Islas Baleares

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Las Salinas d'Es Trenc, Mallorca

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Las Salinas d'Es Trenc, Mallorca

Las Salinas d’Es Trenc es un paisaje del sur de la isla de Mallorca que ha sido modelado durante años por el tiempo, la naturaleza y el hombre. Este circuito de balsas está conectado con el mar por un canal que hace posible la gran concentración de sal perfecta para la fabricación del cloruro sódico. Renovadas a mitad del siglo XX, las técnicas tradicionales han marcado el método de trabajo de la sal, única roca mineral comestible para el hombre.

La sal que se extrae de esta salina se consume casi íntegramente en Mallorca y tiene diversos usos, como descalcificar el agua, curtir pieles, elaborar embutidos o condimentar los platos. El lugar fue declarado Área Natural de Especial Interés paisajístico y rural y cuenta con 1500 hectáreas de las que 3 kilómetros forman parte de la playa de Es Trenc. Hierbas como el cardo marino y zonas como el extenso humedal del Salobrar son de un valor ecológico incalculable para 171 especies de aves que transitan el lugar.

Ses Salines, Ibiza y Formentera

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Ses Salines, Ibiza y Formentera

Declarado parque natural en 2001, el territorio de esta reserva abarca 16.000 hectáreas, la mayor parte de ellas marinas, y ocupa el sur de Ibiza pero también el norte de Formentera y el brazo de mar que las separa. La sal, que se usó como moneda de cambio en algunas épocas, se comenzó a extraer en Ibiza alrededor del año 600 a.C. Aun así, no fue hasta la llegada de los cristianos que se instalaron compuertas, se crearon estanques y se mejoraron las infraestructuras de las salinas.

La sal que se extrae en estas salinas se refina para el consumo doméstico pero también se exporta al natural al norte de Europa, sobre todo a Dinamarca y Portugal, donde se usa principalmente en el salazón del pescado. Los estanques, mayor zona húmeda de las salinas, son un ejemplo de la biodiversidad mediterránea, acogiendo hasta 178 especies de plantas y 210 de aves, que se pueden observar a través de su red de caminos.

Coves del Drac

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CUEVAS DEL DRACH (MALLORCA): Y JULIO VERNE NUNCA ESTUVO AQUÍ

Compuestas por cuatro cuevas unidas entre sí: Negra, Blanca, Luis Salvador y la cueva de los franceses, esta maravilla natural de Manacor, en Mallorca, es uno de las visitas más turísticas de la isla. Fueron creadas en el Mioceno, debido a la entrada del mar que fue creando túneles y galerías subterráneas que ya eran conocidas durante la Edad Media. En el siglo XIX se acondicionó para que pudieran ser visitadas, por lo que se añadió un nuevo acceso, escaleras, un trazado de 1.200 metros y se realizó la instalación eléctrica de la cueva. Hoy, además, la visita permite recorrer el lago Martel, llamado así por su descubridor.

Palma de Mallorca

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La cultura más vibrante

Palma de Mallorca antes era lugar de paso, pero ahora cada vez suceden más cosas en la capital. Junto a la comercial calle Sindicato abren negocios interesantes, hay barberías singulares, cafeterías donde pasar la tarde, restaurantes que le han dado una vuelta a la gastronomía de la isla, arte, mucho arte, galerías y museos, tiendas y hoteles boutique. Y por supuesto, están las playas, pero eso casi que ya es lo de menos. 

Punto de recarga Endesa en Palma de Mallorca: Central Térmica de Ciclo Combinado de Ca's Tresorer, en Camí Fondo s/n

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Sierra de la Tramuntana

Un viento le dio nombre, pero su esencia es pétrea. La sierra de Tramuntana se extiende en la costa occidental de Mallorca como una columna vertebral de la isla: desde Estellenc al Cabo de Formentor, pasando por su punto más alto, el Puig Major, a 1.445 metros. Mientras la mayoría de miradas se dirigen a la costa sur, donde las playas son más dóciles, este paisaje cultural, declarado patrimonio mundial por la Unesco en 2011, se abre como un universo propio en la isla en el que descubrir pueblos bohemios como el Deià de Robert Graves, playas sorprendentes como la cala del Torrent de Pareis, faros o carreteras que por sí solas ya son todo un espectáculo. Aún se siente el eco de personajes míticos como George Sand, Chopin y el archiduque Luis Salvador de Habsburgo, quien puso en primera línea del turismo del S. XIX a la isla de Mallorca.

