Andalucía

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iStock-478902625. Doñana: una biodiversidad única

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Doñana (Huelva): una biodiversidad única

El parque cumple medio siglo de esplendor natural. El visitante se enfrenta a una extensa riqueza de ecosistemas que diríase un continente en sí mismas: una geografía de humedales que son paso y lugar de cría de miles de aves, playas salvajes, dunas entre pinares, densos bosques de ribera, flamencos, un río, aldeas pintorescas. Parece difícil de abordar, pero nadie dijo que no se pueda visitar tantas veces como se desee, ya sea viniendo desde Sevilla, Cádiz o Huelva.

Playa de Bolonia (Tarifa)

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Duna de Bolonia (Cádiz): grano a grano

Con 30 metros de alto y 200 metros de ancho, este vasto conjunto de arena se encuentra dentro del Parque Natural del Estrecho, una de las zonas menos urbanizadas de la costa de Cádiz. Alimentada por el viento de levante, la arena se cuela en el pinar de sus inmediaciones. Es el principal atractivo de la playa de Bolonia, donde en su entrada también se encuentra el conjunto arqueológico de Baelo Claudia, un antiguo enclave romano declarado Monumento Histórico Nacional. 

Torcal de Antequera

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Paraje Natural Torcal de Antequera (Málaga): un laberinto cárstico

Llamado así por los torcales, las formaciones circulares originadas por la erosión del viento, el agua o la nieve, este parque de Antequera guarda algunas de las muestras más representativas del paisaje kárstico de Europa.  A través de dos rutas los viajeros pueden adentrarse en un paraje de esculturas naturales como el Tornillo, declarado Monumento Nacional, el Cáliz o el Sombrerillo. Entre sus maravillas naturales también se encuentran sus cuevas y simas, como la del Toro y la Marinaleda I, cuyo principal atractivo son las huellas halladas que datan de la Prehistoria.

Isleta

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Peñón Blanco (la esencia de Cabo de Gata)

Puestos a imaginar la postal del típico pueblecito de pescadores de Cabo de Gata, seguro que aparece una playa, en ella, unas barquitas, y al fondo, casas blancas con aperos marineros en la puerta. Pues bien, todo eso lo encarna a la perfección el pueblo de Isleta del Moro. Eso sí, en los meses veraniegos el ambiente cambia un poco aunque, pero igualmente vale la pena acercarse para disfrutar de la playa del Peñón Blanco por sus grandes formaciones rocosas erosionadas en la costa por el paso del tiempo y el trabajo de las olas.

Corralete

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Cala de Corralete (el mejor atardecer)

Esta es una playa más del Cabo de Gata; es decir, tonos ocre y oxidados, mar turquesa, sensación de aventura… Hasta ahí lo habitual. Ahora bien, lo mejor llega con la caída del sol. Y es que esta pequeña cala se ubica justo al lado del faro, al poniente del Morrón de Cabo de Gata, lugar mítico donde los haya. Mientras tanto no llega el crepúsculo, lo mejor es no olvidar las gafas y las aletas de buzo para hacer un poco de esnórquel: los fondos rocosos son el hábitat de diferentes especies marinas (también de algún que otro erizo, por lo que hay que ir con un poco de atención).

Genoveses

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Los Genoveses (la histórica)

Entre el cerro del Ave María y el morrón Genovés, se forma un arenal con apariencia de salvaje. En el ambiente se siente el polvo, la sal marina, la textura áspera del esparto que crece en las inmediaciones. A pesar de ello, es una de las playas más familiares de Cabo de Gata. También es la que tiene más historia. De hecho, su nombre viene del desembarco de unas doscientas naves genovesas en 1147, durante la guerra de Alfonso VII contra los musulmanes. Por eso, como podría explicar Sheldon Cooper en su canal de Youtube “Fun with Flags”, la bandera que luce Almería es la misma que la del estado genovés.

