el kitesurf de Cádiz y hasta ella llega un ingente ejército de deportistas atraídos por las olas, el viento y el entorno semisalvaje. Por supuesto, le dan un toque de frescura a la playa difícil de encontrar en otras playas de Andalucía. Hay conciertos, barbacoas, mojitos y, por supuesto, muchas velas. Además, como la de Bolonia, también tiene su propia duna en Punta Paloma (Parque Natural Del Estrecho).

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Playa de Bolonia (donde hacer la croqueta)

En la playa de Bolonia, se mire donde se mire, su gran duna domina el paisaje. Y es que el Monumento Natural de La Duna de Bolonia es todo un espectáculo natural de más de 30 metros de altura y 200 de ancho que domina el sistema dunar al que pertenece. La arena remonta hasta impactar con un bosque de pinos, en un contraste mágico de ocre y verdes. A los bañistas que suben en procesión, les tienta bajar haciendo la croqueta cuesta abajo. Aguada un mar turquesa en el que luego quitarse la arena, siempre y cuando no sople el viento de levante.

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Playa de La Caleta (para bohemios en bañador)

Hablar de La Caleta no es hablar de una playa, si no de la intimidad de una ciudad. Se podría decir que esta postal típica de Cádiz funciona a modo de un microcosmos que la representa a pequeña escala. A parte de la fama mediática por ser la playa en la que se bañó Halle Berry en Muere otro día, de la serie James Bond, La Caleta es una playa de carácter familiar que ha atraído desde siempre a artistas y bohemios como Isaac Albéniz, Paco Alba, o Fernando Quiñones, el poeta más querido de Cádiz.

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Cabo de Gata

Tomar como campo base cualquiera de sus pueblos blancos como Mojácar, Níjar, San José o Carboneras es una de las mejores decisiones para lanzarse a descubrir un Parque Natural que regala paisajes de película. La playa de los Genoveses, la de los Muertos o la playa de Mónsul son algunos de los ejemplos de su belleza natural, cuya guinda puede contemplarse en el Arrecife de las Sirenas, junto al faro del Cabo de Gata. El origen volcánico del parque le dota de un aspecto salvaje acentuado por las llanuras desérticas que lo rodean. Un cóctel inolvidable.

Guiomar Huguet, editora adjunta.

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Bahía de Cádiz

La riqueza cultural, natural e histórica de la zona solo es comparable con la belleza y longitud de sus interminables playas. Coronada por la capital de la provincia, Cádiz, una de las urbes más antiguas de Europa, el resto de la zona de la bahía y sus alrededores esconde playas de la talla de el Palmar, Caños de Meca o Camposanto, ciudades históricas como San Fernando y pueblos encantadores de casas blancas encaladas y amplios porches con hamacas y tumbonas. Relax made in Andalucía
 

Javier Flores, director digital de National Geographic.

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Granada


La Alhambra es una maravilla refinada de la arquitectura. Para admirarla antes de conocerla, lo mejor es subir al barrio de muros y casas blancas del Albaycín, y allí buscar miradores como el de San Nicolás, con una vista del monumento con el marco natural de Sierra Nevada al fondo. Otra opción es buscar rincones escondidos con perspectivas menos conocidas, como las que se encuentran mientras se pasea por el empinado barrio del Sacromonte, lleno de cuevas donde antes se vivía y hoy se acude para cenar en restaurantes o para ver espectáculos y algún museo de flamenco. La fortificada Alcazaba es la parte más antigua y austera del conjunto, de gran contraste con los delicados palacios nazaríes, que fueron creados pensando en el deleite de los sultanes, con estancias decoradas con filigranas de estuco y patios refrescados por fuentes como la de los Leones. De esa época son también los jardines del Generalife, donde los juegos cantarines de agua acompañan al visitante –en verano son el escenario de un festival de música y danza–. Es cierto que Granada no se entiende sin su Alhambra, pero la ciudad reclama envidiosa que descubramos sus otros atractivos: la Catedral, en cuyo interior se halla el mausoleo de los Reyes Católicos, los baños árabes convertidos en spa donde relajarse, alguna de las teterías moriscas de la calle Calderería, las casas con «carmen» o jardín donde cenar bajo las estrellas, sin descuidar coquetear con la tradición del tapeo, una práctica que, como en el resto de Andalucía, en Granada resulta inolvidable.
 

Asun Luján, redactora de Viajes National Geographic

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Córdoba


La gran ciudad califal se levanta majestuosa a orillas del Guadalquivir y a los pies de Sierra Morena. Lo mejor es acceder a ella por el Puente Romano, una pasarela de 16 arcos que ha sido entrada desde tiempos inmemoriales. Nada más cruzar a la otra orilla se abre el barrio de la Mezquita-Catedral, culminación del legado que romanos, judíos, musulmanes y cristianos dejaron en esta ciudad andaluza. La Mezquita fue el centro político y religioso del Califato de Córdoba desde el inicio de su construcción el año 780. Tras cruzar el Patio de los Naranjos donde se realizaban las abluciones, se entra en la Sala de la Oración, un hito arquitectónico que hace enmudecer, donde un millar de columnas se unen por arcos dobles de herradura. En su centro fue erigida en 1523 la Catedral cristiana. En torno a este emblemático monumento se abre un dédalo de callejuelas, muchas encaladas y animadas por tabernas y patios cuajados de flores. Que Córdoba es una ciudad de aromas también se aprecia en el cercano Alcázar de los Reyes Cristianos, un recinto fortificado construido en tiempos de Alfonso X, donde los Reyes Católicos recibieron en audiencia a Cristóbal Colón en 1485. Su visita discurre entre salas decorada con mosaicos romanos y jardines con hierbas aromáticas, arbustos de azaleas y albercas mudéjares. Pero la visita a Córdoba estaría incompleta sin incluir sus bares, confiterías, bodegas y restaurantes, como los cercanos a la plaza del Potro y la calle Lineros.
 