José Alejandro Adamuz, editor colaborador digital de Viajes National Geographic.

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Menorca

Mahón en el este y Ciutadella en el oeste señalan los dos extremos de esta isla de contrastes, donde las playas tienen un carácter distinto si se hallan en la acantilada costa norte o entre los pinares del sur. Los pueblos se desperdigan como perlas blancas por la costa y el interior rural, moteado de campos y haciendas que elaboran quesos y embutidos sabrosos, crían vacas y caballos que demuestran su porte en los “jaleos” de las fiestas de verano. La cultura talayótica , con sus taulas y navetas de piedra, demuestra que Menorca ya era considerada un enclave ideal hace miles de años. Las actividades en la isla son numerosas y variadas: recorrer a pie o en bicicleta el Camí de Cavalls (el sendero que rodea la isla por la costa), contemplar la puesta de sol desde la Punta Nati o desde el Cap d’Artrutx, practicar el windsurf, navegar en canoa, bucear en la Reserva Marina del Norte, observar aves en la Albufera des Grau… Y lo mejor de todo es que no hay que esperar al verano para disfrutar de todo ello.
 

Sandra Martín, redactora jefe de Viajes National Geographic

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Sa Caleta (el secreto local)

Junto a un nido de ametralladoras y un asentamiento fenicio, la diminuta cala de pescadores de Sa Caleta (no confundir con la rojiza Bol Nou) es una de las postales más bellas de Ibiza, y sin embargo, es muy poco conocida. Abrazada por acantilados y sin arena en la que tumbarse, se trata de un espacio muy singular, ocupado en su totalidad por las tradicionales casetas varadero dispuestas en una media luna encarada a un mar turquesa excepcional. Muy aconsejable para quienes gusten de lo auténtico y, sobre todo, no tengan miedo de meterse en el agua con una zambullida directa.

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Cala Saladeta (si hay ganas de fiesta)

Presididas por Els Amunts, la sierra que vertebra la costa norte, Cala Salada y su hermana cala Saladeta son la postal playera más típica de Ibiza. Pero si la primera es de ambiente familiar, la segunda es para los que les va la marcha. Cala Saladeta es pequeña, por lo que en pleno agosto se pone hasta arriba.  Se llega a ella a través de un sendero con vistas que supera fácilmente un peñón rocoso. Para cuando ambas playas estén colapsadas, existe algo así como la habitación del pánico, pero en playa, algo más al sur, en Punta Galera, donde hay un pequeño embarcadero natural donde poder relajarse con los turquesas del mar.

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Cala d'en Serra (la tranquila)

En agosto en Ibiza suele invadir la misma inquietud, ¿habrá un hueco para la toalla o no? Pero no en las playas que están fuera del mapa turístico habitual, como esta del municipio de San Joan de Labritja. Escondida, pequeña, con la arena gruesa y rocas en la entrada al mar, parece que lo tiene todo en contra, y sin embargo,  el entorno prácticamente virgen, el mar cristalino, las típicas casetas varadero y el estar poco concurrida la hacen ideal para tomarle el pulso por primera vez a la isla. 

 

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Cala d' Hort (la mística)

El Parque Natural de Cala d' Hort, Cap Llentrisca y Sa Talaia justifica por sí solo un viaje playero a Ibiza. Ahí están algunos de los arenales más espectaculares del suroeste ibicenco. Entre ellos, cal d’ Hort. Esta playa de orgulloso pasado hippie tiene un aire místico que haría las delicias del mismísimo Iker Jiménez. Es Vedrà es el islote que se ve desde la orilla. Su magnetismo es evidente. En él pasaba largas estancias el místico Francesc Palau alimentándose a base de huevos de gaviota y agua del mar. Hoy hay algunos restaurantes con vistas donde pasarlo mucho más cómodo.