Cala Higuera

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Cala Higuera (Para fanáticos de las aletas)

A simple vista, esta cala no destaca por nada e incluso puede pasar desapercibida. No tiene arena, todo son rocas y es muy pequeña, por lo que los bañistas la suelen evitar,  pero es que lo interesante está debajo del agua: llanuras de posidonia y una fauna marina riquísima. La playa es perfecta para hacer esnórquel, pero también para quienes prefieren hacerlo con bombona de oxígeno. Los primeros pueden disfrutar de los fondos marinos junto a badejos y salmonetes sin problemas, mientras que los segundos, por normativa del propio parque, deberán llegar a las inmediaciones de la inmersión. Se puede llegar a profundidades de doce metros donde aparecen algunos cañones de piedra.

Mónsul

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Cala de Mónsul (para cualquiera que haya soñado alguna vez)

Esta es la playa más famosa del Parque Natural Marítimo terrestre de Cabo de Gata-Níjar, con permiso de Los Genoveses, claro. Eso sí, a mediática no le gana ninguna, que por algo esta playa ha salido en multitud de películas. Todo el mundo sabe que aquí se grabó la escena de Indiana Jones y la última cruzada, pero también se rodaron muchas más, entre ellas, algunos planos de la mítica La Historia interminable. Una belleza entre paredes volcánicas ideal para soñar despiertos.

Cala Chica

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Cala Chica (la más secreta)

La playa de los Genoveses eclipsa infinidad de calas interesantes. Ahí están cala Príncipe o Los Amarillos, y la verdad es que no tienen nada que envidiarle a su famosa vecina. Cala Chica es tal vez de todas las desconocidas, la más desconocida. O al menos, la de acceso más complicado, lo que aleja a la mayoría de bañistas. Pero la belleza que aguarda bien vale la aventura de los caminos de tierra. Tras algo más de dos kilómetros aparece un enclave de paredes volcánicas, donde domina la textura del óxido en el paisaje y el azul del mar. Como suele estar poco transitada, muchos se animan a practicar el nudismo, y es que estas tierras vírgenes lo piden a gritos.

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Playa de Los Muertos (o la de triste nombre)

Dicen que los refranes suelen encerrar cierta sabiduría. También los topónimos. Al menos, los nombres suelen explicar historias de los lugares. Es el caso de esta playa del Cabo de Gata. Parece ser que lo de los muertos viene de la frecuencia con que antiguamente aparecían cadáveres de náufragos en su orilla. Pero los más aprensivos ya no tienen que alarmarse.  Al contrario, se trata de una de las más bellas de todo el parque... y también de las más incómodas. Primero por su acceso, segundo por la entrada al mar y tercero porque cuando por la tarde sopla el Levante, el baño puede ser traicionero. Más allá de las advertencias, la playa sorprende por sus acantilados y por las enormes rocas desprendidas que quedaron en la orilla. También sorprenden sus chinorros blancos que contrastan con los colores óxidos habituales en estos parajes. Sin duda, una playa muy fotogénica.

 
El Playazo

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El Playazo de Rodalquilar (con la familia a cuestas)

Si la playa de Los Muertos se llamó así por los cadáveres que llegaban antaño de los naufragios, esta se llama ‘playazo’ por su extensión. Al menos, en comparación con el resto de playas del Cabo de Gata. El Playazo de Rodalquilar ocupa aproximadamente medio kilómetro de arena, rodeada por montañas y la antigua (y vistosa) Batería de San Ramón. Aunque algo retirada, tiene unas condiciones de baño perfectas para los más pequeños que comienzas a dar sus primeras brazadas en el mar. Los cangrejos en la parte rocosa de la playa hacen la delicia de los pequeños aventureros.

Los Amarillos

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Cala de Los Amarillos (siempre hay una alternativa)

Cuando se indican las mejores playas de Cabo de Gata, se acostumbra a omitir que en algunas, la afluencia de bañistas en verano es alta. Es lo que ocurre a los Genoveses, pero hay otras opciones. Pasando justo al otro lado del Morrón de Genoveses, aparece una pequeña cala rodeada de acantilados. La subida a la cala de Los Amarillos es complicada, pues la pendiente es elevada y en un corto espacio, pero vale la pena visitarla. Sobre todo, cuando en su vecina más famosa, no cabe ya un alma, o cuando le da por soplar al viento.