Asun Luján, redactora de Viajes National Geographic

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Playa de La Joya, Motril (Granada)

Para acceder a ella hay que descender más de 200 peldaños, pero lo que cuesta, claro, es la subida. Sin embargo, hay que dar la gracias a todos esos peldaños por conservar la playa poco frecuentada. El bello entorno que ocupa y el que sea poco visitada hacen de ella una de las playas nudistas imprescindibles de la Costa Tropical.

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El Playazo, Vera (Almería)

Por norma general, las playas nudistas suelen estar aisladas, pero este no es el caso. Al contrario, el Playazo es, como indica su propio nombre, la playa más grande e importante de Vera. Se encuentra en una zona urbana de hoteles, por lo que el nivel de ocupación suele ser alto. Pero como son cerca de 2 kilómetros, hay sitio para todos. La zona naturista comienza en la parte norte, una vez acaba el paseo marítimo, y es uno de los arenales míticos de los aficionados ya que pasa por ser el  primer enclave europeo oficialmente declarado para la práctica del nudismo.

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Cuesta Manelli, Almonte (Huelva)

Entre Mazagón y Matalascañas, hay un paraíso nudista excepcional de ambiente tolerante. Aquí no hay grandes paseos urbanizados, pero sí paisajes y tranquilidad. A la zona de Cuesta Maneli se llega siguiendo la carretera que une Huelva con Matalascañas. El acceso se hace a pie a través de una pasarela de madera que quedó dañada en un incendio de Moguer de 2017, pero se están ultimando los trabajos para que esté accesible de nuevo a partir de este verano.

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El parque por excelencia

En Doñana, contracción ahorrativa para nombrar a lo que fue la posesión de Doña Ana de Silva (duquesa, marquesa y condesa a la vez), el paisaje es horizontal. Hay pocas prominencias en ese territorio de la orilla derecha del río, que es una continuación de humedales, playas y monte mediterráneo conocido localmente como coto. Con más de 100.000 hectáreas protegidas entre el parque natural y el nacional –que este año conmemora su 50 aniversario–, Doñana es «el parque» español por excelencia. Podría pensarse que los conejos viven felices en este terreno de arbustos y tierra blanda que favorecen la construcción de madrigueras. Sin embargo, tienen en la misma zona a dos enemigos sensacionales que son, paradójicamente, las especies más frágiles de cuantas pueblan esta región: el lince ibérico y el águila imperial.

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Playa de Mónsul (Almeria)

Cada playa tiene su gracia: y esta es para sentirte como Indy y su padre escapando de los Nazis. Aquí se grabó la épica escena de Indiana Jones y la última cruzada. Y muchas más, como por ejemplo La historia interminable. La playa de Mónsul es una verdadera belleza con sus paisajes volcánicos de colores ocres y óxidos. Las paredes de lava erosionadas, como la icónica Peineta anclada en la orilla, suelen ser utilizadas por los aficionados a la escalada en bloque. Por la sombra que proyectan también son muy útiles en caso de olvidar el parasol en casa.

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Playa de Calahonda (España)

Entre acantilados, pero en pleno centro de Nerja. Desde que Antonio Mercero la escogiera en los años 80, sigue siendo la playa perfecta para pasar veranos azules. Sin duda, una de las máximas representantes de la malagueña Costa del Sol. Su acceso, además, es uno de los más bellos de todas las playas españolas, descendiendo los escalones del Boquete de Calahonda. Como en las primeras escenas de la mítica serie televisiva, aún se pueden ver las barquitas de pescadores ancladas en la arena. Por la tarde, tendrás todo el ajetreo que necesites en la Calle Pintada.

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Úbeda, la reina mora

Al ser cruce de caminos entre el centro de la Península y Andalucía, las principales civilizaciones dejaron su huella en la ciudad. Pero, sobre todo, tiene fama de ser uno de los conjuntos renacentistas más fabulosos de Europa, declarado Patrimonio de la Humanidad en julio de 2003. Para admirarlo, basta con acercarse hasta la Plaza Vázquez de Molina, una de las más bellas de España. Allí aguarda un ramillete arquitectónico de lujo: a Sacra Capilla de El Salvador, el Palacio del Deán Ortega, actual Parador de Turismo; el Palacio del Marqués de Mancera; la Iglesia de Santa María de los Reales Alcázares, con fachada renacentista y claustro gótico; la Fuente Renacentista, y el Palacio Juan Vázquez de Molina, también llamado Palacio de la Cadenas actual sede del Ayuntamiento. Todo ello en un marco geográfico bellísimo que se contempla como un lienzo desde el mirador de la calle de San Lorenzo.