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Es Figueral (para quienes gustan de tumbona)

En Ibiza, hasta la opción de playa familiar con restaurantes cerca tiene su punto salvaje.  Alejada de Santa Eulalia del Río, con vistas al islote de Tagomago, Es Figueral es la vecina burguesa de Aguas Blancas, pero tiene la misma belleza. Protegida por acantilados, el agua se muestra dócil y poco profunda, por lo que es ideal para empezar con el snorkel o para las primeras brazadas en solitario de los más peques de la familia. Los aficionados a las playas nudistas, tienen su espacio hacia el extremo izquierdo.

 

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Es Cavallet (a todo ambiente)

Ubicada en el interior del Parque Natural de Ses Salines, Es Cavallet es una histórica entre las playas nudistas de la isla. Tal vez fuera porque era poco concurrida, ya que por orientación, en ella acostumbra a soplar viento tierra adentro y con las olas llega gran cantidad de restos de Posidonia que se queda en la orilla. Pero eso no debería ser problema para disfrutar de una de las mejores playas de Islas Baleares, también muy popular entre la comunidad LGBT, que ha hecho del Chiringay su particular lugar de encuentro.

 

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Platges de Comte (universo playero concentrado)

Todo un universo playero por el que navegar a sólo unos 8 kilómetros de Sant Josep. Hace tiempo, estas calas guardaban la esencia hippie de Ibiza, pero estos últimos años, la fama a golpe de redes sociales ha hecho que estén mucho más masificadas. Aún así vale la pena. Nada más llegar, al abrigo del histórico chiringuito Sunset Ashram, hay dos calas que parecen siamesas. Hacia poniente, aparece Racó d’en Xic, tradicionalmente nudista. Caminando hacia Ses Roques, se abren pequeñas calas de roca. Son más incómodas, pero a cambio se gana en tranquilidad. Los atardeceres por aquí son mágicos.

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Es Portitxol (o si no hay ganas de fiesta)

Disfrutar de la esencia Mediterránea sin artificios ni aglomeraciones se paga con un poco de aventura. Y es que no es fácil llegar a Es Portixol, no al menos por tierra. Por eso, este puerto natural de casetas varadero solo está frecuentado por los pescadores de la zona y senderistas que gustan andar por entre acantilados. Tras un descenso de una media hora entre pinos, la posible incomodidad de las rocas y gravas queda sobradamente compensada por la calma y la sensación de absoluta libertad. Hace snorkel aquí es una auténtica delicia.

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Cala Benirrás (para darle al tambor)

Esto es más que un día de playa, Cala Benirrás es toda una experiencia ibicenca. A la belleza de su entorno, hay que añadir su ritual de tambores cuando llega el atardecer. Sobre todo, el domingo, que es cuando más gente se concentra y le da al lugar un ambiente hippie inigualable mientras el sol se va poniendo tras ‘el dedo de Dios’, como se conoce popularmente al Cap Bernat, el singular islote frente a la orilla.

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Es Jondal (o cuando lo que importa es el chiringuito)

Ya era una playa singular, porque tenía más de campesina que marinera. Los pescadores la evitaban porque los bolos y cantos rodados no eran una ayuda precisamente a la hora de sacar las barcas del agua. Pero en los años 80 a alguien se le ocurrió abrir un chiringuito para dar servicio a los barcos que fondeaban de excursión frente a la playa, y desde entonces, Es Jondal es famosa por tener algunos de los  beach club más en forma de cada temporada, como el Blue Marlin o el Tropicana Beach Club.

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Fornell (Menorca)

La costa norte de Menorca es especial, y en él, Fornells destaca. Ya no lo hace sólo porque fuera el lugar donde la familia real prefería comerse la caldereta de marisco, si no porque su belleza de postal no ha pasado desapercibida a las familias. Además de la gastronomía, valoran poder pasar un día playero en las cercanas cala Tirant, Cavalleria o Cala Pregonda, o la oportunidad de pasear por las callejuelas entre casas de fachadas perfectamente pintadas de blanco o caminar al atardecer desde el pueblo a la Torre de Fornells, la singular construcción levantada por los ingleses hace ya un par de siglos que resiste al paso del tiempo.