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Zahara de los Atunes (la joya)

Zahara de los Atunes es la joya gaditana o el paradigma de la Costa de la Luz. De hecho, si solo se tuvieran unas pocas horas para conocer las playas de Cádiz, ésta zona sería imprescindible. Son kilómetros de hermosas playas de arena clara y fina que van desde el mismo pueblo hasta el Cabo de Gracia. Conforme más al sur, dejando Barbate hacia Tarifa, la playa se va haciendo más salvaje. Desde playa del Carmen, accesible y llena de servicios hasta Playa del Cañuelo, la más pequeña y virgen de todas, un universo playero maravilloso.

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Playa del Palmar (o con buen rollo)

Es la más social de las playas de Cádiz, y eso que la provincia está en niveles altos de sociabilidad. Estos últimos años, la arena gustosa, las olas aptas para el surf y los chiringuitos la han convertido en carne de Instagram, además que Vejer de la Frontera es bonito, bonito. No por nada fue declarado ya en 1976 como conjunto histórico-artístico. Para quienes gusten despedir la jornada playera con un buen mojito está La Torre, a pie de arena, con música y vistas directas al atardecer… Así, ¿quién se va a resistir a compartir unas cuantas fotos en su Instagram?

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Playa de Camarón (para camuflarse sobre la arena)

Esta playa de simpático nombre ocupa un bello paisaje de dunas y vegetación declarado como zona protegida, así que el acceso se hace a través de plataformas de madera: protegen a la vez que quedan muy vistosas para los selfies playeros. No hay que salir corriendo si ve a algún que otro camaleón andar lento sobre la ardiente arena; en todo caso, esta es su casa. Y de hecho, hay hasta un centro de interpretación camaleónico cerca de la entrada a la playa. Otra curiosidad: al bajar la marea, quedan al descubierto los corrales de pesca del camarón… de ahí el nombre de la playa.

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La playa de la Barrosa (la familiar)

Sí, está bien eso de ir al chiringuito más cool o sacar a pasear la tabla de surf, pero en ocasiones también apetece algo más relajado, en plan familiar. Para esos momentos playeros, Cádiz tiene playas como la Barrosa, en Chiclana de la Frontera. Este arenal es perfecto si hay peques de por medio dando sus primeras brazadas y los padres pueden evadirse un rato de la chavalería caminando por la kilométrica orilla. Son famosas las puestas de sol con el islote de Sancti Petri recortado en el horizonte.

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Playa de Regla (para cosmopolitas en chanclas)

Se ve tan familiar y concurrida, con sus chiringuitos a pies de paseo y las tumbonas y parasoles que resulta difícil imaginar que esta playa, en realidad, guarda algunos secretos. A finales del S. XIX, la playa de Regla, en Chipiona, fue escogida por sus aguas curativas para fundar el Primer Sanatorio Marítimo de España, el Sanatorio de Santa Clara, en el año de 1897 donde se trataron numerosos tuberculosos. No fue cosa de milagro, si no de yodo, que parece ser que se encuentra en altas dosis en el mar. Pero es que, además, hay cerca un faro histórico que se remonta a eso del año 140 a. C. Eso sin contar con la evidente presencia del  Monasterio de Nuestra Señora de Regla. Vaya toda una lección de historia. La temporada playera alarga hasta la festividad de la Virgen de Regla, el día 8 de septiembre, cuando la playa se llena de ambiente festivo.

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La Fontanilla (para foodies con arena)

El gran atractivo de Conil de la Frontera son sus playas, y es que tiene cerca de 14 kilómetros de arena fina bañada por el Atlántico. La de Fontanilla es la más famosa y concurrida por sus aguas calmas, ideales para familias con peques, y por su entorno natural. Pero resulta que foodies de todo el mundo, sobre todo durante la temporada de la almadraba del atún rojo, le tienen el ojo puesto a este lugar. Sin ir muy lejos de la arena, se encuentran dos clásicos: el Restaurante La Fontanilla y el restaurante Francisco La Fontanilla. En el municipio hay muchos otros restaurantes para disfrutar del atún, los pescados y arroces.

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Playa del Faro de Trafalgar (la más salvaje)

Las playas de Barbate son un clásico del verano gaditano. Una de ellas es la playa del faro de Trafalgar, que parece recién salida de un anuncio playero perfecto. Eso sí, conforme se accede por la pasarelas de madera que protegen el entorno, se ve un cartel:  “Zona Peligrosa: prohibido el Baño”. Así es, será una belleza, pero hay que ir con cuidado, donde sus bajíos y arrecifes pueden provocar remolinos y turbulencias. Frente a estas peligrosas costas se libró en 1805 la famosa batalla naval que enfrentó al almirante inglés Nelson contra una coalición de barcos franceses y españoles, en 1805. Basta ir a Londres para recordar quién ganó la batalla.

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Valdevaqueros (de todo menos quedarse tumbado)

Si se quiere experimentar con el ambiente surf de Tarifa, esta es la playa perfecta. De hecho es fácil encontrarla: decenas de cometas ponen color al azul del cielo como si fueran el haz de luz de un faro. La Playa de Valdevaqueros se ha convertido en la Meca del windsurf y el kitesurf de Cádiz y hasta ella llega un ingente ejército de deportistas atraídos por las olas, el viento y el entorno semisalvaje. Por supuesto, le dan un toque de frescura a la playa difícil de encontrar en otras playas de Andalucía. Hay conciertos, barbacoas, mojitos y, por supuesto, muchas velas. Además, como la de Bolonia, también tiene su propia duna en Punta Paloma (Parque Natural Del Estrecho).

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Playa de Bolonia (donde hacer la croqueta)

En la playa de Bolonia, se mire donde se mire, su gran duna domina el paisaje. Y es que el Monumento Natural de La Duna de Bolonia es todo un espectáculo natural de más de 30 metros de altura y 200 de ancho que domina el sistema dunar al que pertenece. La arena remonta hasta impactar con un bosque de pinos, en un contraste mágico de ocre y verdes. A los bañistas que suben en procesión, les tienta bajar haciendo la croqueta cuesta abajo. Aguada un mar turquesa en el que luego quitarse la arena, siempre y cuando no sople el viento de levante.

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Playa de La Caleta (para bohemios en bañador)

Hablar de La Caleta no es hablar de una playa, si no de la intimidad de una ciudad. Se podría decir que esta postal típica de Cádiz funciona a modo de un microcosmos que la representa a pequeña escala. A parte de la fama mediática por ser la playa en la que se bañó Halle Berry en Muere otro día, de la serie James Bond, La Caleta es una playa de carácter familiar que ha atraído desde siempre a artistas y bohemios como Isaac Albéniz, Paco Alba, o Fernando Quiñones, el poeta más querido de Cádiz.

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Cabo de Gata

Tomar como campo base cualquiera de sus pueblos blancos como Mojácar, Níjar, San José o Carboneras es una de las mejores decisiones para lanzarse a descubrir un Parque Natural que regala paisajes de película. La playa de los Genoveses, la de los Muertos o la playa de Mónsul son algunos de los ejemplos de su belleza natural, cuya guinda puede contemplarse en el Arrecife de las Sirenas, junto al faro del Cabo de Gata. El origen volcánico del parque le dota de un aspecto salvaje acentuado por las llanuras desérticas que lo rodean. Un cóctel inolvidable.

Guiomar Huguet, editora adjunta.

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Bahía de Cádiz

La riqueza cultural, natural e histórica de la zona solo es comparable con la belleza y longitud de sus interminables playas. Coronada por la capital de la provincia, Cádiz, una de las urbes más antiguas de Europa, el resto de la zona de la bahía y sus alrededores esconde playas de la talla de el Palmar, Caños de Meca o Camposanto, ciudades históricas como San Fernando y pueblos encantadores de casas blancas encaladas y amplios porches con hamacas y tumbonas. Relax made in Andalucía
 

Javier Flores, director digital de National Geographic.