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Playa de Es Trenc, Campos (Mallorca)

No es una de las playas nudistas menos concurridas, pero sí una de las más paradisíacas. Si ya se está habituado a pasear las desnudeces propias, se puede disfrutar de la arena blanca y fina y de las aguas turquesas de este paraíso próximo a la localidad de Campos, aunque bien podría pasar por una playa del Caribe… En sus tres kilómetros siempre hay espacio para la práctica del nudismo.  

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Cala Presili, Maó (Menorca)

También conocida como Capifort, Cala Presili es junto a su vecina cala Tortuga, una de las playas vírgenes más bellas del parque natural S’Albufera des Graus. Sus dimensiones son pequeñas, apenas 180 metros, pero Cala suele estar poco frecuentada ya que se llega siguiendo parte del Camí de Cavalls que bordea Menorca. Un lugar perfecto para relajarse en contacto con lo mejor del Mediterráneo desnudos y con vistas al bello faro de Favàritx. Eso sí, a poder ser, si es la primera vez que se hace nudismo evitar ir en pleno agosto, que es cuando está más concurrida por 'textiles'.

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Caló des mort (Formentera)

Las Baleares es territorio nudista, pero en Formentera, será por la cultura hippie o porque la naturaleza es lo que pide a veces, lo de ir en cueros ni se cuestiona y se puede hacer nudismo en prácticamente cualquier playa con total tranquilidad. Sin embargo, ésta es la más conocida de todas, tal vez por el talud rocoso que la cobija y por la dificultad del acceso, o por la belleza del entorno donde destacan los tradicionales escars, como se llaman a las típicas casetas de madera que los pescadores.

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Es Trenc, donde vivir, ver y sentir

Esta playa vírgen de Mallorca inspiró con su arena blanca reluciente, el mar turquesa y la fragancia de los pinos al colectivo de artistas Boa Mistura, que pintaron de blanco los búnkers de la II Guerra Mundial que hay en la orilla para escribir en ellos fragmentos de versos del poeta mallorquín Miquel Costa i Llobera. Este paisaje forma parte del espacio natural protegido de la marisma Es Trenc-Salobrar. En uno de los murales se puede leer: 'tan dolç és viure, veure i sentir' (tan dulce es vivir, ver y sentir). El verso se cumple sobre todo con el atardecer, con merecida fama de espectacular. Sin duda, entre las playas de Mallorca, Es Trenc es la más poética.

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Una playa para Julio Verne

Se llega a Sa Calobra y se disfruta de una escénica playa de arena y pequeños guijarros entre cañones, pero lo interesante está un poco más allá. Antes hay que seguir un pequeño paseo que se introduce en al montaña en la forma de una estrecha cueva. Al salir de nuevo al exterior, se abre un majestuoso auditorio entre las paredes del barranco del torrent de Pareis. Esta fascinante playa del norte de Mallorca que se abre paso entre la Serra de Tramuntana (Patrimonio de la Humanidad) es propia de la imaginación de Julio Verne. Al conjunto playero hay que sumar que llegar por carretera es toda una aventura. La MA 2141 es una de las rutas más espectaculares de España.

Sebas Iturralde

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Naveta des Tudons Menorca

Una visita a estas construcciones únicas constituye una experiencia telúrica que nos conecta con lo más primitivo de Menorca.

Foto: FOTOTECA 9 X 12

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Ibiza, perla del Mediterráneo

Cuando dices Ibiza, viene a la mente automáticamente playa y fiestas; pero el verdadero encanto de la ciudad está en la huella aún apreciable que fueron dejado en ella las diferentes civilizaciones que recalaron aquí durante siglos de historia a su paso por el Mediterráneo. Según los historiadores, la ciudad fue fundada en el año 654 a. C. por los fenicios, que vieron en la colina y en la bahía natural la ubicación para su asentamiento. Justamente, cultura y naturaleza fueron los argumentos que valieron para su reconocimiento como Patrimonio de la Humanidad en 1999. El paseo por la capital ibicenca comienza en el puerto, asciende hasta el barrio amurallado de Dalt Vila y culmina en la Catedral (s. XIV-XVIII). Como premio, aguardan algunas de las mejores playas de Islas Baleares a un paso.