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Granada


La Alhambra es una maravilla refinada de la arquitectura. Para admirarla antes de conocerla, lo mejor es subir al barrio de muros y casas blancas del Albaycín, y allí buscar miradores como el de San Nicolás, con una vista del monumento con el marco natural de Sierra Nevada al fondo. Otra opción es buscar rincones escondidos con perspectivas menos conocidas, como las que se encuentran mientras se pasea por el empinado barrio del Sacromonte, lleno de cuevas donde antes se vivía y hoy se acude para cenar en restaurantes o para ver espectáculos y algún museo de flamenco. La fortificada Alcazaba es la parte más antigua y austera del conjunto, de gran contraste con los delicados palacios nazaríes, que fueron creados pensando en el deleite de los sultanes, con estancias decoradas con filigranas de estuco y patios refrescados por fuentes como la de los Leones. De esa época son también los jardines del Generalife, donde los juegos cantarines de agua acompañan al visitante –en verano son el escenario de un festival de música y danza–. Es cierto que Granada no se entiende sin su Alhambra, pero la ciudad reclama envidiosa que descubramos sus otros atractivos: la Catedral, en cuyo interior se halla el mausoleo de los Reyes Católicos, los baños árabes convertidos en spa donde relajarse, alguna de las teterías moriscas de la calle Calderería, las casas con «carmen» o jardín donde cenar bajo las estrellas, sin descuidar coquetear con la tradición del tapeo, una práctica que, como en el resto de Andalucía, en Granada resulta inolvidable.
 

Asun Luján, redactora de Viajes National Geographic

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Córdoba


La gran ciudad califal se levanta majestuosa a orillas del Guadalquivir y a los pies de Sierra Morena. Lo mejor es acceder a ella por el Puente Romano, una pasarela de 16 arcos que ha sido entrada desde tiempos inmemoriales. Nada más cruzar a la otra orilla se abre el barrio de la Mezquita-Catedral, culminación del legado que romanos, judíos, musulmanes y cristianos dejaron en esta ciudad andaluza. La Mezquita fue el centro político y religioso del Califato de Córdoba desde el inicio de su construcción el año 780. Tras cruzar el Patio de los Naranjos donde se realizaban las abluciones, se entra en la Sala de la Oración, un hito arquitectónico que hace enmudecer, donde un millar de columnas se unen por arcos dobles de herradura. En su centro fue erigida en 1523 la Catedral cristiana. En torno a este emblemático monumento se abre un dédalo de callejuelas, muchas encaladas y animadas por tabernas y patios cuajados de flores. Que Córdoba es una ciudad de aromas también se aprecia en el cercano Alcázar de los Reyes Cristianos, un recinto fortificado construido en tiempos de Alfonso X, donde los Reyes Católicos recibieron en audiencia a Cristóbal Colón en 1485. Su visita discurre entre salas decorada con mosaicos romanos y jardines con hierbas aromáticas, arbustos de azaleas y albercas mudéjares. Pero la visita a Córdoba estaría incompleta sin incluir sus bares, confiterías, bodegas y restaurantes, como los cercanos a la plaza del Potro y la calle Lineros.
 

Asun Luján, redactora de Viajes National Geographic

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Playa de La Joya, Motril (Granada)

Para acceder a ella hay que descender más de 200 peldaños, pero lo que cuesta, claro, es la subida. Sin embargo, hay que dar la gracias a todos esos peldaños por conservar la playa poco frecuentada. El bello entorno que ocupa y el que sea poco visitada hacen de ella una de las playas nudistas imprescindibles de la Costa Tropical.

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El Playazo, Vera (Almería)

Por norma general, las playas nudistas suelen estar aisladas, pero este no es el caso. Al contrario, el Playazo es, como indica su propio nombre, la playa más grande e importante de Vera. Se encuentra en una zona urbana de hoteles, por lo que el nivel de ocupación suele ser alto. Pero como son cerca de 2 kilómetros, hay sitio para todos. La zona naturista comienza en la parte norte, una vez acaba el paseo marítimo, y es uno de los arenales míticos de los aficionados ya que pasa por ser el  primer enclave europeo oficialmente declarado para la práctica del nudismo.