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Pipet & Co Café Lab, para almorzar bocadillo de sobrasada con queso

Imposible irse de Mahón sin probar uno de sus embutidos más célebres: la sobrasada. Se ve por todos lados: en puestos de mercado, en tiendas delicatessen, en platos de restaurantes de prestigio y hasta en cafeterías, porque cualquier momento es bueno para comerla. De hecho, incluso a la hora del desayuno o almuerzo. En sitios como Pipet&Co Café Lab lo preparan en bocadillo, untado en sobrasada y acompañado de queso. Puede sonar a desayuno de campeones, pero es que su pan calentito y la sobrasada a medio derretir es demasiada tentación.

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Menorca y el otoño balear

Las bellas calas, la naturaleza y el romanticismo de sus faros hacen de este edén mediterráneo un destino ideal para una escapada otoñal. El clima templado y la menor afluencia de turistas, hacen que sea una delicia disfrutar de Menorca, de una puesta de sol en Faro de Cavallería, o de los yacimientos con vestigios de la cultura Talayótica o del patrimonio histórico de Mahón y Ciutadella. Aquí os contamos todas las claves para disfrutar de Menorca.

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Cala Figuera, Mallorca, España

Tan pequeño como bello, este pequeño puerto se halla en el municipio de Santanyí en el sur de Mallorca. Las aguas profundas de esta cala protegida por altas paredes rocosas son el lugar ideal para guarecer las embarcaciones que vadean en ella. En un extremo se hallan una torre de defensa, la Torre d’en Beu, recientemente restaurada, y un faro. 

Foto: Sa Cova

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Sa Cova, marchando una caldereta de langosta

La caldereta de langosta es uno de los platos más populares de Menorca. Se dice que las mejores se pueden degustar en Ciutadella o Fornells, pero la vida está para romper tópicos y Mahón y sus alrededores tiene unos cuantos restaurantes en los que saborear este guiso caldoso de marineros como se merece. Uno de ellos es Sa Cova, una cueva de pescadores convertida en el restaurante más carismático y singular del hotel Hamilton Menorca. Apenas cuenta con un puñado de mesas para los privilegiados que quieran disfrutar del sabor más genuino de la isla, con el aliciente de hacerlo a solo un par de metros del agua que baña cala Llonga –una de las zonas más exclusivas a este lado de Menorca–. 
 

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Mercado de abastos, perfecto para ir de tapas

Dentro del Mercado del claustro del Carmen, levantado en un edificio del siglo XVIII, están algunas de las mejores tapas de Menorca. Desde las croquetas de sobrasada típica a las croquetas de endibia (no hay que fiarse del nombre, porque en realidad se trata de una especie de buñuelo de escarola rebozada y frita en tamaño XXL) del Refectori, el espacio gastronómico de Es Claustre. Por las noches suelen organizar conciertos y eventos culturales en Sa Terrasa, el espacio central y descubierto del mercado. Hay que estar muy atentos a su programación, porque por aquí han pasado ya desde El Niño de Elche a Ismael Serrano o el carismático Leo Bassi.  

Foto: La Mojigata

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La Mojigata, siempre a punto para un ‘oliaigua’

La Mojigata es una de esas tabernas que tampoco pueden faltar en toda visita gourmet a Mahón. La experiencia va de probar uno de los platos de más tradición familiar y popular: la oliaigua, otro guiso típico, mucho más humilde que la caldereta, pero que también ha contribuido a dar prestigio a la gastronomía de la isla. Dicho de otro modo, se trata de un guiso popular, de cocina de aprovechamiento, que consiste en un caldo cocinado a base de aceite y agua -como su propio nombre indica-, además de otros ingredientes como tomates, cebolla, ajos y pimiento verde. 
 