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Cuesta Manelli, Almonte (Huelva)

Entre Mazagón y Matalascañas, hay un paraíso nudista excepcional de ambiente tolerante. Aquí no hay grandes paseos urbanizados, pero sí paisajes y tranquilidad. A la zona de Cuesta Maneli se llega siguiendo la carretera que une Huelva con Matalascañas. El acceso se hace a pie a través de una pasarela de madera que quedó dañada en un incendio de Moguer de 2017, pero se están ultimando los trabajos para que esté accesible de nuevo a partir de este verano.

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El parque por excelencia

En Doñana, contracción ahorrativa para nombrar a lo que fue la posesión de Doña Ana de Silva (duquesa, marquesa y condesa a la vez), el paisaje es horizontal. Hay pocas prominencias en ese territorio de la orilla derecha del río, que es una continuación de humedales, playas y monte mediterráneo conocido localmente como coto. Con más de 100.000 hectáreas protegidas entre el parque natural y el nacional –que este año conmemora su 50 aniversario–, Doñana es «el parque» español por excelencia. Podría pensarse que los conejos viven felices en este terreno de arbustos y tierra blanda que favorecen la construcción de madrigueras. Sin embargo, tienen en la misma zona a dos enemigos sensacionales que son, paradójicamente, las especies más frágiles de cuantas pueblan esta región: el lince ibérico y el águila imperial.

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Playa de Mónsul (Almeria)

Cada playa tiene su gracia: y esta es para sentirte como Indy y su padre escapando de los Nazis. Aquí se grabó la épica escena de Indiana Jones y la última cruzada. Y muchas más, como por ejemplo La historia interminable. La playa de Mónsul es una verdadera belleza con sus paisajes volcánicos de colores ocres y óxidos. Las paredes de lava erosionadas, como la icónica Peineta anclada en la orilla, suelen ser utilizadas por los aficionados a la escalada en bloque. Por la sombra que proyectan también son muy útiles en caso de olvidar el parasol en casa.

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Playa de Calahonda (España)

Entre acantilados, pero en pleno centro de Nerja. Desde que Antonio Mercero la escogiera en los años 80, sigue siendo la playa perfecta para pasar veranos azules. Sin duda, una de las máximas representantes de la malagueña Costa del Sol. Su acceso, además, es uno de los más bellos de todas las playas españolas, descendiendo los escalones del Boquete de Calahonda. Como en las primeras escenas de la mítica serie televisiva, aún se pueden ver las barquitas de pescadores ancladas en la arena. Por la tarde, tendrás todo el ajetreo que necesites en la Calle Pintada.

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Úbeda, la reina mora

Al ser cruce de caminos entre el centro de la Península y Andalucía, las principales civilizaciones dejaron su huella en la ciudad. Pero, sobre todo, tiene fama de ser uno de los conjuntos renacentistas más fabulosos de Europa, declarado Patrimonio de la Humanidad en julio de 2003. Para admirarlo, basta con acercarse hasta la Plaza Vázquez de Molina, una de las más bellas de España. Allí aguarda un ramillete arquitectónico de lujo: a Sacra Capilla de El Salvador, el Palacio del Deán Ortega, actual Parador de Turismo; el Palacio del Marqués de Mancera; la Iglesia de Santa María de los Reales Alcázares, con fachada renacentista y claustro gótico; la Fuente Renacentista, y el Palacio Juan Vázquez de Molina, también llamado Palacio de la Cadenas actual sede del Ayuntamiento. Todo ello en un marco geográfico bellísimo que se contempla como un lienzo desde el mirador de la calle de San Lorenzo.

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Córdoba, ciudad de las luces antes que París

Córdoba está entre las ciudades más antiguas de Europa. Fundada por los romanos a mediados del siglo II a. de C., vivió su máximo apogeo histórico durante el periodo andalusí. Fue cuando se convirtió en la ciudad más espléndida de Occidente: sus mezquitas, mercados y viviendas seguían un sistema de urbanización único que incluía la iluminación de las calles principales, ¡siete siglos antes que la luz llegara a París! Cualquier visita a Córdoba, debe incluir su prodigiosa Mezquita, construida entre los siglos VIII y XI. Tras la Reconquista, en el centro de la Mezquita se construyó la Catedral cristiana. Detrás de la misma, aguarda el colorido Callejón de las flores. La mezquita-catedral de Córdoba fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 1984, y una década después, el reconocimiento se extendió a la totalidad del centro histórico.

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Dólmenes de Antequera

Fuen en 2016 cuando este paraje natural fue declarado Patrimonio de la Humanidad. En la lista están incluidos los tres monumentos megalíticos (el “tholos” del Romeral y los dólmenes de Menga y Viera) y los parajes naturales próximos de Peña de los Enamorados y el Torcal. 

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Conjuntos monumentales renacentistas de Úbeda y Baeza 

Las pequeñas ciudades de Úbeda y Baeza, de Jaén, fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad en 2003 gracias a su arquitectura, donde destaca la religiosa, que fue exportada al resto de España e Iberoamérica durante el Renacimiento. 

Foto: Gtres

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Catedral, Alcázar y Archivo de Indias de Sevilla 

Testimonios excepcionales de la civilización almohade y de la Sevilla cristiana, la Catedral y el Alcázar de Sevilla son obras maestras de la arquitectura donde el minarete de la Giralda es el protagonista. En el Archivo de Indias se conservan fondos documentales inestimables de las colonias españolas en América. Estos tres edificios fueron declarados Patrimonio de la Humanidad en 1987.

Gtres

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Centro histórico de Córdoba 

La magnífica conservación del centro histórico de Córdoba, en el que se pueden encontrar restos del siglo VIII, cuando se construyeron unas 300 mezquitas e innumerables palacios y edificios públicos, le valió su inclusión en la lista de la Unesco en 1994. Hasta entonces tan sólo la mezquita-catedral formaba parte de esta lista, en la que se incluyó en 1984.

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Alhambra, Generalife y Albaicín de Granada

El magnífico palacio de la Alhambra y los jardines del Generalife fueron declarados Patrimonio de la Humanidad en 1984. Fue diez años después, en 1994 cuando el pintoresco barrio del Albaicín fue incluido en la lista. 

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Tosantos en Cádiz

En Cádiz tiene una forma muy particular de celebrar el 31 de octubre con los Tosantos (y no, no se trata de ninguna errata). Los gaditanos, prácticos y festivos, encontraron una forma muy suya de referirse a  fiesta de Todos los Santos. También debieron pensar que como en España casi cualquier fiesta comienza en los mercados, pues que por qué no llevar la fiesta a los mercados y así fue como comenzaron a disfrazar a los conejos, pescados, cerdos o gallinas de los mercados de la ciudad. Cómo no aprovechan para hacer alguna que otra referencia a políticos de toda ralea o personajes de las revistas del corazón. Por supuesto, el concurso está regulado en diferentes modalidades ya sean los decorados a base de carnes, pescados, frutas o verduras.

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El arte de Granada

La que fuera la capital del reino nazarí (siglos XIII a XV) adquiere una belleza extraordinaria con la luz otoñal. En esta época, la Alhambra luce todavía más majestuosa con las cimas de Sierra Nevada al fondo y los colores del otoño en el paisaje. Además, la ciudad universitaria despierta de su letargo veraniego y el ambiente del barrio del Albaicín es fascinante. Sin duda, un destino ideal para disfrutar de la gastronomía y de la cultura durante en uno de los próximos puentes que tiene el calendario. Prepara aquí una gran visita a Granada.

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Sevilla

La capital andaluza hace tiempo que se sacude de encima los eternos tópicos de Giralda, paseo en calesa, tablao flamenco y tapas turísticas para convertirse en una ciudad de vibrante ritmo urbano. Por ejemplo, vayan a la Isla de la Cartuja para sorprenderse del museo CaixaForum, obra de Vázquez Consuegra que ha recibido Building of the Year Award 2018. Aprovechemos para hacer unas tapas por el cercano barrio de Triana antes de pasarnos por El Barrio más olvidado de las guías turísticas: el Soho Benita; allí está lo novísimo de Sevilla. Imprescindible ver cómo va llegando el atardecer desde las “Setas” de la Plaza de la Encarnación.