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El Mercado del Pescado, una lonja para ir a cenar

El Mercado del Pescado es, junto al mercado del Claustre, otra de esas direcciones a tener en cuenta. A un lado, puestos de mercado de toda la vida para comprar pescado recién traído del puerto; y al otro, puestos para probar raciones, frituras y bocados hechos con esos mismos pescados. Un tapeo informal, en versión fría o caliente, con propuestas para elegir que van desde sepia con salsa verde o calamares, a pinchos de gambas o incluso ostras. Eso sí, suele estar a tope, pero eso también forma parte de la gracia.  
 

Foto: Agefotostock

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Es Castell, Menorca, Islas Baleares

Foto: Illes Balears Travel

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“Oliaigua”, la riquísima sopa de verduras de Menorca

Puede parecerte a un gazpacho; pero para nada. El gazpacho es triturado y este plato es una sopa ligeramente pasada por el fuego, que no es cuestión de ponerse a sudar con la cuchara. En Menorca, llaman “oliaigua” a esta tradicional sopa cuyo nombre hace referencia a la mezcla de aceite (“oli”) y agua (“aigua”) con la que se cocina. Pero vaya, no os preocupéis, que se elabora con alguna cosa más, como tomates, cebolla, ajo, pimiento verde. En verano se suele tomar con brevas, higos o melón, y también con pan (en todas las panaderías de la isla venden preparados de pan duro finito).  

Foto: Illes Balears Travel

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"Ensalada pagesa", la estrella gastronómica de Formentera

Esta ensalada nos asegura un bocado refrescante e intenso en Formentera. Es la propuesta estrella en temporada de verano. Tradicionalmente se elabora con patata cocida, verduras de temporada a gusto (pimiento verde, pimiento rojo, cebolla y tomates), huevos duros, pan seco  (en la isla lo llaman bescuit”). Pero el ingrediente estrella es el pescado, también seco (“peix sec”), que se trata de raya secada al sol y conservada en aceite. Si no hay raya, la alternativa son las anchoas o el bacalao desalado; otros ponen atún, pero no es lo mismo.

Foto: Illes Balears Travel | Miguel Duran Perello

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“Trampó”, la perfecta ensalada de Mallorca

 Más que un plato, una delicada obra de arte. Esta ensalada propia de Mallorca es una combinación perfecta de tomate, pimiento verde mallorquín, cebolla mallorquina, aceite y sal. Su nombre le viene del mallorquín “trempar”, que significa aliñar. La receta indica exactamente la proporción de ingredientes: Mucho tomate, poco pimiento y menos cebolla. Como muchas recetas populares, admite otros ingredientes. Así, según el gusto de cada cual puedes encontrar manzanas, aceitunas, patatas, alcaparras o judías hervidas y legumbres. No hay mucho debate porque lo importante es la calidad de los ingredientes básicos y que esté aliñado condimentado con aceite de Mallorca, Denominación de Origen Protegida desde 2002.

Foto: Turismo Ibiza

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El rojo en Ibiza lo pone esta coca de pimientos

Esta receta de Ibiza es muy apañada. Se deja preparada y se come fría como acompañamiento, merienda o aperitivo con un vermut, por ejemplo. Es de esos platos que todavía no sabemos la razón de que sepan mejor de un día para otro. Su ingrediente principal, los pimientos por si no te fijaste en la imagen, deben ser asados a la leña, si no, el sabor no es tan especial. Se le suele añadir pescado típico ibicenco y productos de la tierra.

Foto: Age fotostock

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Playas de Ses illetes, Formentera - Lucía y el sexo

La más pequeña de las Islas Baleares habitadas es un paraíso de aguas transparentes, algo que sabía Julio Médem cuando la escogió en 2001 para rodar Lucía y el sexo, una de sus películas más aclamadas. Lucía –Paz Vega– deambula por una isla soñada reconvertida en un plató al descubierto. La playa de Ses Illetes es un entorno ideal para desconectar bajo el sol junto a una de las aguas más calmadas y limpias del Mediterráneo.  

Foto: Jaume Capellà | Fundació Formentera

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Playa Ses Illetes (Formentera)

Este paraíso de arena blanca y aguas turquesas, en el parque natural de ses Salines, en la isla de Formentera, es del todo excepcional: aparece siempre entre las playas favoritas de Europa por la calidad de sus aguas (gracias a la esencial posidonia) y por la belleza de los paisajes de la zona.