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Playa de la Caleta, Cádiz - Muere otro día (James Bond)

¿Cómo rodar una película en La Habana sin pisar Cuba? Fácil: instalando el set de rodaje en Cádiz. El parecido razonable entre ambas ciudades llevó al director Lee Tamahori y a Pierce Brosnan a conocer de primera mano la playa de la Caleta, en Cádiz, de cuyas aguas James Bond vería emerger a Jacinta Johnson –Halle Berry–, su compañera de aventuras en este film. Los castillos de Santa Catalina y San Sebastián delimitan la playa más popular de Cádiz, situada a pie de ciudad.

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El Algarrobico, Almería - Lawrence de Arabia

Lawrence de Arabia –interpretado por el actor Peter O’Toole– cabalga hacia el horizonte levantando una densa nube de polvo en el desierto de… ¿Arabia? No, en la playa del Algarrobico del Parque Natural del Cabo de Gata, Almería. Los alrededores de este gran arenal fueron transformados para dar vida a la ficticia ciudad de Aqaba, que daría lugar a algunas de las escenas más míticas de la historia del cine. Esta playa completamente aislada y virgen es un santuario semi-salvaje de belleza natural

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Playa de Valdevaqueros, Tarifa - El capitán Alatriste

Las aventuras del capitán Alatriste fueron ficcionadas por Arturo Pérez Reverte en una novela y llevadas al cine por Agustín Díaz Yáñez. El famoso actor protagonista, Viggo Mortensen, conoció en primera persona la playa de Valdevaqueros, en la provincia de Cádiz, entre cuyas dunas se rodaron algunas de las escenas. Sus más de cuatro kilómetros de arena por 100 metros de ancho la convierten en un lugar ideal para combatir el calor andaluz del verano. Y si sopla el viento, se convierte también un punto de referencia para los amantes del surf.

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Medina Azahara, Patrimonio de la Humanidad

El yacimiento de Medina Azahara en Córdoba ya es Patrimonio Mundial de la Unesco. “La ciudad brillante” pasa así a sumarse a los lugares de Andalucía reconocidos por la Unesco y coloca a España en el tercer lugar entre los países con más Patrimonios de la Humanidad del mundo, sólo detrás de China e Italia.

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Medina Azahara, el Versalles de Abderramán III

La ciudad fue célebre en su época dada su belleza y ostentación de poder. Abderramán III la mandó construir en 936, escogiendo un lugar privilegiado en el valle del Guadalquivir y a los pies de Sierra Morena. Una vez acabada, la ciudad-palacio fue símbolo del poder de la dinastía de los Omeya.

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Cómo visitar Medina Azahara

A unos seis kilómetros de la capital de Córdoba, la visita al yacimiento de Medina Azahara comienza en el museo diseñado por Nieto Sobejano y premiado con diferentes galardones en el mundo de la arquitectura. Una vez finalizado el paseo por sus salas, seguiremos dos kilómetros más en un autobús lanzadera que nos acerca al recinto de la ciudad. Allí el recorrido puede ser guiado o por libre.

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España

No hace falta viajar muy lejos para recibir un “buenos días” con una sonrisa, aunque en las grandes ciudades cueste encontrarlos. En España, como buen país Mediterráneo, hay muchos lugares hospitalarios. De hecho, los viajeros valoran el sentirse como en casa. La zona del sur se lleva la fama y digamos que la hospitalidad de la gente andaluza es todo un clásico. Pero  también encontraremos buenos anfitriones en el resto del país.

Foto: Turismo de Andalucía

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Playa de Mónsul, Almería

En el Parque Natural de Cabo de Gata se halla esta playa de arena oscura flanqueada por enormes y caprichosas formaciones de roca volcánica. Su peculiar belleza aparece en películas como Indiana Jones y la última cruzada (1989).