Foto: Fundación Destino Menorca

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3. Macarella y Macarelleta (Islas Baleares)

Al sur de Menorca se encuentran dos de las playa más bellas de las Islas Baleares: Macarelleta y su vecina Macarella (están unidas por un pequeño sendero). Sus aguas claras de color turquesa y la vegetación que las rodea las convierte en auténticos paraísos playeros de Europa, y en las mejores playas de Menorca.

Foto: Agencia de Turismo de Islas Baleares

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Cuevas de Sa Columna (Formentera)

Dentro de una zona de cuevas prehistóricas encontramos esta espectacular caverna de techos de hasta 10 metros de altura, con estalactitas, estalagmitas y columnas enormes y de formas caprichosas. En la zona se encontraron restos de los primeros pobladores de Formentera, entre el 1800 - 2000 a. C. Si buscas qué hacer en Formentera, tienes que saber que, además, desde la caverna se disfruta de uno de los mejores atardeceres de la isla cara al mar.   

Foto: AGE Fotostock

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Cala Pilar, Menorca

Es difícil elegir una de entre todas las maravillosas playas de esta isla tan mediterránea. Cala Pilar está situada en el norte de Menorca, entre las localidades de Ciutadella y Ferrerias y su acceso se debe hacer a pie por un relieve escarpado. Tras la excursión, la gran recompensa: una cala resguarda por rocas de arcilla y arena de tono rojizo. Su apartada ubicación la protege de las masas.

Foto: AGE fotostock

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Ses Illetes, Formentera

La imagen de esta playa nos lleva directamente al paraíso con sus aguas transparentes y su arena blanquísima. Aunque es una de las más concurridas de la isla, conserva toda su belleza.

Foto: AgeFotostock

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Jaleo de Ciutadella

Las fiestas más tradicionales de la isla tienen como protagonista al caballo de raza menorquina. Se organizan en verano en muchas localidades coincidiendo con la festividad del patrón local, aunque sin duda la más emblemática es la de Sant Joan en Ciutadella, cuyo origen se remonta al siglo xiv. El momento culminante llega con el "jaleo", cuando los jinetes exhiben entre el gentío sus habilidades en la doma ecuestre.

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Cala Pregonda

A este rincón intacto del norte de Menorca solo se puede acceder en barco o a pie desde la playa de Binimel·là, por un sendero que bordea la costa. 

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Faro de Cavallería

Los naufragios motivaron que en 1875 se erigiera sobre el cabo homónimo este precioso faro que, además, se puede visitar por dentro, pues acoge una exposición dedicada a los siete faros que existen en la isla.

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La Naveta des Tudons

Este vestigio de la cultura Talayótica próxima a Ciutadella, es el más famoso de los que se conservan y data del siglo XIV a.C., y fue levantado por los primeros habitantes de la isla. 

 

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Cala Macarelleta

Situada en el sur de la isla es, junto a su vecina Macarella (están unidas por un pequeño sendero), una de las playas más fotografiadas de Menorca por sus aguas transparentes. 

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Barrio histórico de Ciutadella

El Ayuntamiento de Ciutadella se alza sobre el puerto, en el barrio histórico amurallado.

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Ses illetes

La pradera sumergida de posidonia, una planta ácuatica, oxigena el mar y favorece la transparencia. Tiene 100.000 años de antigüedad. Con más de 70 kilómetros de litoral y sin grandes elevaciones, Formentera ofrece playas de arena blanca y fina como la de la imagen. Forma parte del Parque Natural de Ses Illetes, que también engloba los islotes que la rodean, los fondos marinos y unas lagunas que son refugio de aves.

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Sant Francesc Xavier

Hasta 1738, la iglesia de Sant Francesc estuvo provista de artillería para protegerse de los piratas. Sant Francesc Xavier, la capital insular, atrae a los visitantes por los restos históricos que salvaguarda. La capilla románica de sa Tanca Vella, construida en 1336, ostenta el título de la más antigua de Formentera.